El federalismo en el mundo

Miguel Angel Asensio

Al menos dos órdenes de gobierno, constituciones escritas, una segunda cámara legislativa, reglas comunes y de autogobierno, descentralización, competencias en materia de funciones y recursos, mecanismos de relacionamiento intergubernamental, procedimientos judiciales de revisión de conflictos entre esferas de gobierno, presencia de autonomía y responsabilidad ante electorados identificables. Reconocidos atributos del federalismo fueron evocados una vez más en un imponente ámbito.

Como hace dos años en Brusela -sede de la Unión Europea- se reunieron importantes referentes de naciones federales en Nueva Delhi, República de la India. En la segunda nación más poblada de la tierra fue posible ser testigo, en el impresionante hemiciclo del Centro de Convenciones de Vigyan Bavhan, de la multitudinaria Conferencia Internacional de Federalismo, organizada por el Gobierno de la India, con apoyo del Foro de Federaciones.

Estuvieron el Primer Ministro y Presidenta de la India, Manmohan Singh y Pratibha Patil, respectivamente; la Presidenta de Suiza, la Presidenta del Consejo de Gabinete de Canadá, la Vicepresidenta de Austria y el Presidente de Nigeria, junto a académicos como la española Teresa García Milá o el alemán Lars Feld, expertos como el brasileño Fernando Rezende y el canadiense Ronald Watts. Plantearon un espectro donde la combinación de las visiones políticas, institucionales, técnicas y académicas del federalismo se entrecruzaron bajo el sugerente lema de "Unidad y diversidad: aprendiendo de cada uno".

En la nación del Ganges, el tigre de Bengala, el noble elefante y el majestuoso Taj Mahal, es sin duda propio hablar de unidad con diversidad, uno de los atributos históricos esenciales a los federalismos. La India tiene más de mil millones de habitantes, hay 22 lenguas reconocidas en la Constitución, además de 1.600 dialectos en uso, con una pluralidad de religiones presentes. Desde las montañas de Cachemira, los desiertos de Rajasthan o las junglas y bosques del Noreste, los habitantes de ese subcontinente expresan su asombrosa variedad de culturas, asociadas en la unidad de la república democrática federativa.

India obtuvo su independencia de Gran Bretaña en 1947 y se autodefine como la democracia más grande del mundo. Se agrupa en 28 Estados, contiene enormes centros urbanos y distritos rurales con mecanismos de autogobierno, lo que genera un amplísimo colectivo de representantes con una considerable participación de mujeres.

Las naciones federales comprenden 28 países que concentran el 40% de la población mundial, incluidos los más grandes (Estados Unidos, Rusia, Canadá, Australia, Brasil, India, Argentina, Alemania). Entre ellos ubicamos las construcciones nacionales con autonomía y diversidad, el federalismo fiscal y la equidad regional, las dinámicas e interacciones institucionales, los gobiernos locales y grandes aglomerados.

Estos ejes temáticos se reflejan en distintas trayectorias y experiencias. La de Estados Unidos se remonta a 1789, la de Suiza a 1848, la de Argentina a 1853, el Canadá alcanzó status federal en 1867, Australia en 1901 y Alemania en 1949, como producto de posguerra.

Hay dos formatos convencionales para la generación de los federalismos modernos. Uno es el de la vía centrípeta, cuando desde varias unidades preexistentes se da nacimiento a otra mayor. El otro es la centrífuga, cuando desde un antiguo esquema unitario se genera una descentralización "empoderando" unidades en la periferia.

En el universo "gandhiano", la arquitectura federal implica la constitución de numerosas unidades de autogobierno, bajo la idea de un federalismo reflejado en círculos concéntricos, basados en las raíces, donde la federación es el más externo y nunca puede resultar opresor de los interiores.

Las virtudes del federalismo como formato político-institucional en la conciliación de diversidades, si bien relevante en el caso del anfitrión, es importante en otros continentes. En la misma Europa abarca las pluralidades religiosas, lingüísticas y culturales de Suiza (su Presidenta disertó en francés y en su país también se habla alemán e italiano), se extiende al mosaico de Nigeria en África y expresa el más conocido caso canadiense en América.

Se aludió también a las importantes "asimetrías federativas" que reflejan otro tipo de desequilibrios en las federaciones. Ellas ponen a menudo en tensión los sistemas de relacionamiento entre actores de un sistema que articula la distribución territorial del poder en ámbitos que registran desbalances regionales, económicos y demográficos.

Lo anterior nos trae inevitablemente a la dimensión económica del federalismo, que preciso es consignarlo, es más amplia y envuelve a la financiera o fiscal. Los llamados desequilibrios horizontales o interregionales son el antecedente de capacidades distintas en materia fiscal y se emparentan con tradiciones interestaduales más o menos balanceadas, por un lado, o de hegemonismos o predominios de provincias o estados particulares sobre los otros.

Los problemas de equidad interjurisdiccional, entonces, serían examinados de nuevo a la luz de evoluciones recientes. La excedentaria Baviera o el próspero Flandes actuales, no olvidan su carácter de regiones rezagadas de otrora. Tampoco los alemanes del oeste el costo que la integración de los Lander del este han representado para el conjunto, afectando el cumplimiento de las reglas de Maastricht.

Desde una perspectiva argentina fue importante tomar nota que ciertas figuras tributarias puede ofrecer potencialidades pero al mismo tiempo deben ser consideradas con manifiesta cautela. Casos como los de Canadá Australia e India se confrontaron con el de Brasil. De igual modo, se concluyó que normas específicas de interrelación o coordinación fiscal pueden resultar adecuadas para obtener resultados agregados pero al mismo tiempo incorporar aspectos capaces de erosionar la autonomía de los gobiernos subnacionales.

Hubo espacio para examinar los procedimientos de resolución de conflictos interfederativos (Cortes, Tribunales y otros), cuestiones ligadas a la obligación de rendir cuentas y vigencia de mecanismos de transparencia (hace tiempo expresadas en controles y evaluaciones mucho más amplias que los meros controles de legalidad).

Una vez más se hizo claro que la descentralización no suele ir siempre de la mano con el federalismo, en la medida que se observan estados no federales que pueden ser más descentralizados que federaciones centralistas. También que son distintas las descentralizaciones efectivas de las efectistas. Junto a ello, la importancia de identificar los espacios institucionales donde se deposita la voz y representación de las provincias, estados o regiones, donde además del ámbito esencial y tradicional de las Cámaras Altas o Senados, aparecen otros, como los Gabinetes Gubernamentales.

En síntesis se puso de manifiesto la importancia asignada al federalismo a escala mundial, tanto en sus posibilidades, como en sus riesgos y desafíos. Se reiteró su conformación como proceso de construcción continua sobre ejes básicos capaces de receptar una saludable plasticidad y dinámica que no los transformen en figuras esclerosadas ajenas al cambio. Bien instrumentado, el federalismo debe transformarse en una práctica de buen gobierno o mejor "gobernanza". Las reflexiones para Argentina, pueden encontrar espacios comparativos útiles entre tales conceptos.