Cada vez hay más consultas en los hospitales
La obesidad se revierte cambiando los hábitos
Los kilos de más aumentan las probabilidades de tener un accidente cardiovascular o un infarto agudo de miocardio. También pueden generar enfermedades neurológicas y renales. Lo más importante es iniciar un plan de nutrición equilibrado y modificar la forma de alimentarse.

A Ernesto le cuesta acarrear los cajones de verdura en el mercado. Inés sufre intensos dolores en sus piernas. Juan necesita ayuda para subir al colectivo. Y Clara no encuentra ropa moderna que no luzca apretada en su figura engrosada por la mala alimentación y la vida sedentaria. Los cuatro comparten una enfermedad que afecta la vida cotidiana de muchos pobladores locales y de miles de argentinos.

La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del Ministerio de Salud y Ambiente -publicada en 2006- arrojó que 16,8% de los santafesinos son obesos y el 52,1% está excedido de peso. Estos índices posicionan a la provincia dos y tres puntos por encima de la media del país.

Chicos, adultos, ancianos, con bolsillos menguados o billeteras abultadas padecen por igual las consecuencias de una enfermedad que la Organización Mundial de la Salud califica como una "epidemia" que crece, una dolencia no transmisible que se convirtió en un problema sanitario internacional, posicionándose como la segunda causa de comorbilidad prevenible junto al tabaquismo.

Cada vez son más las mujeres y hombres que se acercan a los efectores de salud públicos para revertir sus cuadros de obesidad (y patologías asociadas) o sobrepeso, primer estadío de la enfermedad. Y la motivación principal, antes que la estética, es mejorar la calidad de vida y sentirse saludable.

Los parámetros internacionales que se utilizan para dar un primer diagnóstico es el Índice de Masa Corporal, que se obtiene al dividir el peso por la altura al cuadrado. Un IMC igual o superior a 25 es sobrepeso, por encima de 30 obesidad y por arriba de 41 obesidad mórbida.

Consecuencias

En el consultorio de Factores de Riesgo del Hospital José María Cullen el movimiento es incesante. Comienza a las 6.30 de la mañana y se prolonga muchas veces hasta el mediodía. En promedio atienden 20 pacientes por día, muchos de ellos con sobrepeso u obesidad.

El centímetro, el tensiómetro y la balanza están siempre al alcance de la mano. No sólo se evalúan los kilos que pierde la persona sino los centímetros de cintura y cuello que reduce.

En el nosocomio tienen 1.700 pacientes con sobrepeso y obesidad en seguimiento. "Nos ocupamos de la población que tiene un IMC de hasta 41 y tratamos de que no tengan eventos cardiovasculares, neurológicos ni complicaciones de riñón", comentó la Dra. Alejandra Gaydou.

La obesidad -y el sobrepeso como primer estadío- puede desencadenarse por factores biológicos, socioculturales y psicológicos. Lo importante es no dejar que la grasa se siga acumulando y revertir la situación para evitar las consecuencias de la enfermedad.

"Cuando una persona salta tres kilos por encima de su peso ya se desencadenan algunas complicaciones que van perpetuándose; se generan respuestas inadecuadas del endotelio y se van haciendo depósitos de grasa en distintos lugares del cuerpo", sostuvo Gaydou.

Un perímetro abdominal mayor de 80 en la mujer y de 88 en el hombre es un indicador que "predispone a una mayor posibilidad de accidentes cardiovasculares y de infarto agudo de miocardio". Y una circunferencia de cuello superior a 32 en las mujeres y a 40 en los hombres disminuye la oxigenación durante el sueño (apnea) y puede generar hipertensión. Entre las complicaciones más severas que desencadena la obesidad también figuran las enfermedades neurológicas y renales.

Más problemas

Las personas que se acercan para realizar un tratamiento por sobrepeso y obesidad a los hospitales Cullen e Iturraspe lo hacen más por una cuestión de salud que de estética. Pero también "viene gente preocupada porque ha perdido el trabajo, porque ya no lo puede hacer más o porque le piden que baje de peso", comentó el asistente social Gustavo Papili, del Comité de Obesidad del Hospital Iturraspe.

La obesidad afecta el funcionamiento de los órganos pero también genera "problemas posturales, dolor de espalda y articulares, de rodillas, pies y cadera", sostuvo el kinesiólogo Lucio Retamoso, quien dos veces por semana realiza con sus pacientes rutinas aeróbicas y localizadas en el Iturraspe.

Educación alimentaria

En los hospitales Cullen e Iturraspe, trabajan sobre una misma premisa: la educación alimentaria. El objetivo final es "tratar de cambiar su forma de comer, trabajar y organizarse. Ahí está la clave", sostuvo Gaydou.

"Trabajamos sobre temas de ingesta de líquidos, fraccionamiento de las comidas y la importancia de elegir bien aquello que se va a comer", explicó Alicia Zurbriggen, nutricionista e integrante del Comité de Obesidad del hospital Iturraspe.

En este último nosocomio, la guía alimentaria de los nutricionistas incluye lácteos descremados, carnes magras, frutas y verduras y un mínimo de cereales. Pero "no es rígida". "La base es la educación alimentaria, el poder adaptarse y aprender a comer. Sumar calidad de vida y cambiar los hábitos. Y que den un mensaje también a su familia, a sus amigos y a su entorno, que cambien las conductas y les enseñen a sus hijos a comer bien", sostuvo Zurbriggen.

En el Iturraspe, una vez por mes realizan talleres de nutrición, donde se habla de productos dietéticos, de las ventajas de hidratarse bien y de la alimentación cuando uno pasa mucho tiempo fuera del hogar. "Tratamos de adecuarlo a lo cotidiano, de manejarlo con la integración de los familiares, de los amigos, del trabajo; de que sea lo más realista posible", sostuvo.

"Cuando se hacen los talleres, intentamos que venga la pareja, que se incorpore algún referente afectivo de la persona que lo acompañe en esta enfermedad crónica que es la obesidad", explicó Gustavo Papili, asistente social e integrante del Comité.

Romper con la pasividad, levantarse de la silla más a menudo y encarar actividad física es tan importante como la dieta para eliminar los kilos de más.

En el Iturraspe, las personas en tratamiento tienen un plan de actividades físicas, aeróbicas y localizadas coordinadas por un kinesiólogo y un programa de recomendaciones para realizar ejercicios en casa.

En el Cullen también ponen el acento en este tema: "Le insistimos a la gente que se baje 10 cuadras antes del trabajo y camine o que, cuando llegue a la casa, haga 10 abdominales antes de bañarse. Aunque no sea lo ideal, es mejor que nada porque esto modifica la conducta", sostuvo Gaydou.

Impactos de vida

Las causas genéticas son sólo uno de los factores que pueden desencadenar el sobrepeso o la obesidad. Pero lo emocional también cuenta. El nombre científico es Síndrome de Estrés Postraumático y se desata por múltiples causas: la pérdida de la estabilidad económica, un accidente, una muerte.

"Estas situaciones desencadenan una reacción en el organismo. Nosotros aprendimos esto en la catástrofe de 2003. La población que se atiende en el Cullen es mayoritariamente la que habita en la franja afectada por la inundación. Teníamos gente que venía muy bien controlada durante 10 años y en dos meses subió 40 kilos, sus valores de colesterol se fueron al doble, tuvieron eventos cardiovasculares, suicidios. No podemos atribuirlos directamente a la inundación porque hay muchas variables. Pero es una observación", comentó Gaydou, quien refirió que 700 pacientes sufrieron algún desequilibrio físico.

"La depresión, el sedentarismo, la falta de ánimos para hacer un montón de actividades lleva al paciente a que descargue sus problemas mediante la alimentación, que no es más que un parche o un problema más de fondo vinculado, a veces, a cuestiones emocionales", sostuvo Soledad Marín, psicóloga e integrante del Comité de Obesidad del Iturraspe.

La profesional sostuvo que la mirada del otro y la "discriminación" pueden generar situaciones de aislamiento. Las personas obesas suelen ser "retraídas, aisladas, con pobres vínculos sociales, muy dependientes e introvertidas".