Uno es multitud

La noticia de un adolescente fallecido por desnutrición en la vecina localidad de San Javier corta la respiración. En el listado extenso de hechos del día, la crónica no puede ser una más.

El cuadro era irreversible. El médico policial certificó que se trató de un "fallecimiento por estado severo de desnutrición por proceso crónico". El especialista agregó que se trataba de un cuadro de marasmo, es decir, "enflaquecimiento excesivo del cuerpo humano; apatía, falta de energía moral y física", a punto tal de formar una situación irreversible.

"Se llega a tan grave extremo cuando el organismo ya no tiene capacidad de recuperación, por más que se le brinde alimentación", precisaron voceros calificados consultados al respecto, tal como aparece en el relato del periódico.

En una zona rica del país, un chico de 15 años murió solo, en una precaria vivienda. Cuando llegaron los médicos, yacía en una cama, en un cuadro espantoso.

Un tío dio aviso unos minutos antes, porque lo había visto descompuesto. Pero fue tarde, porque ese final es resultado de años de abandono y desidia. Probablemente, en la ausencia de la familia se hayan reproducido los aprendizajes que ese núcleo tuvo en su historia: soledad, arreglárselas como mejor se pueda, zafar, intentar hacer algo con la vida, para ver si resulta.

Con los datos que se conocen no alcanza para hacer un juicio definitivo. Es difícil saber por qué el adolescente llegó a esa situación desesperante. Habría que determinar la responsabilidad de la familia, que sólo alertó del problema en el último instante de un largo proceso; o de los vecinos, que tampoco vieron el drama a tiempo.

Finalmente, el hecho muestra la ausencia del Estado, que no se hizo presente donde y cuando debió hacerlo. El ejemplo sirve para advertir sobre las responsabilidades de cada uno en la suerte de los demás, y en el papel que el Estado debe jugar en una sociedad como la nuestra, desgarrada, empobrecida y con numerosos agujeros negros que sólo el Estado puede cubrir.