Los reyes cada vez más, son apenas figuras decorativas y disponen de un poder limitado. En las pocas monarquías que quedan en el mundo los reyes cada vez gobiernan menos y se dedican a posar para las fotos y saludar a la plebe, además de atesorar y conservar, modos y estilos de vida que poco y nada tienen que ver con la vida cotidiana de la mayoría de los mortales.
En las últimas horas se conoció la decisión de la reina Isabel II de Inglaterra de ajustar el ya estricto código indumentario que rige en uno de los pocos bastiones reales -fuera del palacio de Buckingham- como lo es el hipódromo de Ascot, famoso por el desfile de las damas que exhiben sombreros extravagantes. Ahora la reina no quiere que se asomen mucho las piernas y se vean "cosas" improcedentes por lo que quedan prohibidos los tatuajes, las minifaldas son inapropiadas como tampoco podrá haber blusas sin espalda ni mangas y vestidos con tirantes angostos, y si alguna mujer concurre a Ascot con los hombros desnudos se les venderán pashminas. Reales decisiones.
Al otro lado del mundo se conocieron en las últimas horas las quejas de vecinos de Fisherton, en Rosario, donde sostienen que una casa se transformará en pocos días más en un bar atendido por señoritas muy ligeras de ropas a señores que buscan compañía y alcohol en dosis similares. Lejos, muy lejos de Ascot, aquí la "mercadería" debe ser exhibida porque forma parte de la oferta donde se mezclan noche, sexo, alcohol y vaya uno a saber cuántas cosas más. Eso sí, el cumplimiento del código indumentario supone que aquí las chicas provoquen y animen a un grupo de señores que ya no buscan espigadas líneas de potrancas en dura lucha por cruzar la bandera verde sino carnes en su más pura expresión.
Indudablemente que las normas que rigen las vidas de los flemáticos caballeros británicos se dan de patadas con el desborde de la noche rosarina. Extremos de un enorme arco en donde lo más difícil de encontrar es el camino del medio.