TEMA CENTRAL / CELEBRACIONES
Una tradición que se transforma para perdurar
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La Navidad. En las distintas edades del tiempo y en las más diversas culturas, el nacimiento del Niño Jesús tuvo distintas fechas, creencias y ritos. Pero lo cierto es que todavía hoy representa una de las fechas que sigue tan vital como antiguamente. textos de Graciela Daneri.

La Navidad es una de las principales fiestas del año y ella nos lleva hasta la Epifanía, o sea la llegada de los Reyes Magos, como la conocemos entre nosotros. Es una celebración perteneciente al año litúrgico cristiano, donde recordamos el nacimiento del Niño Jesús. Pero esto sucede en Occidente el 25 de diciembre, mientras que los cristianos de Oriente recuerdan el nacimiento el 6 de enero.

Pero desde épocas antiquísimas, en la tradición popular estas fiestas se relacionaban con el mundo rural, con costumbres campesinas, pues con el solsticio del invierno boreal se cerraba un ciclo en los cultivos y se abría uno nuevo. Por ejemplo, los celtas festejaban el solsticio de invierno; en tanto, los antiguos romanos celebraban el Dies Natalis Invicti Solis, el día más oscuro del año, pero también el que marcaba el ascenso de la luz.

En la antigua Roma se celebraban las saturnales en honor del dios pagano de la agricultura, Saturno, entre el 17 y el 24, oportunidad en la que se realizaban banquetes y se intercambiaban regalos.

Por su parte, el emperador Aureliano estableció que el 25 de diciembre se honrase al Sol y se quemaran maderas de roble y, según cómo éstas ardían, ellos leían el presagio para el año por venir. Como apreciamos, desde épocas remotas se viene haciendo futurología, cosa que aún hoy perdura, como en la política (aunque muchos lo niegan, pero lo hacen al prometer utopías). Además, el día anterior, o sea el 24, se constituía en un día de ayuno en el que la gente se preparaba para la gran comida del 25.

Nuevas luces y colores

Hoy, aquella madera quemada se ha transformado en las luces y velitas que adornan las casas y las calles (pero sin hacer presagios de futuro). Vemos así cómo las tradiciones paganas y populares se fueron transformando y con el correr del tiempo el Cristianismo las impregnó de un nuevo y salvífico sentido, dando su origen a la Navidad como hoy la conocemos.

Ya más cercanos en los tiempos, fueron los evangelios de Mateo y de Lucas los que determinaron al 25 de diciembre como fecha de la Navidad, finalmente reconocida en el año 345, a instancias de San Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno, quienes proclamaron a aquel día como fecha más fehaciente.

Los anales de la Edad Media registran que los banquetes eran el punto culminante de la celebración navideña, pero la concepción actual es, en realidad, una creación del siglo XIX. Desde esa época se festeja como se hace hoy, con los tradicionales regalos, una cena que suele ser muy especial y, desde luego, las fiestas religiosas.

En la bíblica Belén

Según San Lucas, médico sirio convertido al cristianismo muchos años después de la muerte de Jesús, durante los meses de diciembre y enero, en aquella bíblica región las temperaturas eran muy bajas, inclusive bajo cero, hecho determinante para que imposibilitase a los pastores que cuidaban de sus rebaños, dormir a la intemperie.

Pero como siempre, la leyenda -que luego a través de los siglos adquiere parte de realidad-, cuenta que un grupo de pastores se congregaron, mientras viajaban, para encontrar al rey recién nacido. Un pequeño ciego, que se sentaba al costado de la calle real, sintió un anuncio de los ángeles por lo que rogó a los caminantes que lo condujesen hacia donde yacía el Niño Jesús, pero ninguno le daba importancia ni a él ni a su pedido.

No obstante esta indiferencia, el pequeño ciego sintió a la distancia el toque de una campana de esas que llevan las vacas (cencerro), por lo que pensó que tal vez ese animal se hallaba cerca del establo donde había nacido el Salvador. Entonces siguió el sonido y llegó al lugar de nacimiento de Jesús. Sucedió que, finalmente, la vaca condujo al pequeño hasta donde reposaba el recién nacido.

La Natividad

Pero más allá de todo estudio conjetural, el hecho es que en Tierra Santa se celebra la Navidad el 25 de diciembre, tras la misa de Nochebuena en la iglesia de Santa Catalina (que depende de los franciscanos, custodios de Tierra Santa desde hace 800 años), en la palestina Belén.

Los fieles que se suelen congregar para festejar el nacimiento de Jesús siguen la Misa del Gallo desde la Plaza del Pesebre, frente la Basílica de la Natividad (administrada por los ortodoxos). Y al día siguiente se dirigen a los santuarios cristianos de la ciudad y -sobre todo- al Campo de los Pastores, en una localidad cercana a Belén llamada Bet Sahur, donde los ángeles anunciaron el nacimiento del Niño Jesús en aquella sagrada ciudad.

Debajo de aquella Basílica, erigida en los días del emperador romano Justiniano, se halla una cueva en cuya capilla se conserva la estrella de Belén con la imagen de Jesús, tallada por artistas españoles.

Cabe señalar que Belén es la única ciudad de Tierra Santa donde la Nochebuena se festeja tres veces: primero la comunidad católica que lo hace el 24 de diciembre; luego los cristianos ortodoxos, que la celebran el 5 de enero, y finalmente los cristianos armenios que la festejan el 18 del mismo mes.

Entre nosotros, siguiendo las tradiciones europeas, celebramos el acontecimiento con la característica cena de Nochebuena del 24 -previa asistencia a misa que aún hoy realizan muchos cristianos-, y los regalos que aparecen al pie del árbol engalanado el 25.

La anunciación en Nazaret

La Nochebuena también se celebra en iglesias de Jerusalén y en la basílica de la Anunciación de Nazaret, en el norte de Israel, donde, según el Nuevo Testamento, el arcángel Gabriel anunció el nacimiento de Jesús a la Virgen María.

En esta misma ciudad -según recuerda el escritor británico Alexandre William Kinglake- "se alza la gran iglesia católica que contiene el Santuario, la morada de la Santa Virgen. Se trata de una gruta de unos diez pies por cada lado, que forma una pequeña capilla, a la que se accede por unos escalones".

Asegura también Kinglake que, en el interior de esa misma gruta hay una columna, que sería "en la que se apoyó el ángel cuando se le apareció a María, anunciándole el misterio de su bienaventuranza. Muy cerca del altar se encuentra el lugar donde se arrodilló la Virgen".

Un mensaje milenario

Navidad es hoy una de las festividades importantes de la Cristiandad, pues el Nacimiento ha dado lugar a la esperanza de construir un hombre nuevo, pero nuevo desde lo más profundo de su propio corazón. No obstante, aún nos queda mucho camino por recorrer para conseguir este propósito. Y no lo lograremos mientras la injusticia, la corrupción, las desigualdades sean cada vez mayores.

Por eso, en esta fecha particularmente grata, se hace oportuno recoger el milenario mensaje del Salvador, que es una apelación a la paz, al amor entre los hombres, al destierro del odio y del egoísmo, a pensar en el otro, a la esperanza... Y esto lleva en sí una apelación a quienes tienen el poder en sus manos -merced a los avatares del destino, que lo permitieron- y, por lo tanto, tienen la inmensa responsabilidad de establecer la equidad entre los hombres.

El antecedente de los regalos

En la Roma imperial -según se cuenta-, entre el 243 y el 368 dC, amigos y parientes se ofrecieron entre sí deseos de buena salud, acompañados por cestos de frutas, postres y regalos, porque el nacimiento de Jesús unido a la posesión del trono del emperador, se transformaba en un símbolo que debía extenderse a todo el año.

Pasados los siglos y las costumbres, este rito encontró su lugar en un viejito bonachón, con luenga barba blanca, que se trasladaba en trineo tirado por renos, y que procedente del Polo Norte, distribuía juguetes a los pequeños, ayudado por duendes que, en su magia, traspasaban las chimeneas de las casas y dejaba obsequios para los niños.

Según relata la tradición, este personaje legendario encontró su encarnación en San Nicolás -personaje real, que existió-, quien en ese día aportaba alimentos a las familias más necesitadas a través de la chimenea o de las ventanas, pero sin darse a conocer. Es por eso que San Nicolás se transformó en el que traía los regalos a los niños justamente en la noche de Navidad.

Nieve en el bosque

Hay algunos historiadores que relatan que, allá por el 1500, Martín Lutero, durante una Nochebuena, fue al bosque y vio los árboles blancos bañados de nieve, que brillaban iluminados por la luna translúcida, y sintió la tentación de reproducir lo mismo entre los árboles de su jardín. Ese acto sería el que daría nacimiento a la tradición del árbol iluminado.

Costumbres paganas

Sin embargo, hay otros estudiosos de leyendas y ritos que remontan la existencia del árbol de Navidad a las usanzas de los antiguos pueblos teutónicos, que dentro de sus costumbres paganas -obviamente-, celebraban el pasaje del otoño al invierno llevando frente a las casas abetos ornados de guirnaldas, y quemando un gran leño en la chimenea, frente a la familia, durante 12 días (justo en la noche que hoy llamamos de Reyes). Así destruían el pasado y las cenizas eran desparramadas en la campiña, con la esperanza de obtener buenas cosechas en el futuro.

Buenos deseos

Por su parte, el hábito de colgar hojas de muérdago a la puerta de las casas como augurio de buena suerte, se remonta a tradiciones escandinavas y a sus propios dioses paganos.