Los espacios públicos de la ciudad parecen estar recuperando un protagonismo que en los últimos años resultaba asociado únicamente a conceptos como inseguridad y vandalismo. Numerosas actividades están programadas para los meses de verano en plazas, parques y avenidas tradicionales como la Costanera, e incluyen eventos culturales y deportivos organizados por el gobierno local, pero también por instituciones como la Universidad Nacional del Litoral que busca reeditar, este año, una experiencia que tuvo gran convocatoria el verano anterior.
El objetivo, según puede interpretarse en todos los casos, es alentar la afluencia de los vecinos y vecinas y generar una nueva vinculación de la comunidad con los sitios que pertenecen a todos.
Lejos de operar como punto de encuentro de la comunidad y señalados -en cambio- como sitios conflictivos e inseguros, los espacios públicos fueron cediendo en los últimos tiempos mayor protagonismo al descuido y la inseguridad, real o imaginaria. Es así como, pobladores de distintos barrios optaron por abandonar los plazas y parques fuera de las horas de sol, tendencia que -a la luz de las propuestas anunciadas- se busca revertir.
La iniciativa plantea un doble desafío: por un lado, el compromiso de organismos y autoridades convocantes de manera de asegurar condiciones aptas para el desarrollo de sus propuestas; es decir -además de calidad-, la cobertura de los servicios básicos. De parte de los destinatarios de esas programaciones, cabe esperar el cuidado de los ambientes que por propia definición les pertenecen. En nada aportan los inexplicables actos de vandalismo, que sólo desmerecen los espacios verdes y generan nuevos gastos al erario público.
Sin embargo, no puede dejarse de lado en este planteo la opinión de los vecinos que residen en las zonas adyacentes a los espacios elegidos para desarrollar estos programas, y que reclaman tranquilidad y respeto por sus propios horarios. A modo de ejemplo, la costanera es un lugar ideal para desarrollar eventos al aire libre, por su ubicación, accesibilidad y amplitud.
No obstante, desde hace unos años se reiteran las quejas de los vecinos por usos menos organizados y más ligados a diversiones particulares como las picadas de autos y la instalación de equipos de música a volúmenes insoportables. De ahí el necesario equilibrio para resguardar los intereses de todos: de quienes generan las propuestas participativas, de quienes demandan en forma creciente por actividades que los convoquen, y de aquellos que residen en áreas cercanas a esos espacios.
Otro desafío será generar proyectos del mismo valor en los barrios más alejados del centro, donde la oportunidad de solventar el ingreso a espectáculos es inexistente, y donde el acceso a la propuestas recreativas suman, al valor de sentirse dentro de un proyecto que también los representa, la posibilidad de que sus habitantes cuenten con alternativas de contención en espacios que también merecen ser revalorizados.