Una muestra que convoca a la reflexión en el museo de Artes Visuales "Sor Josefa Díaz y Clucellas". Si entran a la página web seguramente no hallarán antecedentes de la exposición, es tan sólo el título que Domingo Sahda encontró oportuno, en un común denominador, para poder involucrar dialécticamente a cada uno de sus criaturas que provienen de las diferentes disciplinas, legitimadas por la plástica. En las obras -pertenecientes a los años 2003 al 2007- se evocan a personajes descarnados, frívolos, en un marco referencial urbano y/o social, en un pasado santafesino muy reciente; algunas veces con humor, otras, desde la sátira y el dolor. Confuso mundo del arte, donde el artista se cuestiona y manifiesta, tengo incorporada la duda de Gauguin: "qué somos", "de dónde venimos", "hacia dónde vamos", palabras que construyen una trama de conceptos que ya la filosofía se ha planteado. En ellas, se articulan reflexiones acerca de la existencia humana. A esta propuesta le interesa señalar lo ineludible.
El recorrido de la muestra va más allá de la contemplación meramente visual; el espectador en un camino laberíntico obligado deberá deambular, no sólo en el espacio y el tiempo sino también en el proceso interno del pensamiento. La complejidad de la exposición y la propuesta representada por una "Figuración Crítica", los mecanismos de la emoción nunca pueden quedar ajenos a ese ilusorio mundo creado por el artista; mundo enmarañado del arte contemporáneo que Sahda expone permanentemente en sus textos críticos y que subyace en sus textos visuales. "Cada cuadro (en el caso, el objeto obra) es una ventana hacia el infinito, hacia el insondable misterio que es, en definitiva, el hombre y su historia". Ciertamente, una construcción mental e intelectual.
En un andamiaje y enumeración posible, en las Instalaciones se aborda la problemática de la niñez, la frivolidad y el patriotismo. En todos los casos los títulos son singularmente ilustrativos y su hechura relevante es la cerámica.
Para "Igualdad de oportunidades", los rostros provienen de las fotografías de niños en evidente contraste con las cabezas-bustos de personajes anónimos y tienen el acento puesto en la bidimensión de una vacilante figura cromática con collage.
Lo mordaz: "Homenaje a la paqueta santafesina"; las cabezas femeninas con rostros desarticulados a lo Francis Bacon; en el caso se hacen visibles los labios y pómulos prominentes por el accionar de las cirugías plásticas reparadoras; la incongruencia del comportamiento de los personajes se hace grotesco y es en el frasco de anilina azul, que mediante una jeringa, nos delata la "nobleza" de la transfusión cromática. Un espejo dorado, seguramente, nos devolverá nuestra imagen.
A la exclamación "Oíd mortales el grito sagrado", en un espacio de "rojo pasión", el grupo de cabezas denotan un expresionismo gestual y, los diferentes improvisados instrumentos amordazan las voces, taponan los oídos y cosen las miradas. En un campo asociativo nuestra historia se hace insoportable.
El grupo de esculturas no tiene título, las tipologías son semejantes con identidades propias, cumplen su cometido como seres personalizados y desvalidos; el juego formal rivaliza entre la abstracción y cierta relación figurativa. Particularizando, el torso de figura masculina que compone un repertorio de musculaturas "bronceadas", en el que se reconoce el hedonismo de los gimnastas.
En el recorrido, cabe mencionar el grupo de mujeres (realizadas en pasta blanca en una altura no mayor de 30 cm.) que desde su anatomía y el título convoca al humor, "Las gorditas santafesinas, jacarandosas ellas, se divierten", estas gorditas en bikinis o haciendo topless, exhiben sus exuberantes formas de alargadas y modeladas piernas, montadas en altos triciclos o sentadas plácidamente en hamacas. Hay picardías en las poses, en sus maquillajes remarcados, en los sombreros coquetos, en los pañuelos coloridos y los moños a lunares, para el misterio no faltan los lentes oscuros. Son muchos los artistas que realizaron obras de madonas vigorosas -en el colombiano Botero es un sello de identidad, en Rosario se recuerda "las Loló" de Herrero Miranda y desde Córdoba al escultor M. A. Budini. En una amplia referencia, sin duda alguna, estas señoras ampulosas son las más relevantes.
Las pinturas son un punto y aparte, en ellos se notan el sello personal de su autor, pero difieren en el tipo de representación, en los procedimientos técnicos y en el tratamiento. Hay Objet trouvé y ensamblado; volúmenes modelados, modulados y facetados; llenos y vacíos, las superficies homogéneas y los tratamientos decorativos. Un amplio recorrido técnico de los medios mezclados. Están los de grandes formatos donde el soporte puede fracturarse en más de un panel, igualmente, el espacio plástico sigue siendo unitario. Los Tondos -vaya paradoja- los cuadros redondos, su recurso compositivo es predominantemente lineal y acromático con subdominancia cromática; contrastan los grandes espacios blancos y negros de color. Los paisajes oscilan entre la representación y lo matérico, son objetos chatarra desechados por el consumo que nos remite a Antonio Berni.
La serie Santa Fe se puede agrupar no sólo por lo temático, sino también por similitud. Los títulos son elocuentes: "Santa Fe, el agua, los barrios solos", "Santa Fe, el agua �dónde fueron los que no se pudieron ir?", "Santa Fe, la noche, dormir en los umbrales", "Santa Fe, la muerte en las calles", "Santa Fe, el agua, el asecho constante, los sueños rotos a la deriva", "Santa Fe, ciudad enjaulada", "Santa Fe, la noche, dormir en la calle", "Santa Fe, la noche, boulevares, sexo a la carta". Hay otros títulos, la serie de los Tondos: "El puente", "calles sin horizontes", "el sol en la Setúbal, "Bikini en la Setúbal" y "Bikini amarilla en Piedras Blancas". Todo un repertorio para una metáfora visual. La correcta factura compositiva expresan una cosmovisión contemporánea; sus personajes son hombres comunes y anónimos, junto a ellos se construyen paisajes que redundan en delicadas y redondeadas formas; los espacios plomizos se neutralizan en una desolada escenografía local, Santa Fe es universo degradado por el agua y cielo cromático de imágenes inquietantes, que oscila entre lo que se oculta y se hace visible, entre la certeza y la incertidumbre; la acción de la naturaleza, del hombre y lo urbano deja su impronta.
Domingo Sahda es referente obligado del hacer artístico santafesino, no sólo como el hacedor de los trabajos teóricos y de los discursos críticos en la mirada de las obras ajenas, sino también por su propia producción artística.
Cali Esquivel (*)