Cartas a la dirección

El legado de los próceres

Señores directores: Un día, apareció en este planeta la primera manifestación de la especie homínida. Por sus habilidades particulares y luego de incursionar en aspectos primarios relacionados con su subsistencia y la de su prole, se aventuró en procesos más complejos y trascendentales como el arte, las ciencias, el diseño de reglas de comunicación y convivencia en su tribu o sociedad, etcétera. Al establecer modalidades para la vida en comunidad, por ahí alguien formuló: "El vivo vive del sonso y el sonso de su trabajo". De ahí derivaron reinados y monarquías, feudos y dictaduras, imperios y dedocracias. Intuyo que dedocracia debe tener algo que ver con demagogia, que significa "dominación de la plebe", pariente cercano del "clientelismo político". Felizmente, en estos tiempos del evolucionado homo sapiens-sapiens, existe la democracia, o sea: la forma de gobierno en la cual es el pueblo el que ejerce la soberanía.

Ahora bien, si es el pueblo el que trabaja y el que trabaja es un sonso, �cómo puede ser que la Nación llegue a consumar su anhelado destino de grandeza por vía de la voluntad popular? �De la voluntad popular de qué estrato social?

Las clases menos aventajadas o carecientes constituyen el sector de mayor crecimiento demográfico en condiciones paupérrimas; consecuentemente, no aportan al erario público por bienes personales, o por ganancias, sino que deben ser subsidiadas.

Las clases aventajadas -productivas y/o acomodadas- están demasiado bien como para preocuparse por cambiar un status quo que les favorece, con excepciones, claro.

Queda la clase media, cada vez más sumida en la inseguridad social y jurídica; cada vez más reducida en cantidad, por voluntario autocontrol reproductivo, y en calidad, por el agobio de la desesperanza resultante del desorden y de tantas promesas políticas incumplidas; por la sensación de impotencia y soledad en medio de una masa de habitantes cada vez mas próximos (por apretujamiento) pero menos prójimos por solidaridad de especie y vecindad territorial.

No obstante, más allá de la desazón, justificable por estos tiempos borrascosos, los ciudadanos debemos recordar que la vida es una cuestión de actitud. Podemos optar por claudicar, a favor de un futuro peor, miserable y mediocre, o por sacar fuerzas de flaquezas y arremeter en pos del ideal de construir codo a codo y por consenso, una Nación digna, libre, justa y soberana, disfrutando por cada gota de transpiración invertida en el honroso intento de alcanzar la gloria.

Los próceres, que lucharon primero hasta lograr la independencia de toda dominación extranjera y los que luego intentaron la organización interna, aún no finita, nos legaron un paradigma que los ciudadanos argentinos de hoy y de siempre deberíamos emular. "Coronados de gloria vivamos, o juremos con gloria morir".

Ercilio J. M. Rudi.

DNI: 6.259.695.