Flavia Rossi
Cuando se levantó el paro agropecuario, luego de 21 días de parálisis productiva y comercial, la situación lentamente empezó a normalizarse. Aunque los resultados de los reclamos todavía no se plasmaron -hasta ayer no se habían reglamentado las promesas que hizo el Gobierno el lunes pasado-, la tregua servirá para evitar desgastar las posiciones de ambas partes.
Por un lado, permitirá mejorar la disposición del Estado para revisar los temas que están en la agenda y atenuar los efectos sobre las distintas actividades agroalimentarias; por otro, los productores podrán cosechar la producción de la campaña.
El problema era serio. La cosecha está muy demorada y la tardanza no es gratuita. Marzo terminó con un avance de trilla de apenas cinco por ciento del área sembrada de soja, sensiblemente por debajo del 10 por ciento del ciclo 2006/2007, cuando las inundaciones afectaron a gran parte del país y del 21 por ciento de la campaña 2005/2006.
También la recolección de maíz está atrasada. Se levantó el 20 por ciento contra 28 por ciento del año anterior. Con la mercadería en las plantas, se sabe que la ocurrencia de lluvias, vientos intensos o la caída de granizo puede afectar seriamente los rindes.
Ni bien se levantó la medida de fuerza, los productores retomaron las tareas de cosecha y dirigieron los camiones a las rutas para empezar a cumplir sus compromisos. Ayer arribaron a los puertos de la zona de Rosario casi 60 mil toneladas de soja y 46 mil toneladas de maíz, es decir, sólo el comienzo para poder abastecer a los barcos que están esperando para cargar más de 300 mil toneladas del poroto y de 600 mil toneladas del cereal.
En total, se demoró la entrega de casi cinco millones de toneladas de productos: la mitad de maíz y el resto de semillas y productos oleaginosos.
El paro agropecuario coincidió con una desaceleración de los precios internacionales de la soja. Los exportadores incumplieron algunos contratos y se frenaron las ventas de poroto y harina de soja por la falta de mercadería interna.
Las puntas vendedora y compradora se separaron y los valores de mercado fueron poco representativos. A pesar de esto, la necesidad de originar, sumada a la baja del índice FOB, atenuó el impacto de la medida.
Así fue que la exportación pasó de pagar 1.060 pesos el lunes previo al anuncio del Gobierno (con retenciones fijas en 35 por ciento) a pagar 910 pesos ayer (291 dólares, con un arancel de 38 por ciento), igualando la cotización del Mercado a Término de Buenos Aires (Matba) para la entrega en cosecha.
Este precio implicó una mejora de 60 pesos desde el día del cambio de sistema, cuando el arancel había llegado a 45 por ciento.
El caso del maíz fue distinto. Los precios internacionales se mantuvieron más firmes, elevando consecuentemente los índices FOB. Siguieron anotándose ventas (tres millones de toneladas adicionales en la segunda quincena de marzo) y se agudizó la necesidad de recibir mercadería para cumplir con los compromisos inmediatos.
Tanta fue la necesidad de los exportadores que, aún con un mayor el arancel de retenciones (del 25 por ciento fijo se pasó a tributar 26 por ciento) pasaron de pagar 500 pesos por tonelada el lunes previo al anuncio de retenciones móviles a 540 pesos (172,8 dólares) esta semana, igualando los valores del Matba y renunciando a parte del margen de negocio de la propia exportación.