La Iglesia Católica quiso ya desde un principio, conmemorar la muerte de Jesús el mismo día que lo relatan los evangelios. Como en aquél tiempo, los judíos -igual que ahora- se sirven del calendario lunar. Por este motivo la Iglesia ha sido fiel al calendario lunar.
De hecho, el calendario de Semana Santa, se rige por el día en que cae el Domingo de Resurrección, que es el domingo siguiente a la luna llena del mes de Nissan (el mes de los judíos) y corresponde entre el 22 de marzo y el 25 de abril.
Después de atravesar la región de Extremadura llegaremos a Sevilla, capital de Andalucía, centro del descubrimiento de América en la península, asentada en el valle del Guadalquivir, justo para unirnos a su pueblo en las procesiones y los pasos que cargan imágenes religiosas que ocupan de lado a lado las calles de la ciudad durante el jueves y viernes santo. Son días, especialmente noches, donde se percibe en el aire una emoción difícil de eludir; un sentimiento que excede, incluso, la fe religiosa.
Es, sin lugar a dudas la mayor Fiesta de Sevilla y una de las más importantes de España. Durante estos días, desde el Domingo de Ramos hasta el siguiente Domingo de Resurrección, transcurre la llamada Carrera Oficial, es la zona de la ciudad por la que pasan todas las cofradías de la Semana Santa de Sevilla en su recorrido de penitencia, comenzando por la plaza de la Campana y siguiendo por calle Sierpes, plaza de San Francisco y avenida de la Constitución, para entrar a la Catedral de Sevilla realizando la Estación de la Penitencia. No es un camino corto: el paso puede estar en la calle unas ocho horas.
Mientras los penitentes intentan hacerse paso entre la multitud, se escuchan las saetas, esos lamentos hechos canción, tan típicos del flamenco.
Estos desfiles que se realizan en casi toda la región de Andalucía desde el siglo XIII, son protagonizados por cofradías y hermandades, agrupaciones religiosas de ciudadanos que adscriben a una parroquia, que alberga las imágenes que saldrán en procesión. Cada cofradía tiene dos pasos, el primero representa a Jesús en la cruz o en otra escena de la Pasión y el segundo, a la Virgen.
Hoy en día son 57 las cofradías de Sevilla que hacen estación de penitencia a la Catedral, algunas muy antiguas, algunas de la posguerra y otras más recientes. La denominación de las hermandades de Sevilla suelen ser muy largas y es por esto que los sevillanos, para diferenciar unas de otras, denominan a las cofradías por el nombre del Cristo, de la Virgen, por el nombre de la parroquia de donde residen o por los gremios que la fundaron.
Durante estos días de procesiones los sevillanos acompañan a las imágenes en sus pasos, vestidos de nazarenos -son los hombres que desfilan delante de cada paso, van con sandalias o descalzos, vestidos con una túnica larga y las cabezas cubiertas con gorros, largos y puntiagudos- portando, cirios y cruces, acompañados por una cuadrilla de costaleros -30 a 40 personas encargados de llevar a cuestas los pasos, que llegan a pesar más de 100 kilos y son verdaderas obras de arte- guiados por un capataz y alguna banda de música, un trío de vientos o simplemente del silencio.
No hay que olvidar que es primavera en Andalucía y así, como la mayoría se lanza a las calles, hay quienes esperan a su imagen preferida en bares de tapas, bebiendo jerez, cerveza o chocolate caliente con churros.
"Recuerdo circular en Semana Santa por las calles de Granada, y el ruido tan curioso que hacían las ruedas al pisar la cera de las velas que cubría el empedrado de las calles...".
En Córdoba el cauce del Guadalquivir es mínimo, pero los terraplenes están cubiertos por una floresta que atrae aves y mariposas. Los jardines de la Agricultura, los jardines del Conde de Rivas, el paseo de la Victoria, el Jardín Botánico, el parque con estanques del Alcázar de los Reyes Católicos y los márgenes arbolados del río envuelven la ciudad con una especie de muralla de sombra. Son espacios libres que permiten aproximarse poco a poco, por vías "augustas", a la Córdoba cristiana, que se mezcla en cada partícula del aire, del suelo y del subsuelo, con la Córdoba romana, la musulmana, la judía y la de hoy mismo.
""Nunca se había dicho tanto con tan poco", dijo el arquitecto madrileño Rafael de La Hoz, refiriéndose a la Plaza de los Capuchinos. Creada entre los siglos XVII y XIX, cuando varias órdenes religiosas compraron terrenos contiguos, dejando en el centro un rectángulo empedrado; donde desde un lado se alza uno de los emblemas de la Córdoba católica: el Cristo de los Desagravios y Misericordias, popularmente conocido como el Cristo de los Faroles.
Pocas cofradías tienen el privilegio de poder iniciar su estación de penitencia desde un enclave tan emblemático para esta ciudad como es la plaza de los Capuchinos.
En Córdoba hay actualmente 35 Cofradías de Penitencia que son las encargadas de realizar las procesiones durante la Semana Santa.
El consejo también lo forman las Cofradías de Gloria de Córdoba que, a diferencia de las de penitencia, no procesionan en las fechas de Semana Santa.
El Sábado de Gloria se celebran los oficios por la noche y en ellos se bendice el agua. En los oficios se canta el Gloria, tocan las campanas y ésta es la señal para que incendien al Judas en la calle donde lo hayan colgado. Este judas es un hombre hecho de trapo y relleno de paja que se cuelga en algunas calles o plazoletas, y simboliza a violadores o delincuentes de Córdoba.
La historia de Granada se puede prolongar hasta periodos más que antiguos, hasta decir, incluso, si su fundación estuvo a cargo de una hija de Noé, o por el contrario, de una hija de Hércules de nombre Granata.
Pero la historia, que es siempre una opción estética, asegura que hubo en Granada un importante asentamiento ibérico y también romano, algo habitual en casi todas las ciudades del sur de la península Ibérica. También confirma que jugó un importante papel en la cristianización de la Península, no sólo por la documentada aparición en torno al año 60 de nuestra era, de Cecilio, santo patrono de la ciudad, sino porque además en Granada, entonces Iliberis, se celebró el primer concilio de la iglesia española alrededor del año 300.
Todas las fechas de la historia son importantes para una ciudad. Pero en Granada, además, existe un eje claro, una fecha que la organiza como una gran bisagra temporal y da sentido a un antes y a un después y es este Domingo de resurrección, que nos despide y convida a dirigirnos al Sur, al Mediterráneo y más allá nos espera Marruecos...
Dijo una voz popular...
�Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar.
Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz.
Cantar de la tierra mía
que echa flores
al Jesús de la agonía
y es la fe de mis mayores
íOh, no eres tú mi cantar
no puedo cantar, ni quiero
a este Jesús del madero
sino al que anduvo en la mar!.
Demostración de fe
Durante el Domingo de Ramos hasta el siguiente Domingo de Resurrección transcurre la Carrera Oficial; es la zona de la ciudad por la que pasan todas la cofradías de la Semana Santa de Sevilla en su recorrido de penitencia. No es un camino corto: el paso puede estar en la calle unas ocho horas.
Una rica historia
La historia asegura que hubo en Granada un importante asentamiento ibérico y también romano. También confirma que jugó un importante papel en la cristianización de la Península, no sólo por la documentada aparición en torno al año 60 de nuestra era, de Cecilio -santo patrono de la ciudad- sino porque se celebró allí el primer concilio de la iglesia española alrededor del año 300.