APROPIACIÓN DE ESPACIOS PéBLICOS EN EL VERANO
Distintos ritmos en Costanera Oeste
Al atardecer, los santafesinos salen a buscar aire libre, paisajes naturales y formas de emplear el tiempo. En la Costanera Oeste encuentran un lugar encantador.

La Costanera Oeste en toda su extensión -desde el puente Colgante hasta la Rotonda- es el paseo habitual de muchos santafesinos. Cada tiempo brinda su encanto a ese espacio que ofrece de marco la laguna Setúbal y un cielo extendido.

Allí, distintos mundos conviven en diversos horarios; sin embargo, el verano potencia las búsquedas de aire libre, de paisajes naturales y formas de emplear el tiempo, durante el atardecer y la noche en este territorio encantador.

Al anochecer, la Costanera contiene distintos ritmos: el de los que están sentados con su conservadora y disfrutando con amigos; el de los pescadores; el de los que caminan paseando y el de los que lo hacen de forma acelerada; el de los que corren y, con ellos, sus gotas de sudor e, incluso, el de los corazones de esas parejas que están mucho más allá de los ruidos y movimientos que definen el lugar.

CIRCUITO

La caminata es uno de los ejercicios elegidos por jóvenes y adultos, incluso recomendado por médicos por ser "completo": ejercita el corazón, la sangre fluye con más intensidad, limpiando el organismo de toxinas y radicales libres que se acumulan en los órganos, principalmente en el cerebro. La persona recupera su peso ideal o bien se acerca a él, por lo que hasta se siente mejor en su autoestima y energía. Hay quienes adjudican a la caminata milagros, ya que dicen que proporciona salud integral: física, mental y espiritual.

Allí se produce un despliegue de caminantes que, desafiando el calor, endurecen las carnes, aceleran su ritmo cardíaco, disfrutan el paisaje, se buscan y se encuentran con otros en ese circuito.

Carola y Romina intentan salir a caminar tres veces a la semana y, mientras se ponen al día en sus conversaciones, "porque siempre tenemos algo de qué hablar o algún comentario", caminan rápidamente sobre la vereda. En el camino suelen encontrarse con conocidos y, aunque intentan no detener el ritmo, suelen hacerlo.

Diego y Daniel aprovechan los atardeceres para jugar a la pelota en el solarium que ofrece Playa Grande, donde también dejan caer la tarde parejas y familias, que empiezan a disfrutar de la merma de temperatura y de la belleza que ofrece ese rincón.

Y la familia de María está encantada porque visitan Santa Fe como turistas y encuentran un paisaje deslumbrante, "con atardeceres que quedan grabados en nuestra retinas. Este paseo es espectacular".

DE LA REDACCIÓN DE EL LITORAL