Señores directores: Incomunicación e impotencia en una época marcada por el desorden y el disparate, donde algunos sufren de incredulidad, no se creen ni a sí mismos. El mundo está en proceso de destrucción, recogemos lo que sembramos; estamos como estamos porque somos como somos.
Darse cuenta de lo que significaron Buda, Jesús, Mahoma, Krishna, el Dalai Lama, Gandhi: vivieron en un estado de gracia donde lo ordinario se volvía extraordinario; vivieron momentos de revelación interior, de motivación religiosa, de éxtasis emocional.
Vivir sólo de ilusiones es tan dañino como no tenerlas. Hay una tendencia en el ser humano a engañarse a sí mismos con argumentos que creen milagrosos. Si uno desea superar obstáculos hay que vencerlos con valentía. Darse cuenta de que en este mundo donde Adán pecó, y en este siglo feroz y envilecido, cada vez estamos más solitarios y tristes, más asustados y más sorprendidos. ¿Tiempos de abandono social? La vida ha sido sustituida por el amor al dinero. ¿Acaso las preocupaciones no son casi siempre pensando en él? Entonces el hombre se maneja con sus propios demonios.
Hay tantas cosas malas en nuestra imperfección que sería mejor no hablar de nosotros mismos, imponiéndonos el propósito de hacer una buena acción todos los días. El conocimiento de las leyes significa libertad; su buena aplicación significa sabiduría. La vida no es tan corta como para no poner en práctica las leyes del respeto.
No recibamos favores del vanidoso ni del simulador, el hombre debe saber ayudarse a sí mismo. El fin de la vida es trabajar con alegría; si uno se deja invadir por los miedos, entonces se limitará a existir, pero no vivirá.
Darse cuenta de que la familia es una fuente de contención, afecto, compañía, confianza, apoyo incondicional; un remanso en un mundo de tormentas. Darse cuenta de que muchas enfermedades vienen de los excesos, de la soledad, de la fatiga, del desencanto, algunos no encuentran paz en el alma herida, en los daños recibidos, en la alegría perdida. Son tiempos caóticos que llevan al descreimiento social y al escepticismo, "hay que ser ejemplo o advertencia". Ni los peligros, ni los ruegos, ni las amenazas deben alejarnos de la verdad, si es así será estimado todo lo que digamos y seremos merecedores de que nos escuchen.
Darse cuenta de que lo más difícil es conocerse a sí mismos; lo más fácil es dar consejos a los otros, lo más placentero es el éxito, lo más grandioso es desafiar a los huracanes de la vida, lo más estimable es la armonía interior.
La muerte está tan segura de su victoria que nos da de ventaja toda nuestra vida para vivirla. Sócrates con la cicuta en la mano, sin titubear, enseñó toda su filosofía para aprender a morir.
Clary Miroznik German.
Ciudad.