Señores directores: Aún falta para despedirnos de la época estival, pero más de uno ya estará afilando sus serruchos, motosierras, guadañas, tijeras y adminículos afines, para dar rienda suelta a su gran pasión otoñal: la poda, o mejor dicho, la guerra declarada a todo ser en el que corra savia por sus venas. Algunos deben hacerlo por cuestiones de espacio, pero otros lo hacen porque lo hacen los otros. Ahora dejemos de lado la buena intención de jardineros y amas de casa preocupadas por la apariencia de sus patios y veredas; metámonos con quiénes cruzan el lindero del derecho de los demás. Me refiero a los que se aprovechan del producto de la poda para materializar el sueño del pibe: "jugar a los indios". Pero ojo, saben hacerlo bien. No es cuestión de que la casa de ellos se les llene de humo, porque después nadie saca el olor a rancho. Lo ideal es esperar a que cambie el viento y lleve las volutas para otro lado; aunque en el otro lado siempre hay un vecino. Si la hierba, hojas y tronquitos están secos arderá mejor, y las llamas se levantarán tan alto que actuará como invitación para los que quieran adherirse a las señales. Todas son bienvenidas. Algunos sólo con fósforos y papel, aunque otros son más prácticos y recurren a derivados del petróleo; y el que no podó nada le prenderá fuego al baldío más cercano.
Lo bueno es que se divierten con poca plata, lo malo es que de empatía saben un bledo. A nadie se le ocurre pensar que, justo en esa época, nuestros ancianos, la gente con problemas alérgicos y asmáticos sacan del botiquín un arsenal de medicamentos porque les cuesta respirar. Y el humo llega lejos. Sigo creyendo que se trata de educación; y la educación debería comenzar por la escuela, concientizando a los más chicos, que son los que están más dispuestos a aprender (porque los grandes ya se la saben todas) que ponerse en el lugar del otro nos torna más humanos y nos aleja de nuestros parientes, los primates. Puede ser molesto tapar la vereda con restos vegetales por varios días, pero eso ya es un problema de los funcionarios a los que hemos votado para algo. Y por esto, nuestros viejos, alérgicos y asmáticos no tienen por qué pagar.
Existen leyes que prohíben este sacrilegio ambientalista, pero por supuesto no se cumplen. Luego, no es cuestión de golpearse el pecho en repudio a las papeleras; sino hacer cada uno lo que el sentido común dicte, desde donde humildemente estamos parados. Si no es mucho pedir, por supuesto. Es que estamos en la Argentina, país bello en el que todo se puede esperar.
Hugo Zorzi - DNI: 12.358.539. Ciudad.