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Tomar mucha agua y usar una indumentaria clara suelen ser algunas de las recomendaciones para apaciguar el calor. Evitar la calle, y de ser posible permanecer debajo de un ventilador o aire acondicionado, también es una buena idea ante las altas temperaturas que invadieron la ciudad. Sin embargo, muchas personas no tienen esa posibilidad: colectiveros, verduleros, carteros, pizzeros, panaderos, barrenderos, inspectores de tránsito, albañiles, vendedores ambulantes, entre otros, están obligados a padecerlas.
Esta mañana, El Litoral realizó una recorrida por las calles santafesinas y comprobó que el calor no es ninguna excusa para no trabajar. También, confirmó que son muchas las estrategias empleadas por la gente para disminuir sus efectos, como "mojarse la cabeza cada treinta minutos" o llevar todo el tiempo "una botellita llena de agua".
Los trabajadores de la vía pública coinciden en que les gustaría pasar sus jornadas laborales en el interior de una oficina; es decir frente a un ventilador que les dé viento o de un aire acondicionado que los enfríe. Es que el intenso calor es "inaguantable" y, en la calle, "no hay con qué darle".
Los obreros de la construcción, entre otros trabajadores, están expuestos al calor varias horas del día. Al respecto, Luis, un albañil que El Litoral encontró en la obra de recalce de columnas y cimientos de Casa de Gobierno, manifestó que allí llevan "la peor parte" porque tienen que trabajar bajo varios metros de media sombra negra y techos de chapa.
Consultado sobre qué hace para hacerle frente al calor, señaló que toma agua fresca a cada rato y evitar deshidratarse.
Eduardo tiene 39 años y es vendedor de frutas y verduras en la esquina de 3 de Febrero y 9 de Julio, donde el sol está presente hasta el atardecer. "Esta es una esquina estratégica, por eso no me muevo", dijo. Y agregó: "No me queda otra que bancarme el calor. Por suerte, los vecinos me dan agua".
Vestido con ropa clara, el hombre indicó que es el cuarto verano que pasará trabajando en esa esquina del sur de la ciudad. Además, palpita que el de 2008 será peor que los anteriores.
En el mismo lugar, César pintaba en acuarelas a la Iglesia Santo Domingo. En medio de los rayos solares, dijo a El Litoral que tenía que hacerlo a las once de la mañana porque a esa hora "se reproducen bien las sombras". Y aclaró: "Eso sí... en un rato me voy al Parque del Sur y de ahí no me mueve nadie".
El calor sofoca en la calle y se vuelve más intenso en las braserías, salas de panificación y cocinas de pizzerías y rotiserías de la ciudad. Los trabajadores que están en contacto permanente con las altas temperaturas que emanan de hornos y estufas de leudado, con los vapores que emergen de las ollas o con las brasas que dejan a punto decenas de pollos y tiras de asado, transpiran por estos días más que testigo falso.
El dicho popular grafica la situación de muchos empleados que, por su actividad laboral, están expuestos a altas temperaturas durante varias horas del día. "Es desastroso trabajar con este calor al lado de los hornos. Te `deshidratás' de tanto que transpirás. Los chicos acá se cambian la remera dos o tres veces y eso que entramos a las 5 de la mañana y nos vamos 13.30", dijo Griselda Díaz, de la panadería Polo Norte.
Los hornos trabajan a temperaturas que "oscilan entre los 250 y los 300 °C" y a pesar de que existen extractores y ventiladores para mitigar el calor, "la sensación térmica debe rondar en los 50 ó 55 grados", estimó Griselda.
Los equipos ayudan a regular la temperatura pero a la hora de abrir el horno, el calor se siente y es "impresionante".
Claudio Cusich, parrillero de El Vagón, sostiene que "del calor no podés zafar: lo sentís en todo el cuerpo". La época más dura para quienes trabajan en el rubro empieza en diciembre y se extiende hasta marzo, pero son los fines de semana los días en que el calor sofoca más porque la clientela crece y obliga a poner en funcionamiento todas las parrillas.
"El calor se siente especialmente los domingos porque trabajás más y tenés brasas de frente, de costado y de atrás. En todos lados", sostuvo Claudio.
En las casas de comida para llevar el panorama no es diferente. "No se puede estar, es insoportable, hace mucho calor y se transpira muchísimo", comentó Fabio Sbrasini, de rotisería Diego.
Carlos Ortiz, dueño de Brasería Carlos I, trabaja hace 14 años en el rubro y dice estar acostumbrado al calor. "Si afuera hace 40 grados acá hay 5 ó 6 grados más. Transpirás siempre y tenés menos oxígeno, pero estos negocios son así, lo mismo que las pizzerías".
Para sobrellevar la actividad cotidiana y que el cuerpo no sienta tanto el impacto de las altas temperaturas la precaución que toman los trabajadores es siempre la misma: beber abundante líquido y salir de la fuente de calor varias veces al día.
A pesar de que muchos sufren el calor, no reniegan de su fuente laboral y -al precio que sea- soportan estoicamente las altas temperaturas.