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"Desde setiembre, la temporada ha venido muy bien. Para Navidad estuvo completo, y estimamos que igual será en Año Nuevo. Respecto de enero, un 90 % de los alojamientos está tomado, y de febrero, ya hay un 50 % reservado". Las expresiones pertenecen a Guillermo Kees Scotta, quien posee el complejo de cabañas El Molino, en Santa Rosa de Calchines. En promedio, en el corredor, los lugares estuvieron cubiertos en un 75 %, según información de la Cámara que nuclea a estos empresarios del turismo. Si bien ahora se trabaja prácticamente a pleno, no fue un año todo bueno para los cabañeros. La actividad se recupera de un invierno "muy duro", impactado por las heladas y las bajas temperaturas. Las medidas adoptadas de preservación de la pesca también incidieron y, por lo tanto, se independizó esta actividad de la oferta recreativa quedando como una opción.
Actualmente, otro centro de interés es el complejo con aguas termales, que en 14 meses estará habilitado en Santa Rosa de Calchines (ver nota relacionada).
El turismo en la costa es "una realidad sostenida", refiere Norberto Vicente, quien comenta que la experiencia de la Cámara de Empresarios de Turismo de Santa Fe en ferias y exposiciones efectuadas en Buenos Aires, por ejemplo, "ha mostrado el especial interés de muchas familias por recuperar el contacto con la naturaleza no intervenida por el hombre. El avistaje tanto de aves como de la fauna, y la pesca atraen mucho a quienes viven en los grandes conglomerados urbanos", señala, y por ello es que se venden paquetes mixtos de tres o cuatro días en la costa y dos o tres en Santa Fe.
Todo parece indicar que estamos ante distintas formas de disfrutar y recuperar el aliento que quita la vida cotidiana. Por un lado, el turismo familiar; por otro, el que practican cazadores o pescadores que vienen desde el exterior -este año alcanzó un número superior a los 1.300, las personas que arribaron para realizar este tipo de actividad-. Un tercer perfil se abre como posibilidad, a partir de la existencia de aguas surgentes en este lado del Paraná.
En el cordón costero, hay una disponibilidad de 1.800 plazas en cabañas inscriptas pero la capacidad de camas es mayor a dicha cifra porque hay particulares que están ofreciendo también lugares. El turismo que visita la costa santafesina es preferentemente familiar y recreativo. Los pasajeros buscan el descanso, ocupar el ocio en la observación del singular paisaje de las islas. Existe interés en conocer la idiosincrasia de sus pobladores y sus historias respecto del río. Muchos lugareños hacen de guías turísticos haciendo conocer a los foráneos la belleza de los riachos internos del sistema Paraná y la variedad de aves que lo perfeccionan aún más.
"La pesca en ríos y riachos de amarillos, moncholos, patíes, dorados y surubíes, en muchos casos, ha pasado a ser una actividad opcional. Quienes vienen a la zona saben que pueden pescar y que a veces no salen las especies", explica uno de los propietarios. Por eso, de parte de los cabañeros se ha registrado un esfuerzo por reconvertir las actividades. Actualmente, sostienen que un ciento por ciento está integrado por familias que visitan la zona. Kees Scotta indica que el éxito está dado por el trato personal que se ofrece y en la relación que se establece con el visitante.
Pero el crecimiento que ha producido el turismo no sólo se refleja en la construcción de más cantidad de complejos habitacionales. En general, los pueblos y ciudades costeros han tomado en cuenta que deben prestar otros servicios para el esparcimiento y han cambiado sus hábitos de vida. Aunque con distintos niveles de desarrollo, se han abierto más pubs y restaurantes, pero también más carnicerías y verdulerías que permanecen abiertas los domingos. Incluso, dice Kees Scotta, hay quienes han ido a Santa Fe para aprender distintos cortes de carne que no eran habituales en la región. Por ejemplo, el corte Malvinas que lo piden los turistas para la parrilla. Algunos complejos turísticos incluyeron para Navidad el servicio de la comida de Nochebuena, que significó un esfuerzo adicional para los cabañeros.
Pero no todo es gastronomía. Kees Scotta relataba que días atrás tuvo conjuntamente tres familias extranjeras: una de ellas, un matrimonio japonés, radicado ahora en Córdoba y dedicado a las flores, estuvo en Santa Rosa para aprender la técnicas relativas al cultivo de las rosas. Los otros visitantes foráneos fueron una matrimonio de California (San Francisco) y otro de Paraguay, que con frecuencia recorre la zona.
Lo que distingue esta manera de turismo familiar de la de contingentes de extranjeros es que vienen a nuestras tierras para hacer cacería de plumas o pesca. Estos paquetes son vendidos por mayoristas europeos y este tipo de actividades está nucleado en la Cámara de Turismo Sinegético (ver "El turismo natural atrae a los extranjeros" y también busca ir reemplazando actividades para procurar una mayor preservación del ambiente natural.
Quienes más se dedican a la opción familiar sostienen que el rédito "se queda en la región porque todo permanentemente se reinvierte".
Una familia tipo gasta por persona unos 100 pesos por día, computando en esa cifra alojamiento, combustible, alimentación y entre 150 y 180 pesos por persona cuando se contrata una excursión de pesca. "Si viene una peña de pescadores seguramente gasta más que esa cantidad -quizás hasta 500 pesos por día por integrante- pero vienen una vez al año, en tanto que una familia lo hace anualmente hasta tres veces", dice Kees Scotta.
El empresario Luis Spahn, su hermano Horacio José y un grupo de socios, tienen previsto construir en Santa Rosa de Calchines un centro con aguas termales. El proyecto a desarrollar en cinco años comprende, entre otras comodidades, unas 100 cabañas, bungalow, piscinas, un hotel, centro comercial y paradores en la zona de islas.
Todo comenzó con un pozo de exploración que al igual que el estudio de impacto ambiental están ya aprobados. "Hace dos meses encontramos aguas surgentes termales", explicó y al consultársele las características dijo que son saladas.
Ahora está en proceso, un estudio para "un pozo que sea un orgullo y un ejemplo desde el punto de vista ambiental".
El lanzamiento de toda la propuesta turística tendrá lugar en abril próximo, en tanto que la habilitación de la primera etapa está prevista dentro de 14 meses.
Agrega, ante una consulta, que tendrá características similares a los complejos termales de Chajarí o de Villa Elisa, de Entre Ríos. "Pero lo importante para la zona, además de profundizar las posibilidades de su turismo, es que se generarán entre 150 y 200 puestos directos de trabajo. A éstos habrá que sumarle los indirectos, por ejemplo, en la gastronomía y en el comercio", precisó.
Otra característica la constituye la previsión de un country - para personas que quieran tener su casaquinta- con acceso al complejo termal en forma indefinida. Los terrenos para el country se van a comercializar y cada propietario tendrá su escritura de dominio.
Spahn prevé para el ambicioso emprendimiento, una inversión de 35 millones de pesos a valores de hoy pero con proyección a cinco años.
Caza deportiva, pesca con mosca, pesca deportiva, cetrería, canotaje, avistaje de flora, avistaje de fauna y avistaje de aves son algunas de las actividades que se pueden desarrollar en los 21 complejos, que reciben contingentes de visitantes de otros países, ubicados desde Arroyo Leyes hasta Los Laureles y en Fortín Olmos, Intiyaco y Huanqueros. Durante 2007, 1.375 extranjeros lo hicieron.
Para cazar patos, los extranjeros vienen entre mayo y fines de agosto. Las tres especies autorizadas son sirirí, pampa y crestón y es la Secretaría de Medio Ambiente la que establece los períodos de habilitación anual y la cantidad de piezas por persona. En tanto, la caza de la paloma se encuentra todo el año autorizada porque es considerada plaga dentro de la provincia.
De los 21 establecimientos, 10 están conducidos por extranjeros. Los paquetes turísticos son generalmente vendidos por mayoristas de la Unión Europea y de Estados Unidos. Las agencias se encargan de todos los trámites relativos al ingreso de armas para la caza, sus aspectos legales y administrativos, vuelos y traslados hasta los complejos donde se brinda alojamiento y comida.
Si inicialmente se dedicaron a la cacería de plumas, ahora se han incorporado en los paquetes otras atracciones como avistaje de aves. Para esta actividad se llevó a cabo un relevamiento de las especies de la provincia, que estuvo a cargo del doctor Martín de la Peña. El profesional, este año, además, dictó cursos de capacitación para guías en Cayastá y en Avellaneda, en tanto para 2008, se los ha previsto para Santa Fe, Santa Rosa de Calchines y Coronda.
En fuentes de la Subsecretaría de Turismo de la provincia se informó que se habían determinado cuatro senderos: uno en Cayastá y otros en Las Gamas, en el sitio Ramsar Jaaukanigás y en la Laguna de Melincué.
Los cazadores y pescadores extranjeros se quedan entre 4 y 7 días nomás y las tarifas de los servicios se cotizan en dólares. La pesca siempre es con devolución al agua y hasta pueden concretarla con el dorado, declarado pez turístico provincial.
En tanto, respecto de la caza de patos, Medio Ambiente hace un relevamiento periódico para verificar la sustentabilidad de las especies. Por eso está cerrado el registro de las empresas para recibir más cazadores. En tanto, la Subsecretaría de Turismo es la encargada del control de los servicios para que sean acordes con el nivel y la seguridad que se procura.
Como la presencia de extranjeros no es todo el año, los complejos orientan sus propuestas entre los meses de setiembre y abril del año siguiente, al turismo familiar.
Otro dato que se aportó es que se persigue que el avistaje de aves y de flora -que se cotiza a muy buenos valores- vaya desplazando la cacería de plumas.
En cuanto a los precios, tanto para la pesca con devolución como otras actividades como día de campo, avistaje de fauna o aves, se debe calcular entre 150 y 200 dólares, según los casos, por día y por persona.
Actitudes
En general, el visitante extranjero caza lo permitido y es uno de los que más cuida. Así surgió de consultas realizadas entre los propietarios de cabañas o campos. El relato de Julio Eduardo Gaviola, con un establecimiento en Alejandra, es muy ilustrativo. "El cazador llega muchas veces con su familia y a ésta no le interesa la cacería de plumas pero sí le entusiasma una visita al monte, a los esteros o comer con la gente de campo y pasar una jornada en la casa del puestero. Les encanta conocer cómo se realizan las actividades rurales en la Argentina. Disfrutan de una manera muy especial el contacto con la Naturaleza", explicó.
Gaviola señala que todavía el avistaje de aves no tiene tantos adeptos pero "se va imponiendo" cada año que pasa. En tanto, le han solicitado como otra actividad el vadeo en los ríos, propuesta que tiene en estudio desarrollar.
Teresa Pandolfo