La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ratificó los ejes del modelo político, social y económico que inició el mandatario saliente, Néstor Kirchner, en un mensaje de 50 minutos que improvisó ante la Asamblea Legislativa reunida en el Congreso.
Después de haber prestado juramento como presidenta, Cristina Fernández hizo hincapié en que el escenario donde asumía "es diferente al de hace cuatro años y medio; el presidente que está sentado a mi lado cambió en estos cuatro años y medio ese escenario", afirmó. En ese marco, tuvo una definición estratégica: "Pueblo y Nación siguen más vigentes que nunca en tiempos de globalización".
Al hablar sobre el nuevo modelo económico que se ha puesto en marcha, la presidenta sostuvo que "es un modelo que reconoce en el trabajo, la producción, la industria y el campo, la fuerza matriz para que millones de argentinos hayan recuperado el trabajo y las ilusiones. Creo -agregó- que debemos superar ese tabú histórico sobre si el modelo es industria o campo. En un modelo de acumulación con inclusión social, campo e industria tienen sinergia", remarcó.
En ese sentido, remarcó que su propuesta de pacto social formulada durante la campaña electoral "no es de precios y salarios; no soy gendarme de la rentabilidad de los empresarios, ni parte de internas sindicales y políticas".
"El acuerdo es de las grandes metas. Luego iremos por sector y actividad, analizando cuándo es más competitivo. Tampoco es casual la decisión de elevar al rango de ministerio a la investigación y la tecnología", sostuvo.
Al respecto, indicó que "se trata de poder sentar las bases de acumulación, para que las elecciones democráticas no signifiquen cada cuatro años cambiar el modelo".
Recordó las madrugadas en el Parlamento cuando "se sancionaba el ajuste permanente, porque `lo pide el FMI, si no se acaba todo', era la frase. Del ajuste permanente en los '90 pasamos al Parlamento que aplaudía el default. Creo que hemos recuperado el equilibrio", afirmó.
"Si en los '90 tuvimos presión sobre el Parlamento de organismos multilaterales y otros argentinos. Los años '80 arrancaron leyes de obediencia debida y punto final por el partido militar", agregó.
Luego, afirmó ante el Congreso Nacional que "los argentinos empezaron a creer en sí mismos" y señaló que "se ha saldado una deuda al darles una Corte Suprema de Justicia que no los avergonzara y que fuera honorable".
"Los argentinos deben volver a sentir a la justicia como un valor reparador y equilibrador. Ahora será imprescindible reconstruir el valor de la seguridad para todos", puntualizó.
De inmediato, abordó la política de derechos humanos del gobierno, al decir que "hemos derribado el muro de la impunidad y decretado la anulación de la obediencia debida y el punto final, hemos aportado a la construcción del sistema democrático". En esa línea, añadió que eso permitió que "en estos cuatro años, estos juicios que han demorado treinta años puedan ser terminados".
"Tenemos la obligación de adoptar los instrumentos que, garantizando derechos que otros no tuvieron, permitan enjuiciar a quienes fueron responsables del mayor genocidio de nuestra historia. Se lo debemos a quienes fueron las víctimas, a sus familiares, a las abuelas, a las madres, a los sobrevivientes que no pueden ser sometidos a la tortura de un relato tragedia, a las Fuerzas Armadas para que de una vez se pueda separar la paja del trigo, y podamos los argentinos mirarnos a la cara", enfatizó.
La presidenta reivindicó el rol de la escuela pública "como eje fundamental de la transformación" y remarcó que ésta permitió "llegar a hijos de trabajadores a la presidencia", en alusión a su caso y el de su esposo.
Se refirió además a la inserción de la Argentina en el mundo y al respecto mencionó el acuerdo firmado ayer en Casa de Gobierno por los presidentes de Bolivia, Ecuador, Brasil, Venezuela y Paraguay que junto con la Argentina dieron nacimiento al Banco del Sur. "Esta es nuestra casa, América Latina, que también tiene nombre de mujer", subrayó.
Abogó por la pronta incorporación de Venezuela al Mercosur, y dirigiéndose al presidente uruguayo Tabaré Vázquez, que se disponía a firmar hoy el acta del Banco del Sur, le recordó el diferendo con Argentina por la pastera de Botnia (ver aparte).
En otra parte del mensaje indicó que quería hacerse "eco del llamado del presidente de Francia, para que colaboremos en la negociación en cuanto a lograr la liberación de Ingrid Bentacourt, cuya madre nos acompaña", dijo en otro momento.
Tras reiterar que la Argentina comprometerá su esfuerzo para lograr la liberación de Ingrid Betancourt, prisionera de las FARC, fijó posición en "la necesidad imperiosa de reconstruir el multilateralismo. Un mundo unilateral es un mundo inseguro e injusto".
Recordó los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA y sostuvo que "nuestra lucha contra el terrorismo global no debe llevarnos a justificar que incurramos en la violación de los derechos humanos".
La flamante presidenta reafirmó "el reclamo indeclinable de nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas" y llamó "al país ocupante a cumplir con el mandato de las Naciones Unidas porque hay una situación de enclave colonial".
Por último, en un emotivo pasaje de su discurso, dijo que toma el "ejemplo no sólo de Eva (Perón), sino de mujeres que con pañuelos blancos se atrevieron y lo hicieron. Madres y abuelas, madres de la patria".
La situación entre Argentina y Uruguay por la instalación de la pastera Botnia en Fray Bentos "no nos es imputable" porque "se ha violado el Tratado del Río Uruguay", sostuvo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Agradeció la presencia del presidente de la República Oriental del Uruguay, el doctor Tabaré Vázquez, y refiriéndose a él, dijo: "Quiero decirle con toda la sinceridad que siempre he tenido en toda mi práctica política que no va a tener de esta presidenta un solo gesto que profundice las diferencias que tenemos".
Pero, "también, con la misma sinceridad quiero decirle que esta situación que hoy atravesamos no nos es imputable porque, más allá de medidas que muchas veces podemos no compartir, lo cierto es que nosotros nos hemos presentado en la Corte Internacional de La Haya porque se ha violado el Tratado del Río Uruguay al instalar las pasteras sin consentimiento".
Entre aplausos, la presidenta continuó: "Éste y no otro es el conflicto. Y resituar el conflicto requiere también un ejercicio de sinceridad por parte de todos nosotros. Que no significa ahondar la diferencia; simplemente, saber cuál es la diferencia, para darle gobernabilidad a ese conflicto.
"Ésta es hoy la situación. Pero sepan, compatriotas de Uruguay, de la Patria Grande, que los sentimos y los vamos a sentir siempre nuestros hermanos; que de esto no haya ninguna duda", concluyó.