Con gestos y palabras, la nueva presidenta marcó su lugar
La impronta de Cristina Fernández
Los capítulos que estuvieron parcialmente ausentes en la gestión de Néstor Kirchner y que su sucesora se propone llevar adelante. Los gestos de la la singular jornada de ayer y conceptos que definen políticas. Hugo Moyano, el ausente.

Sergio Serrichio (CMI)

Con palabras, pero también con gestos, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner empezó ayer a darle a su naciente gobierno una impronta conceptual y funcional que lo distinga del de su marido y antecesor, Néstor Kirchner, sin renegar de él.

En su discurso ante la Asamblea Legislativa, la presidenta enumeró los cuatro capítulos fundamentales de su gestión: "Las instituciones, la sociedad, el modelo de acumulación con inclusión social y la inserción en el mundo". Aunque no en la práctica, sí en la formulación, el primero y el último de esos "capítulos" estuvieron ausentes del gobierno de Néstor Kirchner, a quien es difícil imaginar articulando discursivamente sus acciones del modo que ayer expuso su esposa.

Puntualidad, una primera diferencia

En materia de gestos, los deditos de Cristina y sus directivas verbales indicándole a Néstor dónde ubicarse y qué hacer en el acto de traspaso presidencial, la puntualidad y el orden en que se desarrolló el programa de juras, actos y celebraciones, hasta llegar a las reuniones agendadas en la Casa Rosada con el primer ministro francés, Francois Fillón, y la presidenta chilena, Michelle Bachelet, contrastaron con la desgarbada asunción, en mayo de 2003, de Néstor Kirchner, cuya conducta aquel día fue un anticipo del culto por la impuntualidad y desapego a las formas que caracterizarían su gestión.

La sociedad político-conyugal de los Kirchner, las caras del gabinete y el reconocimiento expreso a los méritos del gobierno saliente hacen vislumbrar que ayer se inició uno muy diferente, pero algunos pasajes del discurso marcaron matices y el reconocimiento de cierta tensión de objetivos, por más que Cristina reiteró que no cree "en los triunfos personales y particulares" y que ella asumió, al igual que su marido, "en nombre de un proyecto político".

Tal vez el fragmento más revelador al respecto fue aquel en que la flamante presidenta dijo que el Pacto Social que se propone "no es un acuerdo de precios y salarios", para luego asestar una advertencia a dos puntas. "No vine a convertirme en gendarme de la rentabilidad de los empresarios, olvídense; (y) tampoco a lidiar en internas sindicales o políticas", dijo Cristina. La sonoridad de la frase fue amplificada por la ausencia, tanto en el Congreso como en la Casa Rosada, del secretario general de la CGT, Hugo Moyano. Por otra parte, la afirmación sobre la rentabilidad es curiosa por provenir del kirchnerismo- que gusta hurgar en los costos de las empresas -la especialidad del polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno- y se precia de saber qué son un precio y una ganancia "razonables".

El 18 de setiembre pasado, apenas horas después de prorrogar por decreto y seis años antes de que caduque el régimen de promoción industrial de Tierra del Fuego, estirando su validez hasta el año 2023, el entonces presidente Néstor Kirchner afirmó: "Todos los argentinos tenemos que garantizar que los empresarios tengan rentabilidad".

La inflación, un desafío

Más que un cambio de posición, la (relativa) prescindencia que ayer insinuó Cristina al respecto sugiere un reconocimiento de que las presiones inflacionarias y la próxima pulseada entre empresas y sindicatos son el desafío más difícil de la etapa inicial de su gobierno, que en lo fundamental se definirá en el primer semestre de 2008.

El reconocimiento de las tensiones entre las aspiraciones del campo y la industria y la necesidad de resolver la "matriz energética" (objetivo que relacionó con el ingreso de Venezuela al Mercosur) fueron otros pasajes del discurso que apuntaron más a problemas pendientes de solución que a logros de la gestión de su marido.

Por lo demás, las palabras de Cristina recorrieron estaciones previsibles, como la reivindicación de la nueva Corte Suprema de Justicia, la determinación de avanzar en otros niveles de la reforma judicial y el enjuiciamiento al terrorismo de Estado, aunque con un mayor énfasis en la dimensión internacional de la defensa de los derechos humanos (condena al terrorismo e involucramiento en las gestiones para lograr la liberación de la ex candidata presidencial colombiana Ingrid Betancourt, hace varios años cautiva de la guerrilla colombiana). Más previsible fue la reafirmación de la soberanía argentina sobre Malvinas y menos el reproche público -disfrazado de gesto pacificador- al presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, por violar -con la autorización a la pastera de Botnia- el tratado del río Uruguay.

Además de afrontarlas con puntualidad, las reuniones de Cristina con Fillón y Bachelet le sirvieron para completar una jornada en la que, además de los fastos y las emociones, la nueva presidenta buscó marcar precisamente eso: que la presidenta ahora es ella.

La agenda bilateral de Cristina

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguró ayer mismo su gestión al frente del Ejecutivo Nacional con un encuentro con el primer ministro francés, Francois Fillon, y con la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, en el despacho principal de la Casa de Gobierno.

El premier francés llegó al encuentro acompañado por el embajador de Francia en Buenos Aires, Frédéric Baleine du Laurens, y la mesa se completó con el canciller argentino, Jorge Taiana, y el recientemente designado embajador en Francia, el empresario de la automotriz Peugeot, Luis Ureta Sáenz Peña.

La bilateral se prolongó poco menos de una hora y circuló en torno a la negociación de la deuda argentina con el Club de París y los esfuerzos del Palacio Elíseo por rescatar a la ex candidata presidencial franco-colombiana secuestrada por la guerrilla, Ingrid Betancourt, destacaron fuentes oficiales.

En el caso de la mandataria chilena, llegó acompañada por el canciller Alejandro Foxley y una delegación de políticos trasandinos, entre los que se encontraba el titular del Partido Comunista, Guillermo Teillier, y referentes de la Democracia Cristiana y la Unión Demócrata Independiente.

Por el lado argentino, acompañaron a Cristina, en su primera jornada como presidenta, el canciller Taiana y el ministro de Salud saliente, Ginés González García, designado embajador en Chile.

Los términos de la reunión con Bachelet no trascendieron, pero algunas fuentes no oficiales especularon sobre la posibilidad de un diálogo informal acerca de la experiencia de la presidenta chilena al frente del Ejecutivo.

Con el príncipe de Asturias

Para hoy la esperaba una cargada agenda de encuentros bilaterales con los mandatarios invitados, que comenzó a las 11 con el príncipe español Felipe de Asturias y continuó con el presidente colombiano, Alvaro Uribe; la gobernadora de Canadá, Micha�lle Jean, y el venezolano, Hugo Chávez.

Por la tarde, se esperan más reuniones con mandatarios y representaciones extranjeras, entre ellas, el presidente de la República Federativa del Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva; el presidente de Ecuador, Rafael Correa y, posiblemente, Dominique Strauss Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional.

Según se estima en Casa de Gobierno, la presidenta imprimirá una dinámica de "mucho ritmo" a su agenda, tal como se percibe en la organización de los encuentros bilaterales con presidentes extranjeros.

Festival de la Democracia

La presidenta Cristina Fernández finalizó la jornada de asunción cantando con Mercedes Sosa y Alejandro Lerner, entre otros, en el marco del Festival de la Democracia que se realizó en la Plaza de Mayo, ante una multitud de militantes peronistas. La presidenta subió al escenario en medio de una lluvia de papelitos junto a su marido y antecesor Néstor Kirchner y sus dos hijos Florencia y Máximo, desde donde saludó y se abrazó con la artista tucumana y el laureado músico y productor Gustavo Santaolalla, mientras sonaban las primeras estrofas de "Sólo le pido a Dios".