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Luis Rodrigo
La apelación al cambio fue la primera definición del gobernador Hermes Binner. La formuló luego de jurar ante la Asamblea Legislativa como titular del Poder Ejecutivo provincial.
El ex intendente de la ciudad de Rosario no sólo es el primer dirigente que no proviene del justicialismo que gobierna Santa Fe desde 1983, además es el primer gobernador argentino surgido de las filas del centenario Partido Socialista. Y -en términos más comarcales- es el primer producto político genuino del sur santafesino que accede al poder desde el regreso de la democracia.
Hoy se derrumbaron en Santa Fe varios supuestos que -producto de 24 años y seis gestiones consecutivas del justicialismo- parecían parte inmodificable de la realidad local: el fracaso en términos electorales de los acuerdos políticos construidos mediante frentes pluripartidarios; el carácter pretendidamente invencible del peronismo, con sus constantes habilidades para adaptarse a las reglas electorales (o para adaptarlas); la consecuente imposibilidad de que hubiera alternancia en la provincia; y lo más importante, que ésta y su período de transición se ajustaran a modo racional de convivencia política.
Es curioso: la que parece ser la mejor gestión del justicialismo en la provincia, desde que regresó la democracia, es la que termina por entregar los atributos del mando a un gobernador de otro signo político.
Algo diferente ha sido lo que ocurrió con la ciudad de Santa Fe: el Estado municipal está sumido en una crisis que comprende desde sus números rojos a su funcionamiento más que deficiente. Allí también cambian los roles entre el oficialismo y la oposición, pero la capital provincial no contó con el mismo grado, ni la misma altura de diálogo.
Hoy el intendente Martín Balbarrey aún en funciones no estuvo en los actos y todo indica que no estará esta tarde, a las 18.30, cuando El Litoral esté en la calle y ya haya jurado el intendente Mario Barletta. No es ése un buen signo de convivencia.
Este mediodía, la muy emotiva caminata desde la Legislatura a la Casa Gris, después de la jura del gobernador Hermes Binner y la vicegobernadora Griselda Tessio fue la que durante casi un cuarto de siglo soñaron -unos antes y otros después- los dirigentes de lo que fue el arco opositor compuesto por socialistas, radicales, demoprogresistas y aristas: plena de sol, de gente sin compromisos alentados por el clientelismo, ni la búsqueda de cargos. Hubo unas pocas expresiones de los aparatos partidarios, que -sin bombos ni petardos pero con banderas rojas, rosas y consignas más percusivas, como "Pocho Vive"- se confundieron con el resto de los ciudadanos.
Juramentos
La vicegobernadora Griselda Tessio juró "por la Patria y por su honor", mientras que el gobernador Hermes Binner lo hizo "por la Patria", sujetándose luego a la fórmula de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes.