Opinión: OPIN-05
Al margen de la crónica
Triste, solitario y final

Luis Abelardo Patti volvió esta semana al centro de la escena política cuando la Corte Suprema de Justicia dijo que tiene derecho a ocupar la banca de diputado por la provincia de Buenos Aires que lograra -en el 2005- con el voto de cientos de miles de bonaerenses. El derecho a sentarse en la banca se lo había denegado la Cámara de Diputados invocando inhabilidad moral por su actuación en la dictadura.

La cuestión tal vez sea abstracta debido a que Patti está detenido con procesamiento firme por una serie de encubrimientos y muertes mientras otras causas también lo tienen como imputado y seguramente requerirán de su presencia en otros juzgados. La causa central que lo tiene entre rejas es la que investiga la desaparición y el asesinato e Gastón Goncalvez, Carlos Souto y el diputado Diego Muñiz Barreto.

Patti cobró alguna triste notoriedad en mayo de 1983 cuando se lo mencionó como autor del secuestro y muerte de dos militantes justicialistas rosarinos, Eduardo Pereyra Rossi y Osvaldo Cambiasso. Era de los duros de la Policía bonaerense en la comisaría de Escobar.

Pero después llegó a la política y entró por la puerta grande de manos del entonces triunfante menemismo. Y para no desentonar con esa etapa de la vida argentina, él también se farandulizó y fue tapa de las revistas del corazón de la mano de la ex modelo Liliana Caldini y de algunas otras señoras de efímera fama.

Cuando ardía la Catamarca de los Saadi por el crimen de María Soledad Morales, uno de los remedios que utilizó el entonces presidente Carlos Menem fue enviar a Patti como jefe de los investigadores aunque volvió al poco tiempo con las manos vacías. Después fue enviado como interventor del Mercado Central de Buenos Aires donde reinaban los "batatas".

Afiliado al Partido Justicialista en 1994, fue dos veces elegido intendente de Escobar y aseguraba que en esa ciudad reinaba el orden y la limpieza y se mostraba como ejemplo al país. También en determinado momento tuvo a su cargo la Bonaerense. Era la época en que el gobernador Ruckauf impulsaba la mano dura.

Zamarreado por los jueces, huérfano de todo apoyo, hoy Patti parece estar solo y abandonado por aquellos que alguna vez lo utilizaron como tabla de salvación para su vida política.