Entre la liberación de los EE.UU. y la Chávez-dependencia
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Hugo E. Grimaldi (DyN)

Aquella frase de la militancia peronista de los años 70, "Liberación o dependencia", se ha instalado de sopetón en la Argentina, para sumar incógnitas al cierre de este vigoroso y movido 2007, de la mano de una serie de acciones casi surrealistas que se han venido entrecruzando durante las últimas semanas con los mismos protagonistas: Venezuela, los Estados Unidos y el matrimonio Kirchner.

Espías que llegan y se van, dólares envenenados y nunca retirados, declaraciones forzadas, mentiras cruzadas y hasta un juicio con jurados, por el lado del venezolano Guido Antonini Wilson. Selvas tropicales, helicópteros en vuelo filmados por el mismísimo Oliver Stone, acciones de riesgo ante una guerrilla impredecible y la omnipresencia del narcotráfico, en el caso del rescate humanitario de al menos tres rehenes de las Farc colombianas. Peligros y traiciones, en un juego de segundas intenciones por parte de casi todos los protagonistas, que tendría sin dudas ribetes cinematográficos, si en él no estuviese en juego parte del futuro inmediato de la Argentina.

El gobierno aprovechó para enlazar ambas situaciones como cuentas de un solo collar, en una trama en la que probablemente no le falta razón en los fundamentos, tras su acusación de que todo es parte de una "operación de inteligencia asombrosa" del gobierno de los EE.UU.

Sin embargo, para poner todo en contexto, en relación a los tiempos, habría que separar algo los tantos: cuando llegaron al Aeroparque los pasajeros-funcionarios de aquel avión de Enarsa que transportó la famosa valija de los 800 mil dólares, nada aún se sabía de una eventual entrega de prisioneros y del rol que le sería asignado a la Argentina, a través de Néstor Kirchner. Es público y notorio que algunas dudas había en la Casa Rosada en cuanto al transporte del dinero, ya que el titular del ente de los peajes, Claudio Uberti, fue separado de su cargo. En tanto, su secretaria, Victoria Bereziuk, la única que declaró hasta ahora, le dijo a la Justicia que había visto a Antonini en la Casa Rosada un par de días después de la llegada nocturna y conjunta al Aeroparque, algo que no consta en los registros de ingreso y que ha sido desmentido oficialmente.

Dos hipótesis: o el gobierno argentino es verdaderamente inocente en este tramo de la novela o se siente muy seguro de que el venezolano-estadounidense no dirá nunca jamás a quién debía entregar aquí la valija y por eso redobla la apuesta contra los EE.UU. O, por último, la tercera posibilidad: �No se estará montando el escenario para acusar también de "mentiroso" al probable doble agente, una vez que éste pronuncie públicamente el nombre y el apellido del receptor? Inteligencia y contrainteligencia, también típico de los best sellers, luego llevados al cine.

Lo concreto para el análisis político es que el liderazgo de Hugo Chávez resulta intragable para la administración Bush, ya que lo observan como un nuevo Fidel Castro, aunque le sigan comprando petróleo, y más ahora que se ha metido en la realidad de Colombia, país al que le gustaría sumar a los alineamientos que ha conseguido en la región a fuerza de esos petrodólares (Cuba, Bolivia y Ecuador) y al que paralelamente los Estados Unidos han surtido de millones de su moneda, para financiar la lucha contra los narcos.

Sin embargo, expertos en diplomacia aseguran que tanto recelo hacia el venezolano no significa linealmente que se busque desestabilizar al gobierno argentino, aunque lo cierto es que la situación ha desembocado en un conflicto que día a día se ahonda por las interpretaciones de los funcionarios de ambos lados y que probablemente haya obligado (un recurrente error de los EE.UU., que habitualmente arroja a los países a los brazos de sus propios enemigos) a sobreactuaciones internas por parte de la Argentina, de las que va a ser complicado volver.

Esas mismas fuentes aseguran que fue Chávez quien le pidió al presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, (un insospechado para Washington) que convocara al entonces presidente argentino para que fuese el garante central del proceso que debería llevar a la liberación de la franco-colombiana Ingrid Betancour, cosa que aquel hizo por carta antes del traspaso del mando, cuando el venezolano todavía parecía estar en línea con el gobierno de Colombia.

Las consecuencias de este alejamiento de los Estados Unidos serán probablemente de mayores costos para la Argentina, sobre todo en la etapa de búsqueda de inversiones que se avecina y que es prioritaria para encarar 2008. Sin su guiño, será muy difícil de vulnerar la ortodoxia del Club de París o eludir el monitoreo del Fondo Monetario y habrá que volver a recurrir a la billetera de Chávez, lo que paradójicamente llevará a la Argentina a un mayor alineamiento. Para seguir la consigna setentista, al día de hoy la probable "liberación" de uno de los actores significaría la inmediata "dependencia" del otro, aunque no habría que descartar, señalan los expertos, un mayor protagonismo de Brasil para equilibrar la balanza de la pretendida hegemonía venezolana en parte de la región.

Ya en el orden local, Lousteau ha ganado también esta semana un combate singular contra el mismísimo Guillermo Moreno, un funcionario que depende de él en los papeles, pero que reporta a la Casa Rosada de modo directo. Pese a que desde Economía se intentó no hacer leña del árbol caído, lo cierto es que el caso de la leche fue perdido en toda la línea por el secretario de Comercio. Los asistentes a la reunión donde se arregló la relación entre productores e industriales para los próximos seis meses, comandada esta vez por el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, dijeron que había que verle la cara desencajada a Moreno, cuando tuvo que firmar el acta sin sus burocráticos inventos (precios máximos en tres bandas de compleja aplicación) y cuando se fue rumiando broncas, con la promesa de controlar desde ahora los precios de salida de las industrias.

Otra de las batallas que se han librado en las internas del gobierno tuvo que ver con los coletazos del Plan de Racionalización Energética, que se aprobó durante la semana en el Congreso, con manifestaciones de amplio triunfalismo por parte de la bancada oficial, que trabajó a destajo, aunque con discrepancias dentro de la propia tropa, en medio de las fiestas, para aprobar el cambio del huso horario. Mientras el jefe del bloque del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, dijo lo más pimpante por radio que una vez adelantada la hora y hecho el cambio de lamparitas comunes por otras de bajo consumo, el ahorro de energía podía estimarse en 15 por ciento y voces más equilibradas de la industria estimaban a lo sumo la mejora en el orden de 5 por ciento, sorprendieron las declaraciones del ministro de Planificación, Julio de Vido, quien habló de apenas 1 por ciento menos de demanda eléctrica en las horas-pico.