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Está en Egipto
El último mercado de camellos
Lejos de las ideas románticas que puedan inspirar, la mayoría de los tres mil camellos que son vendidos cada viernes en Birqash está destinada a proveer carne barata a los más pobres. El valor de cada uno oscila entre 500 y 2.000 dólares, según su edad y condiciones.

Francesca Cicardi (EFE)

Como cada viernes, tres mil camellos son vendidos en Birqash, en las afueras de El Cairo, en su gran mayoría para acabar degollados y despachados como carne barata para los más pobres.

Según los comerciantes, Birqash es el último y mayor mercado de camellos en Oriente Próximo. Sólo en la península Arábiga, dicen, puede haber mercados similares.

Los camellos llegan a este enorme descampado desde Sudán y Somalia, y cerca del 95 por ciento de ellos acaba en las cazuelas de las clases bajas egipcias, dado que es la carne más barata, aunque los usos del camello son múltiples.

En Birqash, a 50 kilómetros al noroeste de El Cairo, los compradores pujan por ellos por un valor de entre 500 y 2.000 dólares, dependiendo de la edad, el peso y el origen del animal.

Las crías, sobre todo las que conservan más de seis dientes de leche, y las camellas vírgenes alcanzan un precio elevado, ya que su carne es más tierna.

El camellero más veterano del mercado, Hajj Mohammed Abdelal Al Sheri, es un rico hombre de negocios que, desde una oficina, dirige las transacciones, escoge a los mejores compradores y asesora a los demás comerciantes.

Con reloj de oro, gafas de sol y un látigo en la mano, explica a EFE que Birqash es el principal zoco de Oriente Medio y él, una autoridad en el negocio de los camellos, en el que su familia lleva generaciones.

En el despacho de Al Sheri cuelga un título que certifica que desciende de la familia del profeta Mahoma y él mismo no quiere dejar pasar la oportunidad para destacar que en el libro sagrado del Islam, el Corán, aparecen citados los camellos.

Estos animales "amigos" de los musulmanes siempre han sido explotados en los países árabes, pero hoy en día han quedado prácticamente relegados a la cocina.

Su carne sirve de sustento para los más pobres, al ser más barata que cualquier otra -menos de 5 dólares el kilo- y, aunque su sabor no sea exquisito, cocinada al vapor es muy saludable, debido al bajo contenido en colesterol, según coinciden en señalar camelleros y carniceros.

Aun así, la carne de camello no está muy bien vista, y los egipcios, un pueblo acostumbrado a dietas vegetarianas, prefieren carne de carnero o de vaca para celebrar las ocasiones.

La piel del camello tampoco es muy apreciada por su tacto áspero, pero es económica y calienta como ninguna otra en las noches del desierto.

Pese a que el camello forme parte del paisaje habitual de las pirámides de Ghizeh como medio de paseo del turista, son muy pocos los ejemplares que van a parar a este sector, sólo aquellos que ya no son comestibles.

Los turistas que sucumben al encanto del camello -sin saber cómo se balancea el animal- pagan unos cinco dólares por montar en el cuadrúpedo, dar una vuelta y tomar unas fotos inolvidables.

Son cada vez menos los camellos que ayudan en las faenas agrícolas, pues el dócil burro es más versátil; el tractor, mucho más rápido, y ambos están desplazando al secular camello de los oasis de Egipto.

A pesar de que su aspecto pueda indicar lo contrario, los camellos son animales muy inteligentes y expertos en sobrevivir en las condiciones más duras.

Pueden subsistir en el desierto durante dos meses sin agua ni comida gracias a que almacenan en su joroba los nutrientes necesarios para este período.

Siempre se sitúan de espaldas al sol para no perder ni una gota de agua al sudar y no expulsan la orina, sino que su organismo la aprovecha para proporcionar minerales vitales en el desierto.

Concurso de belleza

El cuello, los labios, los ojos y la altura son, entre otros, los factores que determinan la belleza de un camello en el concurso que se desarrolla en Emiratos Árabes Unidos, donde a diferencia de lo que sucede en Egipto, hay por este animal una especial devoción.

En el evento, realizado en el oeste de Abu Dhabi, participaron unos 10.000 camellos de todo el mundo árabe, aunque la mayoría de ellos eran de Arabia Saudí, Qatar y el país anfitrión, Emiratos.

El concurso, llamado "muzayna" (belleza) es el segundo de este tipo que organiza Abu Dhabi en seis años, y se desarrolló en varias etapas, en cada una de ellas compitieron un grupo de camellos según su edad, color y raza.

Los propietarios de los animales ganadores recibieron premios de hasta 9 millones de dólares, además del honor de convertirse oficialmente en los dueños de los camellos más bellos.

Los organizadores subrayan que su principal objetivo es conservar la tradición y la cultura de la península arábiga, donde los camellos tenían una especial importancia para los árabes en el pasado y ahora son para muchos habitantes de la zona un símbolo de situación social.

En Emiratos Árabes y otros países de la zona, sobre todo Arabia Saudí, se organizan varias veces al año carreras de camellos, que montaban niños -en su mayoría del subcontinente indio- hasta que hace cuatro años el gobierno emiratí decidió sustituirlos por robots.