Opinión: OPIN-02 Supersticiones y mitos en torno del hierro
Por Zunilda Ceresole de Espinaco

El hierro, metal tan codiciado en la antigüedad, cuya posesión definía la preeminencia militar de las naciones, también dio pie a curiosísimas creencias y supersticiones.

No obstante sus características de dureza y resistencia, que daban útiles ventajas, en un aspecto subjetivo se le fueron atribuyendo propiedades que provocaron en algunos pueblos una oposición supersticiosa a este metal; los sacerdotes sabinos y romanos no podían afeitarse sino con cuchillas o tijeras de bronce, jamás con las de hierro; los objetos de hierro no podían entrar en los santuarios griegos, tampoco se usó ninguna herramienta de hierro en la construcción del templo de Salomón. Paradójicamente, la aversión de los dioses y sus sacerdotes hacia el mismo proveyó a los hombres de la idea de que podría ser utilizado como talismán para alejar a los malos espíritus y protegerse de ellos, como asimismo desterrar la mala suerte.

En España y en América Latina es común "tocar hierro" contra el mal de ojo, la envidia y cualquier otro manifiesto de magia dañina, incluso aún hoy es habitual colgar en la puerta de la casa una herradura encontrada al azar, para atraer la buena suerte.

Respecto de esta costumbre existe una leyenda que hace referencia a la misma.

La herradura de la suerte (leyenda inglesa)

Entre las leyendas más populares de Inglaterra, figura una que tiene por protagonista a San Dunstan, herrero de profesión y posteriormente obispo de Canterbury. Cuando éste ejercía su oficio, llegó un cliente que le solicitó le confeccionara un par para sus pies. Ante lo insólito del pedido, se dio cuenta de que no se hallaba en presencia de un hombre normal, sino ante el mismísimo Satanás.

Entonces, rápidamente ideó un plan, para aniquilar su maléfico poder y salvarse del daño que éste le podía inferir.

Accedió al pedido, pero le explicó que, para que el trabajo saliera bien debía previamente encadenarlo a la pared, cosa que aceptó el peculiar cliente.

Una vez que lo hubo encadenado, Dunstan lo maltrató de tal manera, que el Diablo doblado por el suplicio le pidió misericordia.

Como el herrero tenía buen corazón se apiadó de él y le dijo que lo liberaría sólo si le prometía que nunca entraría en una casa en cuya puerta viera colgada una herradura.

Satanás aceptó y fue dejado en libertad.

Debido a este hecho es que cuando encuentran una herradura muchos la colocan en la puerta de su casa como protección, debido a la creencia generalizada de que al verla, el Príncipe de las tinieblas huirá y la buena suerte acompañará a quienes moran en ella.

Talismán contra los duendes

Tanto el hierro como el acero (hierro combinado con algo de carbono) constituyen según creencias generalizadas en Escocia, un poderoso talismán para alejar a los duendes, ya sea una navaja, una aguja, un anzuelo, etc. debe clavarse al entrar en una casa de duendes para que éstos no cierren la puerta hasta que uno se marche, esta creencia ha sido consignada en diversas narraciones escritas.

Si un cazador cobra una pieza utilizando una escopeta y se traslada de noche para llevarla a su casa, debe clavar en el cadáver del animal una navaja, para impedir que los duendes añadan su propio peso al del animal y dificulten el regreso.

Si un toro se cae desde una piedra situada en las alturas y se mata, se le debe meter un clavo para preservar de los duendes la carne, ya que estos harían que entre en estado de putrefacción.

A pesar de que los clavos en la cabecera de la cama defienden de los duendes a las parturientas y a sus criaturas, es conveniente colocar una plancha bajo la cama, de esta manera se logra mayor efectividad.

Creencias en diferentes latitudes

Los cingaleses creen que los malos espíritus están siempre acechándolos; por ello no trasladan ningún tipo de alimentos sin introducir un clavo en él, para prevenir la introducción de algún demonio en la comida, lo que originaría una enfermedad en quien la consuma.

Ninguna persona enferma saldrá de su casa sin llevar un manojo de llaves o una navaja, pues se teme que aprovechando la debilidad, algún demonio se introduzca en el cuerpo, cosa imposible si lleva este tipo de talismanes.

En Marruecos se acostumbra dejar una daga o cuchillo bajo la almohada de una persona enferma, para prevenir el ataque de algún demonio.

Las madres, en la Costa de los Esclavos, cuando creen que algún demonio ha entrado en el cuerpo de sus hijos, debilitándolos gradualmente, toman las medidas de ellos para atraer al demonio fuera del cuerpo infantil, le hace una ofrenda de comida y mientras según cree éste está tragándola, se apresura a colocar anillos y campanitas de hierro en los tobillos de la criatura y cuelga cadenitas del mismo metal en su cuello.

El tintineo de las campanillas y el retintín de los hierros según las creencias impiden que el demonio regrese al cuerpo una vez que ha saciado su apetito.

En diversos países del mundo se acostumbra colocar una tijera abierta debajo de la almohada, para resguardar al durmiente de posibles ataques de espíritus malignos.

Tanto para expulsar los males como para que no se acerquen, al hierro se le ha asignado un poder mágico, e increíblemente subsisten algunas creencias al respecto.