Al margen de la crónica
Otros actores, la misma historia

La historia se repite, inexorablemente. Cada cuatro años la provincia renueva su Poder Legislativo y es un clásico la disputa por sentarse en determinadas sillas. Las primeras semanas de los nuevos legisladores transcurren en disputas interminables para dejar integradas las comisiones.

Este vicio legislativo derivó en la continua creación de nuevas comisiones que hoy determina que en la Cámara de Diputados haya -por reglamento- 17 grupos de trabajo donde se deben distribuir los 50 integrantes del cuerpo. Al ciudadano habrá que explicarle que la comisión es el grupo de trabajo al que se van enviando los proyectos para su análisis respectivo. De todas maneras, todo proyecto de ley si implica el uso de fondos presupuestarios deberá pasar por Presupuesto y Hacienda y luego el filtro final de la Comisión de Asuntos Constitucionales. En el medio, las restantes comisiones pueden ir haciendo modificaciones que en muchos casos no serán las definitivas. Quizás para esta inflación de comisiones haya que remontarse a la década del 80 y principios de los 90 donde la creación implicaba cargos y oficinas.

Hoy la presidencia de muchas de estas comisiones significa un buen despacho para su titular desde la cual basa su tarea política más que legislativa.

En teoría esas 17 comisiones deberían reunirse entre miércoles y jueves por la mañana debido a que por la tarde es el tiempo de sesiones en el recinto.

Sin embargo, la práctica legislativa deja reducida casi toda la tarea a tres o cuatro comisiones y el resto no tiene más de cuatro o cinco reuniones al año.

El otro vicio es que la pelea por ocupar espacios después no tiene su correlato en la dedicación y en los últimos meses de gestión tornan casi imposible formar el quórum respectivo para dictaminar los temas a consideración.

En este diciembre la historia se repitió: hubo largos conciliábulos para armar comisiones, resta esperar que en esta ocasión sea otro el final.