Reflexiones del padre Stoffel
Alarma por los efectos de la exclusión en barrio Chaqueño
El responsable de la Parroquia San Cayetano, ubicada en Guadalupe Oeste, advirtió sobre las profundas fracturas sociales en la zona donde conviven en un radio limitado barrios de sectores excluidos, medios y altos. Habla de los hechos de violencia como síntomas de la "degradación de las condiciones de vida" de la gente. Asumió las limitaciones de la labor pastoral frente al crecimiento del fenómeno en los últimos tiempos y critica ciertos posicionamientos de los sectores más pudientes de la zona.

"Hace 20 años que estoy trabajando en el barrio Chaqueño, que en los '70 nació por impulso de la gente. Entonces, se convocaba a comprometerse con los inmigrantes, los pobres y los chaqueños que poblaron la zona, porque la patria liberada estaba al alcance de la mano. Hoy, muchos de los que sostenían eso los demonizan", afirma apresuradamente el padre Edgar Stoffel, antes de sentarse a la entrevista. Y continuó: "En 30 años se produjo un proceso que fue desde creer que el reino de los cielos se construía en el barrio a afirmar que allí está lo peor de la sociedad".

Después de estar más de dos décadas al frente de la parroquia San Cayetano, manifiesta una sentida preocupación por la "demonización" de los sectores medios y altos hacia los "chaqueños", como resultado del exponencial crecimiento de hechos de violencia.

Como describe Stoffel, es un área socialmente heterogénea, y ello constituye hoy una fuente de alta conflictividad: "El sector residencial (donde viven las personas más ricas de Santa Fe) linda con uno de los barrios donde viven las personas más pobres; hay grandes avenidas y centros comerciales muy cerca de pasillos impenetrables; también áreas semi rurales junto a las del más alto nivel de urbanización, como Guadalupe; y además, vías y descampados".

Al cura no le preocupa tanto la inseguridad ("para esto hay soluciones policiales y decisiones políticas") como la escalada de violencia y los que -a su juicio- son los principales protagonistas: "Los que mueren, mayoritariamente, son jóvenes. Es terrible".

El escape de los sectores medios

"La violencia pone de manifiesto la degradación en la calidad de vida, en los imaginarios sociales y en los valores. En Guadalupe lo más común es escuchar `mientras se maten entre ellos, está todo bien'. Esto es muy grave porque es una actitud muy común de sectores con recursos e ilustrados: entienden que mientras la violencia no los afecte, será una problema ajeno", precisó.

Contrariamente a estas posiciones, Stoffel considera que hace falta una intervención más amplia de la sociedad: "El Chaqueño (hablo de la comunidad que conozco, pero podría extenderse a otras) es un problema de la sociedad en su conjunto. La demonización que ellos sufren hoy es una especie de escape de los sectores medios, es no hacerse cargo del problema".

"Actualmente no hay gente que quiera comprometerse con el barrio: antes eran muchos los que se dedicaban al trabajo social. Pero hoy tienen miedo, no quieren correr peligro. Desde un punto de vista, esto es un escape de los sectores medios respecto de la violencia", agregó el sacerdote.

Asumir el fracaso

"No tengo vergüenza en asumir que hemos fracasado en nuestra labor pastoral frente a las nuevas formas de violencia, tenemos que ser honestos. La gente perdió el sentido del temor de Dios, el respeto a la vida y a la ley", admitió el párroco.

"Los viejos imaginarios de lo comunitario, lo social y lo religioso están siendo reemplazados por formas muy primarias de comportamiento. Sin embargo, hay que apostar a la esperanza, porque de lo contrario, estamos entregados", evaluó.

Finalmente sugirió recomponer el diálogo a partir de la comprensión cabal de estos fenómenos: "La cosa no pasa por justificar todo ni pensar que la gente de estos barrios es tan mala que sin nosotros no se pueden redimir. Parte de la solución pasa por hacer que ellos se conviertan en protagonistas de su propia historia".

De muertes y venganzas

"Me preocupa la cultura de la muerte y la venganza. Por lo general, luego de un asesinato aparece otro muerto del grupo de los que mataron primero. Esto hay que frenarlo", enfatizó Stoffel, preguntándose en voz alta cómo abordar el tema: "�Desde lo que nosotros -sectores clase media- entendemos que tiene que ser el trabajo social y pastoral? �O nos tenemos que dedicar a entender desde otro lugar lo que está pasando en ese mundo, comprendiendo de otro modo sus valores y sus limitaciones?".

Para el sacerdote existen "complicidades" que explicarían la notoria falta de denuncias por parte de la población, además del miedo: "Uno se pregunta por qué no lo hacen. En el barrio circulan motos de gran cilindrada a cualquier hora cuando todos sabemos que no se puede entrar sin pagar peajes. Sin embargo, te encontrás con autos último modelo y motos nuevas. �Qué hacen? �Qué es todo eso?".

"A esto hay que agregar que la seguridad es muy pobre en la zona porque la Comisaría 8va. tiene una jurisdicción enorme y con diferencias culturales, sociales y hasta ideológicas muy notorias en su población: en las asambleas hay posturas contrarias a aumentar la cantidad de policías en las calles y otros que piden más mano dura", explicó.

Lorena Menaker