La imagen fue elocuente: una joven bajaba las escaleras del hospital cargando un ventilador. Por detrás iba su padre, bolso en mano, con sus pertenencias y un algodón ajustado con una cinta en su brazo sugería que había estado hospitalizado.
El hecho es real y ocurrió hace pocas horas, en las escaleras de salida del Servicio de Oncología del hospital Iturraspe. Los pacientes allí internados -enfermos de cáncer- padecen las impiadosas altas temperaturas que sufrimos los santafesinos y, entre las pertenencias que se les aconseja llevar al momento de su ingreso se incluyen "ventilador y aparato antimosquitos".
El jueves pasado llegó una nota al consejo de administración de ese hospital para que -de manera urgente- dé una solución a este problema, similar a la que el año pasado se cursó por el mismo motivo. Iba acompañada por la firma de los familiares de los pacientes y ellos mismos, además de médicos, enfermeros y el resto de los trabajadores del servicio. Pero todavía no fue respondida.
Oncología funciona en la parte de atrás del edificio central del Iturraspe y, como mira para el norte, cuenta con ventanas orientadas hacia el este y el oeste. A pesar de que estar ubicada en la zona de los patios posteriores, no está protegida con los frondosos árboles. Por el contrario, el impiadoso sol acecha de mañana y de tarde sin clemencia.
Durante una recorrida, El Litoral pudo constatar la escasa cantidad de ventiladores con que cuentan las habitaciones, que albergan las 18 camas disponibles, actualmente todas ocupadas. Sólo un artefacto de techo y otro más pequeño de pared para las tres camas que hay por habitación. También pudo advertir que -de acuerdo a sus posibilidades- los pacientes habían traído ventiladores particulares para mitigar las altas temperaturas.
Algo similar ocurre en los consultorios de ese servicio: uno solo cuenta con acondicionador de aire. Hay otro aparato que se encuentra en un pasillo de acceso al lugar, pero desde hace bastante tiempo está descompuesto y nunca se mandó a arreglar.
Verónica, familiar de un paciente, quiso dar su testimonio porque "nos llamó mucho la atención cómo están los enfermos y la falta de aseo del lugar. Nosotros, que cuidamos a los enfermos, tuvimos que limpiar las piezas y cambiar las bolsas de residuos. Además, no hay personal: una sola enfermera para toda la parte de Oncología durante el fin de semana. Habría que llamar al gobernador para que venga a ver cómo están estas personas".
Su padre asintió explicando que "desde el jueves no nos cambiaban las sábanas y recién hoy lo hicieron. Las almohadas no tenían fundas y cada uno se tenía que traer. Con lo que uno transpira en estos días era necesario el cambio de sábanas. Cuando entramos en internación nos dijeron que nos teníamos que traer el aparato antimosquitos y un ventilador. Hay gente que es de afuera y no tiene ventilador".
Por su parte, Juana, de San Jorge, debía internarse, y aguardaba en el hall de ingreso: "Muchos ventiladores de techo y de pared se quemaron. Como me tengo que internar me traje uno desde 200 kilómetros. Pero llegué y no tengo cama para internarme y tengo que esperar. �Quién aguanta sin ventilador ahí adentro? Es insoportable el calor. Si la persona de al lado de uno no tiene ventilador se la tiene que aguantar".
Idénticas fueron las palabras de otras personas dentro de las salas de internación, para hombres y para mujeres, quienes son las que -además de encarar las dificultades que trae aparejada su enfermedad- deben transcurrir sus días en esas condiciones infrahumanas.