Fue un fin de año especial para Leonilda Bonino de Genesio. Los últimos días de 2007 llegaron con una sorpresa que se bajó del escalón de la utopía y se convirtió, inesperadamente, en realidad.
Engañada con excusas varias, Leonilda Bonino de Genesio pensaba que sus escritos nunca se reunirían bajo el formato de libro. Si alguien le hubiera dicho que el viernes se haría la presentación de "Para ir creciendo", seguramente habría pensado que se trataba de una broma por el Día de los Inocentes.
Pero, al caer el sol, su numerosa familia se reunió en la casa de Entre Ríos 2751. Y allí, estos "cuentos con moralejas para las distintas edades, a utilizarse en las escuelas y en el hogar", vieron finalmente la luz.
"Venía escribiendo cuentos sobre valores, para que fueran tratados en las escuelas. No están escritos para que los lea directamente el niño, sino para ser tratados por maestras y padres, en estos tiempos en que estamos tan faltos de valores", cuenta Leonilda.
A sus 88 años, con una extensa carrera como docente y catequista, Leonilda piensa en la importancia de distribuir este material entre las escuelas de la periferia. "Me interesa que se mejoren las condiciones de la vida actual", explica.
Madre de diez hijos, de los cuales viven nueve; con 31 nietos y 29 bisnietos, la mujer se siente "muy contenida por la familia. Todos intervinieron, sobre todo para estimularme, porque yo no quería publicar", admite. De hecho, la portada del libro está ilustrada con un dibujo de una de sus nietas, Victoria.
"Toda mi vida escribí, y siempre usé para educar el canto y el cuento. Soy de una época en la que los libros de lectura traían siempre cuentos. El cuento servía como introducción para plantear temas, y esto influyó mucho en mi formación", explica.
"Ahora, en mi ancianidad, un poco imposibilitada para el movimiento físico, pero todavía con recursos intelectuales, empecé a escribir cuentos a medida que recordaba cosas de la infancia. Y abordé distintos temas: la personalidad, la responsabilidad, la vocación", cuenta.
Leonilda nació en Pilar, y luego se trasladó a Santa Fe, donde fue inspectora de Religión. Desarrolló su carrera docente en la escuela Juan Arzeno, ubicada en barrio San Lorenzo, donde puso su vocación al servicio de los chicos más necesitados.
"Su espíritu inquieto y su ardor para el trabajo la han conducido a transmitir en esta obra un estilo y un testimonio de vida cimentado en firmes convicciones éticas, que están implícitas en sus escritos tan imbuidos de imaginación, claridad y sencillez", afirma Olga Fornillo de Domenicone, quien comparte con Nilda la vocación docente.
"Educadora de una numerosa familia quiso, con la generosidad que la caracteriza, `dar a luz' a un nuevo hijo, que es el que hoy nos regala, para deleitarnos con sus relatos creativos que conectan las virtudes arraigadas y convincentes con las realidades de la vida cotidiana", sostiene.
"Ella quiere, con este recurso tan valioso, contribuir a que se pueda lograr una educación en valores, en este tiempo tan complicado que nos toca vivir", asegura.
Según Olga, estos relatos permiten "cultivar lo valioso, fomentar lo auténtico y construir la verdad que permanece. Lo que permite edificar un ser humano más amable, humanizado, fuerte, rico por dentro, armónico, o sea, un modelo por el que vale la pena luchar".
El material, especialmente pensado para padres y docentes, tiene dos grandes objetivos: "Uno es el poder tomar conciencia de la misión de educadores responsables que nos ha sido encomendada; y el otro es propugnar en los niños y jóvenes las exigencias de una conducta recta que libera, que hace que cada persona sea un ser digno, más completo, que desee esforzarse en ser íntegro", sostiene la docente en el prólogo.
La edición, de unos 500 ejemplares, será distribuida en establecimientos escolares e instituciones de la ciudad.