Hacia "tolerancia cero"

En una sociedad como la nuestra, que ha vivido atenazada por controles hasta del pensamiento, no resulta extraño que proliferen los llamados "derechos humanos", a los que uno vincula no sólo con el valor más apreciado por el hombre, esto es: la libertad. Es decir, poder hacer lo que quiero, cuando y como quiero, sin preocuparme mayormente por la opinión "del otro".

Claro que, dentro de esa "libertaria" existen vallas que impiden su realización efectiva, y la mayor dificultad se encuentra que entre el "uno" y el "otro" generalmente existe una zona que es la conflictiva, y que no es fácil de resolver.

Es decir, en el diferendo, "uno" tiene -por lo menos- el 51 por ciento de la razón, pero el otro también tiene el 51 por ciento, por lo que existe esa zona conflictiva en la que se dirimen los conflictos.

�Policía versus Poder Judicial?

Hace pocos días se desató una controversia entre expresiones del jefe de Policía de Santa Fe -cuya consecuencia fue el retiro obligado del policial- quien dijo "su verdad", esto es "tiene razón pero marche preso", y las declaraciones de un conspicuo magistrado, quien dijo que la libertad era parte del proceso, es decir, también dijo su "verdad".

Para justificar en una síntesis dónde radica la discrepancia entre estas dos verdades, creemos que lo que no se dice es que la Policía hace bien en apresar al delincuente, y la Justicia hace bien en liberarlo. Pero lo que no se ha tenido en cuenta es que para este segundo paso, se necesita y existe una maraña de leyes, decretos y anexos que siguen vigentes y que algunos avisados bien aprovechan so pretexto de los derechos humanos.

De modo tal que la aparente discrepancia que señalamos, podría ser resuelta con prontitud, si el poder que no aparece, esto es, el Poder Legislativo, se ocupase de dar forma a una estructura legal que asegurando la protección del derecho humano en plenitud, garantice que el detenido tiene la garantía del debido proceso, pero como contrapartida, que debe purgar su falta.

La sociedad que nos cobija -o debería cobijarnos- no debe olvidar que un delito puede ser uno solo o puede ser el comienzo de una carrera.

Pero además, debe contrapesar -no para desvirtuar- los alcances de estos derechos humanos, que paralelamente existen -o deberían existir- deberes humanos, que podemos decir son los contenidos en el catecismo que nos impone no sólo la religión sino la vida.

El caso típico de este aparente silogismo es el de los menores.

Es penoso para quien, como en nuestro caso, se ha visto privilegiado por tener una prole numerosa y eficiente, poner la mira que cuestiona en el tema: �hasta dónde se puede tolerar que se siga admitiendo que si el delito es cometido por un menor es, casi, como si no existiera?

Naturalmente que la temática de la responsabilidad no es "moco de pavo" y se corre el peligro de ingresar a la corriente oscurantista de la "pericolosit� senza reato" que utilizaron las técnicas fascistas, que no se pueden sostener. Pero es indudable que tiene que existir, tiene que encontrarse un equilibrio entre derecho y justicia, para que no tengamos que lamentar que el menor delincuente al cual se lo ha �impulsado? por los privilegios que cree tener, culmine su carrera con más y más crímenes. �Y la responsabilidad de los padres?

Esa tarea ordenadora, legislativa, de pensamiento jurídico y social debería entretener a los responsables del poder legislativo.

Partir con el pensamiento de que sólo tenemos derechos, y no obligaciones paralelas es un riesgo que no debemos correr.

No debemos olvidar que de a poco podemos llegar a la "tolerancia cero". Sería bueno recordar a quienes incursionan por esta vía que, como lo señalara un jurista de primera, Eduardo Couture, "tu deber es luchar por el derecho, Pero el día que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia".

Carlos Héctor Parodi