Está todo bien

Para el gobierno nacional, el principio de negación de las crisis que le están estallando entre manos, parece ser la única respuesta ensayada.

La culminación de este proceso parece haber sido el discurso de la Presidenta, al referirse a los cortes del servicio eléctrico en todo el país como "sistemáticos", tratando de desmentir que fueran programados.

Lo que para algunos periodistas ya se trata de "perversiones dialécticas" o "eufemismos", demuestra la permanente falta de autocrítica para aceptar las cosas como son. En contrapartida a una de las máximas del fundador del justicialismo que dice la única verdad es la realidad, este tipo de signos se pueden ir transformando en una olla a presión difícil de apagar. De hecho, los primeros cacerolazos se hicieron sentir la semana pasada en Buenos Aires, por parte de un grupo de vecinos "cocinados" por el calor.

"El cambio que no cambia" no parece haberle dado a la flamante gestión, el tiempo necesario de romance con la sociedad para comenzar a gobernar sin sobresaltos.

Es que en el fondo, las cuestiones estructurales que requieren políticas estables siguen sin resolverse. Todos sabemos que es necesario ser prudentes en el consumo de la energía, pero la precariedad de las medidas lanzadas para paliar el déficit del servicio habla de una crisis que era previsible y de la incapacidad o la indolencia oficial para planificar e implementar soluciones. El circo montado alrededor de las lamparitas de bajo consumo es una clara señal en este sentido.

Pese al optimismo de De Vido, no está todo bien en nuestro país. Por algo se esmeran tanto en retocar las cifras oficiales de la economía, vaciando de significado y prestigio al organismo encargado de medir y analizar esa información a nivel nacional.

Si las cifras de la macroeconomía siguen siendo alentadoras, es en gran parte gracias al aporte inestimable de las retenciones al campo, medida que iba a ser provisoria y que se tornó fundamental para mantener el creciente gasto público y el superávit fiscal.

Mientras tanto, para el campo -como para tantos otros sectores de la economía-, el 2008 comenzó sin un plan a largo plazo. Si bien el tambo respira aliviado hasta mediados de año, la ganadería se sigue retrayendo y achicando, con productores que se siguen pasando a la agricultura y con cada vez más trabajadores frigoríficos en la calle.

Sin embargo, nuestra gente de campo le sigue dando para adelante. Como les mostramos en este número de Campolitoral: los Dolzani, los Bianchi y su gente, que desde Avellaneda se ganaron el derecho a fabricar la nueva cosechadora de algodón desarrollada por el Inta y que los chinos quieren comprar para trillar sus más de 5 millones de hectáreas. Pese al retrógrado sistema impositivo con el que tienen que lidiar, en Dolbi como en muchas empresas de campo, se las arreglan para seguir creciendo. Tal vez porque, como nos dicen, en la Argentina, está todo bien.