Un ex represor condenado el martes a 25 años de prisión por crímenes en la dictadura, murió en un hospital castrense de Buenos Aires, diez días después de que otro ex militar encausado por violaciones a los derechos humanos falleciera al ingerir cianuro.
Santiago Hoya, de 83 años y ex integrante del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, apareció muerto ayer en el Hospital Militar de Buenos Aires, donde fue internado para realizarse estudios médicos, y su deceso se debió a un ataque cardíaco, dijo una fuente militar a la prensa.
El juez federal Ariel Lijo había condenado a Hoya junto con otros siete ex militares, entre ellos el ex jefe del Ejército, Cristino Nicolaides, a penas de entre 20 y 25 años de prisión por violaciones a los derechos humanos durante el régimen castrense.
El magistrado ordenó la realización de una autopsia para determinar las causas de la muerte de Hoya, quien no presenció su condena y hasta la semana pasada cumplía prisión preventiva en su casa de Mar del Plata.
El juez quiere eliminar cualquier sospecha de que la muerte no haya sido por causas naturales, luego de que falleciera envenenado con cianuro el ex represor Héctor Febres, tres días antes de que se conociera la sentencia en un juicio que se le seguía por secuestros y torturas a prisioneros.
Febres (65 años) fue hallado muerto el 10 de diciembre dentro de su celda en una guarnición de la Prefectura Naval (policía guardacostas), fuerza a la que pertenecía, en un hecho que está siendo investigado por la Justicia.
Tras la muerte de Febres, un juez federal ordenó que ex represores de la marina sean trasladados de las guarniciones militares donde están detenidos a cárceles comunes, un viejo reclamo de los organismos de derechos humanos.
El gobierno argentino interpretó la muerte de Febres como un mensaje de fuerzas represivas residuales para frenar los juicios que involucran a casi un millar de militares y policías, reactivados desde que la Corte Suprema de Justicia derogó en 2005 las leyes de amnistía.