ANALISIS
En palabras
Por Emerio Agretti

El discurso de la presidenta cumplió a rajatabla con la consabida premisa de "trazar los lineamientos de la futura gestión". Pero lo hizo cabalmente, de manera exhaustiva, por medio de un extenso y perfectamente hilvanado discurso, que improvisó sin vacilar y que la confirmó como -cuanto menos- una oradora de fuste.

El rosario de definiciones -movilidad social, Nación, igualdad tributaria, educación pública, ecuación energética- no se limitó a la retórica política, sino que remitió a nociones y concepciones de fondo. Y siempre, hizo gala de una cuidada precisión en los términos; en muchos casos llamativos por su contundencia.

Cada palabra de la separata que dedicó a Tabaré Vázquez da muestras de ello; al igual que la acotada enumeración de próceres -Moreno, San Martín y Belgrano, en ese orden y sin etcétera-; la reiteración de la postura sobre Malvinas, pero hablando de "país ocupante" y "enclave colonial"; o la referencia a las oscilaciones entre el "Congreso del ajuste" y "el que aplaudió el default", hasta llegar al "equilibrio" del actual (que le valió a su vez el siempre entusiasta aplauso de los legisladores, muchos de los cuales estuvieron en los tres).

Tanto como en la enumeración, la presidenta fue minuciosa en las omisiones. Por ejemplo, la palabra "inflación" no apareció ni una sola vez en todo el discurso