Asistimos a un mercado internacional muy firme y con un comportamiento muy sólido, en cuanto a la tendencia de los precios de los principales commodities agrícolas. En el Golfo de México, el FOB para la soja, trigo y maíz, además del girasol, han llegado al mayor nivel de precios al menos de los últimos 30 años. Superaron incluso el máximo precio alcanzado durante 1995/96.
En cambio, el productor argentino no está recibiendo los precios que debería percibir en la misma proporción en que han subido los precios internacionales. Ya sea por el aumento de las retenciones como por medidas tales como el cierre de los registros de exportación en trigo y en maíz, lo concreto es que hoy el productor está dejando sobre la mesa muchos millones de dólares ante una política económica errónea que, hasta el momento, no ha dado los resultados esperados, al menos desde el punto de vista de los precios de los alimentos al consumidor.
El aumento de las retenciones es un daño visible y cuantificable, pero el cierre de los registros es directamente una medida lapidaria para los productores. Al modificar los patrones de oferta y demanda, el Gobierno afecta muy seriamente el comportamiento de la demanda, tanto local como de exportación; termina por provocar una destrucción de los precios que recibe el productor. El producto más perjudicado ha sido el trigo; en el caso del maíz, el precio que está recibiendo el productor en el mercado doméstico equivale al precio de paridad que pueden pagar los exportadores a partir de un precio FOB de 209 dólares por tonelada para el embarque abril/mayo.
Otro tanto ocurre con la soja, pero en este caso el productor recibe 20 dólares más que el precio de paridad teórica, y en este caso tiene todavía cierta influencia los volúmenes registrados con distintos niveles de retenciones y precios índices antes del aumento de las retenciones.
En el caso del trigo, la situación es alarmante. Si partimos de un precio FOB de 328 dólares, llegamos a un FAS teórico de 224 dólares, mientras que el precio real que hoy recibe el productor es de 163 dólares en el disponible y 176 dólares en la posición marzo en el Término porteño. La diferencia es de unos 50 dólares, equivale a casi 160 pesos; si proyectamos esta diferencia a toda la cosecha de trigo (estimada en 17 millones de toneladas) la pérdida real para los productores de trigo es de 850 millones de dólares.
Una cifra equivalente al costo de producción de seis millones de hectáreas, con lo cual podemos inferir que el Gobierno con esta medida esta hipotecando la futura siembra de trigo de la campaña 2008/09.
Toda una señal para un productor que ve como la soja, con la fuerte suba que ha tenido el mercado internacional compensando el salvaje aumento de las retenciones, se convierte nuevamente en el cultivo más seguro.
Hay que tomar conciencia de que la actual situación del mercado de trigo es responsabilidad absoluta de las decisiones tomadas por el Gobierno. Tanto los molinos como los exportadores son, en estos momentos, los mensajeros de la política implementada por el Gobierno, no son los responsables por ello. Los productores deberían presentar al Gobierno una propuesta superadora, a cambio de exigir la apertura de los registros de venta al exterior por un volumen acotado, por ejemplo de 500 mil toneladas. Cualquier nueva propuesta que se presente será mejor que perder 50 dólares por tonelada en un mercado mundial ávido por alimentos.
El maíz es otro cultivo que se consolidara durante el 2008 en una alternativa segura y rentable, en la medida que no entremos en una sequía. Hoy el maíz busca los 150 dólares por tonelada y esto sucede a pesar de estar los registros de exportación cerrados.
La firmeza se ve influenciada por dos factores; por un lado, las condiciones de sequía en muchas zonas de producción en el país; por otro, el fuerte aumento que se espera en el precio del maíz en Estados Unidos, ante la gran probabilidad de una futura caída en su superficie de siembra de maíz para la próxima campaña 2008/09.
Pablo Adreani. Analista del Mercado de Granos