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En el Harlem de 1968 no se escucha otra cosa que soul, algo de blues y sonidos que ya suenan como funk. Es música de negros sonando en un barrio de negros. Desde el otro lado de mundo llegan noticias sobre una guerra mucho más que traumática para una sociedad como la estadounidense, inexperta en materia de fracasos militares -y de otros tipos también-. Sin embargo, en aquel lugar de Manhattan, donde la marginalidad late en las esquinas y las miserias económicas y humanas se cobran vidas, un negro, austero, que no nació en cuna de oro, que no exagera cuando habla, que ríe poco y se aleja de las extravagancias, se convierte en el único y verdadero dueño del tráfico de heroína en Estados Unidos hacia fines de los '60. Su nombre es Frank Lucas y tiene claro que no habrá de fracasar.
Richie Roberts es un policía que profesa una absoluta convicción en el cumplimiento de las leyes. Tal es el código que hace regir en los suburbios neoyorquinos. Incorruptible, incapaz de quedarse con el casi millón de dólares que encuentra en un operativo, atraviesa el final de su matrimonio y el consecuente juicio de divorcio más la separación de su hijo. Parece sentir el oficio que conoce, e ir a contrapelo de la estructura de poder que lo comprende. Además, estudia Derecho.
La historia es verídica y el británico Ridley Scott ("Thelma y Louise", "Gladiador", "Hannibal") la tomó para montar "Gánster americano" (American Gangster), filme que tiene como artífices a Denzel Washington como el jefe mafioso, y a Russel Crowe como el tenaz oficial que lo descubrirá tras una extensa investigación. Acorde a los parámetros del género y a la tradición a la que responde preciándose como una cinta sobre gangsters made in Hollywood, la trama se permite mantener la atención del espectador durante 157 minutos. Las razones devienen de los procesos dramáticos que constituyen paralelamente a los protagonistas, teniendo en cuenta, sobre todo, el conjunto de principios éticos que rige a cada uno.
Lucas, cual si fuese miembro del clan fundado por Vito Corleone -la trilogía creada por Francis Ford Coppola es un referente insoslayable en este filme de Scott-, hace de su familia una doctrina de vida y no duda en matar a sangre fría si las deudas no fueron saldadas.
En esa línea de conducta, el imperio que edifica surge sin intermediarios. Toma un avión hacia el mismo lugar donde los soldados estadounidenses consumen opio y heroína para sobrellevar su estadía en Vietnam. Se introduce en la selva, habla con quien corresponde y con la complicidad de miembros del ejército americano, ingresa a su país cien kilos de heroína cien por ciento pura para comercializarla en todos los barrios de Nueva York y aledaños. Con el fascinante nombre de Blue Magic, el producto es el de mejor calidad y tiene el mejor precio. Gracias a él, Lucas alcanza la cima del poder, conoce el éxito social y cumple con el postulado americano: no fracasar.
Como contrapartida, Richie Roberts no viste bien, lleva una vida personal complicada, uno de sus compañeros es encontrado muerto con un sobre de Blue Magic, y a partir de allí inicia el minucioso rastreo del "pez gordo" en la red del narcotráfico. Tampoco este policía desea fracasar, y cuando el objetivo que persigue está cumplido, se cierran las fases dramáticas que involucran tanto al capo del crimen organizado como al obstinado oficial.
Al hilo de una serie de lugares comunes en la construcción de los arquetípicos mafioso y policía que cumple con su deber, "Gánster americano" se potencia en la recreación de la época cuyo sentido fundamental apunta a la verosimilitud del contexto histórico, en especial a la marginalidad constitutiva de la comunidad negra. No obstante, el momento político quizás ocupe un lugar más ilustrativo que determinante a la hora de representar el clima de esa sociedad en la que las mafias se abren paso sin impedimentos.
María L. Lelli
"Gánster americano"American Gangster, Estados Unidos, 2007. Dirección: Ridley Scott. Guión: Steven Zaillian sobre artículo periodístico de Mark Jacobson. Elenco: Denzel Washington, Russell Crowe, Chiwetel Ejiofor, Josh Brolin, Lymari Nadal, Carla Gugino. Fotografía: Harris Savides. Música: Marc Streitenfeld. Distribuye UIP. Para mayores de 16 años, con reservas. Duración: 157 minutos. Se proyecta en Cinemark.
EL DATO: TRES PUNTOS (buena)