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La sombra nunca nos va a permitir errar; hacele caso y vas a poder disfrutar del sol y del aire libre. Ésta sería la principal recomendación de los dermatólogos (la Sociedad Argentina de Dermatología) para aquellos que quieran exponerse al sol durante estos cálidos días de verano.
La idea es que para tener una piel sana debemos protegernos del sol para no dejar que la dañe. Pero el mensaje apunta, fundamentalmente, a los niños, las personas que ante la exposición solar se queman y no se broncean, las personas de piel y ojos claros, las que por su trabajo pasan mucho tiempo al sol, quienes practican deportes al aire libre, los que tienen historia familiar o personal de cáncer de piel, o las personas con muchos lunares.
Lo concreto es que debemos saber lo siguiente e inculcarlo a los chicos desde pequeños: si estamos sin reloj podemos evaluar el riesgo de exposición solar con el denominado Método de la Sombra. Cuando no hay sombra o tu sombra es corta (más chica que tu altura), el daño que produce el sol sobre tu piel es mayor.
Nos tenemos que proteger más del sol durante los meses del verano. El solsticio es el día en que el sol ilumina más directamente alguno de los hemisferios y marca el comienzo del verano. El 21 de junio comienza el de verano para el hemisferio norte y el 21 de diciembre para el hemisferio sur. Por este motivo, el sol de diciembre es tan fuerte como el de enero, el de noviembre como el de febrero y el de marzo como el de octubre.
La Sociedad Argentina de Dermatología (FAD) siempre recuerda que los bebés y niños menores de 6 meses no deben ser expuestos al sol. Luego pueden ir pero en horas apropiadas, con mucha moderación y protegidos con pantalla solar, ropas adecuadas y gorros que cubran su cabeza.
Además, asegura que -a medida que crecen- los padres y educadores deben enseñarles a protegerse con medidas sencillas que puedan comprender a su edad e incorporarlas a sus prácticas de vida. Los efectos de la radiación ultravioleta son acumulativos en el tiempo y por eso es importante ahorrar exposición solar desde la infancia.
Tras desmitificar la pauta cultural del bronceado como sinónimo de salud, la FAD explicó que para aprovechar los efectos benéficos del sol no es necesario sobreexponerse. Para la síntesis de vitamina D, por ejemplo, no es necesario "tomar sol" como suele decirse; mínimas exposiciones son suficientes.
Hoy se sabe que la exagerada exposición al sol (radiación ultravioleta) durante períodos prolongados de la vida aumenta el riesgo de padecer cáncer de piel y provoca el envejecimiento prematura de la piel. Se debe limitar siempre el tiempo de exposición al sol, cualquiera sea la hora del día o la época del año. Y se debe recordar que el uso de pantallas solares no es suficiente, ya que se deben tomar las precauciones que los dermatólogos recomienda.
Además, este profesional es el indicado para decirnos qué fotoprotector usar, luego de hacer un estudio de nuestra piel, evaluar otros aspectos de nuestra historia clínica y aconsejarnos el que mejor se adapte a las características de la piel.
Tendrá en cuenta sus actividades laborales y de esparcimiento al aire libre. El dermatólogo sabe cuáles son los filtros solares que le darán protección segura frente a los rayos UVB y UVA. Además, tendrá en cuenta las cualidades cosméticas del producto para que estéticamente sea agradable y a usted le guste usarlo.
Antes de recetarle una pantalla solar le aconsejará la que le brinde resistencia al agua, protección por tiempo prolongado, que esté libre de perfumes (éstos pueden generar reacciones alérgicas y manchas en la piel) y que esté aprobado por normas internacionales. Conoce entre todas las opciones aquella que mejor lo protegerá en cada momento.
Por último, la Sociedad Argentina de Dermatología dejó los siguientes consejos para promover la cultura del cuidado de nuestra piel:
El Colegio de Farmacéuticos de la provincia, primera circunscripción, en su revista Por Nuestra Salud (enero de 2008), aporta algunas recomendaciones para conservar adecuadamente los medicamentos cuando hace calor.
Explica que todos los medicamentos tienen en sus envases ciertas especificaciones sobre sus condiciones de conservación y fecha de vencimiento. Los laboratorios fabricantes -antes de liberar los medicamentos al mercado- realizan pruebas de estabilidad y, por eso, son los únicos que pueden determinar las condiciones que aseguren el mantenimiento de la calidad del producto.
Algunos medicamentos deben conservarse entre 2° y 8° (en heladera o cámara de frío, no congelarse), mientras que otros a una temperatura inferior a los 25° ó 30°. En este último caso, en el verano, cuando las temperaturas ambiente son mayores a las requeridas y por un período prolongado se los debe proteger manteniéndolos en sus envases originales, dentro de la caja y bien cerrados. No se recomienda colocarlos en la heladera sino en un lugar ventilado o fresco de la casa.
Sin embargo, el Colegio explicó que existen otros medicamentos en los que se indica "conservarlos a temperatura ambiente", sin especificar los límites de temperatura. En este caso, se deben mantener en lugares frescos y secos, no expuestos al calor directo ni al sol, ni deben ser guardados en las heladeras o botiquines del baño.
Por otra parte, advirtió que algunas formas farmacéuticas (como supositorios, óvulos y cremas) son bastante sensibles a las temperaturas elevadas. Por eso, mencionó que todo producto cuya apariencia exterior se observe visiblemente modificada no debería ser consumido ni administrado, debido a que la alteración del aspecto exterior podría producir una modificación de las propiedades del medicamento.
Por último, recordó que cuando las personas transportan sus medicamentos deben tomar precauciones para mantener las condiciones de conservación especificadas en el envase. Por eso, las que deben ser conservadas entre 2° y 8° deben ser transportadas en condiciones que respeten la cadena de frío: conservadoras de telgopor con refrigerantes, que debe ir separado del medicamento con un cartón, para no congelarlo. Además, en el caso de temperaturas ambientales elevadas se recomienda administrar el medicamento tan pronto como se hayan sacado de la heladera.
En tanto, los medicamentos que se conservan a una temperatura inferior a los 25° ó 30° y a temperatura ambiente no deben ser sometidos a temperaturas elevadas como las que frecuentemente se alcanzan en las guanteras o habitáculos de los autos expuestos al sol. Se aconseja transportarlos en un embalaje isotérmico no refrigerado, como una conservadora de tergopol o bolsas térmicas pero sin hielo ni refrigerantes.
Este índice ofrece un pronóstico de los niveles de radiación UV para cada día. Va en una escala de 0 a 11+: bajo (menor o igual a 2: siempre debemos cuidarnos, especialmente en el agua y la nieve, ya que aumentan el efecto de las radiaciones); moderado (de 3 a 5: debemos tomar precauciones, cubrirnos y permanecer más tiempo a la sombra y usar protectores); alto (de 8 a 10: debemos reducir al mínimo la exposición solar y los niños jugar a la sombra); índice extremo (más de 11: debemos evitar el sol y usar todas las medidas de protección solar, además de buscar la sombra).
El sol aporta calor, produce la síntesis de la vitamina D, permite la visión, la fotosíntesis y la fototerapia. El sol es necesario para la vida, mejora nuestro ánimo. Sus rayos nos calientan y podemos ver, ya que nuestros ojos responden a la porción de luz visible del espectro solar.
Los rayos UVB y UBA del sol producen quemaduras, desarrolla enfermedades malignas como el cáncer de piel, cataratas, fotoenvejecimiento (arrugas, sequedad, piel fina y manchada) y disminución de la respuesta inmune.