Es llamativo el candor que embarga a los caudillos, aun a los más astutos y desconfiados, cuando se los adula. Desde hace 15 días un coro de peronistas se dedica a exaltar las virtudes de Néstor Kirchner y a suplicar su jefatura. Imposible saber si él percibe el cerco que, disimulado en esas alabanzas narcóticas, han comenzado a tender a su alrededor. Lo que parece la consagración del alto imperio kirchnerista es el primer intento por encorsetar a un líder que, en los últimos cuatro años, administró el poder de manera mezquina y solitaria. La resurrección del PJ es sólo una coartada para renegociar ese incómodo vasallaje.
La desarticulación del peronismo fue constitutiva del fenómeno Kirchner. Obsesionado por impedir el regreso de Carlos Menem en 2003, Eduardo Duhalde abolió las internas y multiplicó las candidaturas. Buscaba un ballottage en el que la clase media urbana, desprovista de un instrumento electoral por el colapso de la Alianza, canalizara su antimenemismo a través de un ignoto dirigente patagónico. Menem comprendió el experimento y bajó del ring.
El primer kirchnerismo buscó organizar ese apoyo virtual de una franja ajena al PJ. Imaginó transversalidades, rescató a los náufragos del Frepaso, capturó a los radicales que gobiernan. El peronismo fue escondido y hostigado. Sus caudillos bajaron la cabeza y hasta aceptaron que les intervinieran el partido con un amateur del espionaje.
Las elecciones del 28 de octubre último demostraron que el experimento había fracasado. Aquella clase media castigó a la señora de Kirchner, quien consiguió más adhesiones donde más acuciantes son las necesidades básicas insatisfechas (la proporción fue graficada en un cuadro por el economista Lucas Llach). A quien había sido señalada por Time como "la Hillary latina", las urnas le devolvieron un rostro más parecido al de "Chiche" Duhalde. El voto peronista regresó a un estadio precafierista.
Los coroneles del PJ detectaron que el segundo kirchnerismo dependería de sus jefaturas mucho más que el primero. En comidas discretas que se realizan desde fines de octubre, José Luis Gioja, Eduardo Fellner, Carlos Reutemann, Mario Das Neves, José Alperovich, Gildo Insfrán, entre otros, confesaron a Juan Carlos Mazzón o a José Pampuro su expectativa de participar en la dimensión nacional del poder. La edad del escarnio debía clausurarse. La restauración del PJ es una metáfora de esa pretensión. Los caudillejos del partido se proponen domesticar a Kirchner oficializando su jefatura.
Socialistas, frepasistas, radicales K se descubren víctimas de esta peronización. Lo hicieron notar en la Cámara de Diputados, al armar un bloque aparte. El titular del Frente Grande, Eduardo Sigal, quiere que Kirchner se reserve para presidir, ecuménico, el Frente para la Victoria. Julio Cobos y la UCR partidaria del gobierno piensan capturar el Comité Nacional de su partido para refugiarse en él.
Kirchner se allana al peronismo. Casi no pone condiciones, salvo que Daniel Scioli sea excluido de la mesa. Sospecha un vínculo con Eduardo Duhalde, pero no consigue detectarlo. Scioli parece angustiado por otros problemas. Le pidió a la presidenta 2.000 millones de pesos para enfrentar el reclamo salarial de los maestros. También teme por su seguridad: ya cambió cuatro veces a sus custodios, que recluta entre policías federales transferidos a la provincia con procedimientos inusuales.
No todos son dóciles como el gobernador de Buenos Aires. Mario Das Neves (Chubut) declaró que competirá por la presidencia en 2011, aunque deba enfrentar a los Kirchner. José Manuel de la Sota dijo lo mismo. Hasta hace poco, sólo los Rodríguez Saá caían en esa apostasía. Ahora hasta el tucumano Alperovich comenta su sueño entre íntimos.
La CGT es otro agente de esta reformulación política. Hugo Moyano se autoinvitó: "No apoyamos este proyecto, somos parte", le dijo a Cristina Kirchner, quien acababa de autorizarle el avance sobre los afiliados de mayores ingresos de las obras sociales. Gente que, casi seguro, no votó por ella. Moyano extenderá su "somos parte" a la política petrolera con una Confederación de Gremios Energéticos.
Julio De Vido autorizó el artefacto. Quizá sirva para que las presiones del gobierno sobre el mercado sean menos escandalosas que las de Guillermo Moreno sobre el presidente de Shell. A Juan José Aranguren se le solicitó que ratificara o rectificara declaraciones ante el escribano mayor de gobierno. Era difícil imaginar que una administración con tantos antiguos exiliados en su seno terminaría por imponer el delito de opinión.
Como los gremialistas, los gobernadores de provincias con hidrocarburos pretenden ingresar en YPF: no quieren ser menos que la familia Eskenazi en la ecuación político-empresarial de los Kirchner.
Claro, las dificultades con la infraestructura no provienen de la reanimación del peronismo. La crisis financiera global obliga a revisar importantes iniciativas en curso. George Soros acaba de decir que "los compromisos de los bancos de inversión con las compras apalancadas se volvieron pasivos". Es el caso de la venta del 14,9 por ciento de YPF a los Eskenazi. En Repsol conocen el problema: afecta a uno de sus accionistas, Sacyr Vallehermoso.
El banco Société Générale declaró una pérdida de 7.000 millones de dólares. Iba a financiar el tren bala, que ahora correrá más lento. Nada que lamentar.
Desde Bolivia llegan otras señales inquietantes. No alcanza el gas para abastecer a Brasil y tampoco a la Argentina. Como en un remate, la señora de Kirchner le hizo notar a Evo Morales que pagará, con la irónica excusa de la unidad latinoamericana, el mejor precio: 7 dólares por millón de BTU. El crónico desbarajuste boliviano desalienta las inversiones convencionales. Antes de fascinar con un par de aros a la presidenta, Morales comprometió a Irán a involucrarse en la exploración gasífera de su país.
Llamativa paradoja: mientras Mahmoud Ahmadinejad incursiona en la región de la mano de Hugo Chávez, el aparato multinacional de seguridad de Ciudad del Este desbarató una formidable red de financiamiento de Hezbollah. La justicia paraguaya allanó la empresa Discovery Import Export y comenzó a investigar las caudalosas operaciones de lavado de su titular, Mohamad Badrán. Meses atrás cayeron otros dos "tesoreros" sudamericanos de la guerrilla libanesa: Rady Zaiter y Farouk Omairi.
Pero el Ministerio de Relaciones Exteriores está concentrado en la pequeña y costosa historia del fraude con franquicias automovilísticas. Cristina Kirchner hubiera preferido montar el escándalo sobre los ricos y famosos que compraron, no sobre los diplomáticos que vendieron. Se lo dijo a Jorge Taiana. Teme la venganza de otras cancillerías. Ya hay quien investiga el entorno del propio Taiana.
Novedades más felices le llegaron a Kirchner desde Miami. Anteanoche, eufórico durante un asado en Olivos, explicó que el fiscal Alex Acosta, muy cercano a la Casa Blanca, había eliminado toda referencia a la Argentina al acusar al arrepentido Moisés Maiónica. En el gobierno calculan que los demás imputados podrían desdecirse y declararse culpables. Así se evitaría la audiencia del 17 de marzo. Earl Anthony Wayne podría verse con quien quiera en Buenos Aires. Y los Kirchner despertarían de su pesadilla.
Carlos Pagni
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