Keops, Kefren y Kirchnerinos

La ubérrima producción agrícola ganadera ha recibido una bala de apostasía y frustración de parte de quienes se ufanan, mediáticamente, de proyectar una Argentina a través de la producción primaria, con la inclusión de todos los eslabones de las cadena de valores que, entre otras cosas, generan trabajo genuino.

Cuando la esperanza de numerosos y pequeños productores, distanciados de los puertos exportadores, se alimentaba con el retorno del ferrocarril y el menor valor legítimo de los costos por la depresión de los fletes, se anunció, bizarramente, el desarrollo de una obra faraónica carente de lógica social y a contramano de las necesidades de la población, algunas básicas e insatisfechas, como un tren de alta velocidad (tren bala) para unir Buenos Aires, Rosario y Córdoba.

Los administradores de los recursos públicos, el dinero de la gente, determinaron con insoslayable soberbia, que 1.700 millones de dólares que luego, conforme a las actualizaciones, serán alrededor de 3.000 de la misma unidad monetaria, sean destinados a un emprendimiento inútil, alejado del sentido común y con razones sospechadas del porque de su realización, como fue el puente Rosario-Victoria.

La socialización ha quedado en una retórica anoréxica, porque la privatización de los ferrocarriles argentinos no sólo no modernizó el servicio, ni evitó millonarias pérdidas de gestión (los trenes son todos subsidiados), sino que ahora el material está 15 años más vetusto como consecuencia de la carencia de inversión y se calcula que más de 900 pueblos se mueren por la falta de red ferroviaria que, a su vez, ocasiona la pérdida de otros servicios esenciales.

El noroeste santafesino, sureste santiagueño y sur de Chaco, aportan más de 800 millones de pesos anuales en concepto de retenciones a las exportaciones, que no sólo no vuelven en caminos transitables, rutas asfaltadas, educación, salud, etc., sino que se desvían hacia obras faraónicas, propias de un país del primer mundo con muchas carencias resueltas, que no es justamente Argentina.

Para el ingeniero ferroviario Norberto Rosendo, titular de la Comisión Nacional Salvemos al Tren, el Cobra, por Córdoba, Buenos Aires, Rosario, sugestivo nombre �no?, carece de función social ya que "el precio del pasaje costará unos 200 pesos y el TAV para que justifique su inversión tendrá que tener un servicio o dos por hora y cada tren equivale, en pasajeros, a unos cuatro aviones. �Habrá gente para llenarlos?".

No obstante, el 16 de enero de 2008 se adjudicó la obra al consorcio Veloxia, dirigido por la firma Alstom, una empresa allegada al gobierno de Francia, que ejerció una fuerte presión para vender este proyecto. �Tendrá algo que ver la deuda con el Club de París?.

El tren bala no marcará el comienzo de la recuperación ferroviaria, ni destilará sensaciones de un país igualitario y federal. Al campo le hacen falta trenes de carga, donde cada vagón equivale a la capacidad de un camión y medio, para moderar el uso del transporte más caro y depredador de rutas. En agosto de 2006, un referente del sector lácteo dijo: "Duele que el gobierno de Santa Fe diga que comparte las políticas nacionales".

Quizás el senador nacional, socialista y santafesino, Rubén Giustiniani, quien solicitó el esclarecimiento de las irregularidades cometidas durante la construcción del puente Rosario - Victoria (2003) y defendió la dignidad de los acueductos, pueda intentar socializar una política que por ahora se circunscribe a la nimiedad de la oratoria.

Eloy Rodríguez