El gobernador Hermes Binner inauguró su gestión al frente de la provincia, a partir de dos líneas de acción: anunció una inversión de 30 millones de pesos para la recuperación edilicia de las escuelas y puso en funciones a los directorios de las empresas de energía y de servicios de agua y cloaca, respectivamente. En estos últimos actos, los funcionarios entrantes advirtieron sobre las consecuencias de la falta de energía en el país -la EPE es distribuidora pero no generadora- y lo hicieron con un discurso unificado sobre la posibilidad de cortes de luz, y que a partir de ellos el servicio de provisión de agua se vería también afectado. Los presidentes de ambos directorios hablaron crudamente de un tema nunca reconocido por el gobierno de Néstor Kirchner y tampoco por su sucesora, Cristina Fernández: la crisis del sector energético.
Su solución a nivel nacional encierra no sólo complejidades técnicas sino también inversiones, a lo que se suma que la Argentina es importadora de gas de Bolivia -país que está viviendo una situación institucional crítica- y fueloil de terceros países como Venezuela, para hacer funcionar las centrales termoeléctricas.
El gobierno de Binner ha buscado, en una de las primeras apariciones públicas, dejar planteada una realidad que, con mayor o menor extensión, se vivirá en el territorio. Antes de asumir, el gobernador había remarcado tanto la intención de impulsar alguna generación en la provincia -que complemente la energía eléctrica aprovisionada por el Sistema Nacional Integrado- como la creación de una Secretaría de Energía, que posibilite una planificación totalizadora y un abordaje más completo de la administración eficiente de las distintas fuentes.
Al igual que en otros temas, las soluciones no dependen sólo de decisiones políticas sino del soporte técnico que éstas posean. Mucho se ha anunciado en los años anteriores en cuanto a la disposición de los recursos energéticos -hubo discursos que hasta daban por descontada la construcción del Gasoducto del Noroeste que desde Bolivia traería el gas al norte provincial-, en tanto y en cuanto en la Argentina ha crecido el consumo industrial, comercial y residencial.
A esta altura ya se sabe que ningún funcionario dice lo que Binner no quiere que diga. Con las advertencias realizadas, �el nuevo gobierno ha buscado abrir un paraguas para no tener que asumir reclamos futuros, o va más allá y quiere realmente procurar una matriz propia que complemente la generación energética nacional? Lo segundo sería lo deseable, y hay capacidad técnica en la zona para aportar ideas y, eventualmente, participación en las soluciones.
Hace tiempo un ex ministro que en mandatos distintos ocupó las carteras de Hacienda y de Educación, Daniel Germano, comentó a esta periodista que la recuperación de la autoestima del docente, de su dignidad y su lugar protagónico en la trama social no sólo dependía de aumentarle el haber salarial, como era necesario. Germano indicaba que era fundamental que se mejoraran las condiciones laborales y en este punto hacía hincapié en el estado de confort de las escuelas. Él había estado en el MEC en simultáneo con la crisis financiera nacional de 2002/2003 y en ese pensar en voz alta, se advertía como una pena por no haber podido concretar este aspecto que señalaba como básico.
Hermes Binner, en su discurso ante la Asamblea Legislativa, convocó a la comunidad para contribuir con ese bien público que es la escuela. Lo hizo invitando hasta a los abuelos de los chicos a involucrarse en el funcionamiento de estos establecimientos, formadores de la personalidad de los niños y de los jóvenes. El lenguaje y énfasis puesto en su alocución no dejó de llamar la atención porque, generalmente, en estos discursos ante las Cámaras legislativas se abordan temas que, institucionalmente, parecen tener más envergadura.
Pero Binner dejó planteada así, con una manera simple y convocante, la invitación a que padres y familiares volvieran sus ojos hacia el lugar que ocupa la escuela en la vida de una persona. Actualmente, los colegios deben reemplazar procesos educativos que en otras épocas eran asumidos sólo por los hogares; la escuela se ha convertido en la socializadora del niño y del joven.
La sociedad -que persiste en no querer ver las señales de auxilio que con sus conductas envían los menores- debe volver la atención hacia esos centros básicos de la organización social: primero, la familia (a la que hay que apuntalar con acciones concretas para que pueda desenvolverse como tal) y luego la educación, pasaporte inequívoco de movilidad social y de acceso al mundo del conocimiento y del trabajo.
Otra arista que sobresalió en la semana fue la reunión que en el Ministerio de la Producción tuvo lugar entre las asociaciones de productores lácteos y las industrias del sector, a propósito de la decisión nacional de un pago menor al tambero por la leche.
El gobierno quiso inaugurar de esta manera el trabajo por cadena de valor. Logró una tregua en los piquetes que venían haciendo los tamberos ante las fábricas -no les permitían la salida de los camiones con los productos para la exportación y el consumo interno- y éstas se comprometieron a volver a la banda de precios que se abonaban antes de la intervención del secretario de Comercio de la Nación, Guillermo Moreno.
Hubo llamadas del gobierno provincial a Buenos Aires, posiblemente algunos guiños para que se acordara transitoriamente lo resuelto, pero resta que la Nación apruebe públicamente el consenso alcanzado. Porque cabe recordar que la contrapartida de la medida de Moreno era la de no autorizar nuevas exportaciones a aquellas firmas que abonaran más de 73 centavos la leche al productor. Estamos, entonces, ante un impasse hasta que se concreten las nuevas reuniones en Buenos Aires y Santa Fe, previstas para la semana próxima.