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Un raza que se extiende
El peruano de paso, un caballo viajero
Los elegantes "chalanes" lucen sus pingos en la Fiesta Nacional del Caballo Peruano de Paso, que se realiza en Mamacona, una localidad rural ubicada a 30 kilómetros al sur de Lima. Foto: Agencia EFE

Sus características al marchar hacen de este descendiente americano de las caballerías de los conquistadores españoles un animal único en su tipo. Como el criollo argentino, tiene una formidable resistencia, pero, además, su andar es tan suave que apenas mueve al jinete.

El caballo peruano de paso, descendiente de los antiguos corceles bereberes y llegado a América con los primeros conquistadores españoles, es hoy uno de los más elegantes y resistentes equinos del mundo.

Tras cinco siglos de crianza en la desértica costa de Perú, la pasión y el amor de sus criadores por este animal superaron los envites de la aparición del motor en los años 20 del siglo pasado y de una posterior reforma agraria, en la década de los 70, que redujo drásticamente las parcelas de los terratenientes.

Fue la creación en 1945 de la Asociación Nacional de Caballos Peruanos de Paso lo que permitió recuperar una raza amenazada con la extinción y que hoy seduce a quienes lo ven caminar, pero, sobre todo, a los que tienen la fortuna de cabalgar sobre su lomo.

"Es un caballo de lucimiento, un caballo viajero, uno que funciona durante muchas horas muy cómodamente. Es el caballo más suave del mundo y de una elegancia maravillosa que viene del campaneo español".

Así describe a EFE las características de su alazán el criador Mariano Cabrera, director de la Asociación Nacional de Caballos Peruanos de Paso.

Cabrera es, además, uno de los promotores del Concurso Nacional, que tuvo su día grande el pasado domingo en Mamacona, el centro de crianza más importante al sur de Lima y donde 800 ejemplares se lucieron ante un exigente público.

"Esa elegancia en sus brazos con movimientos laterales, esa forma de `camellar', de caminar como los camellos, es lo que le da una traslación del centro de gravedad hacia adelante y no hacia arriba", relata el criador mientras disfruta del espectáculo.

Los caballos exhibidos en Mamacona "están considerados de la mejor talla universal", prosigue Cabrera.

"Tienen una dinámica y un movimiento muy especiales; son la suavidad extrema. Es un caballo de viaje, de entrada de pueblo, de lucimiento, de concurso, es un animal excepcional. Es el mejor caballo de paseo del mundo", asiente.

Y sus palabras no escapan a la realidad porque, al tiempo que explica las virtudes del corcel, los erguidos "chalanes" o jinetes reafirman sobre sus monturas las palabras de Cabrera.

Sirve de ejemplo que un "chalán" puede beber en una copa a 20 kilómetros por hora sin derramar una gota, una resistencia y suavidad al andar que se puede prolongar durante siete u ocho horas.

Un poco de historia

En su evolución, lo que más influyó fue el viaje por el Perú costeño, con 2.500 kilómetros de largo interrumpidos por 53 ríos. Entre valle y valle hay 30, 40 ó 50 kilómetros, un recorrido que el caballo de paso hacía de forma sostenida para no quedarse en el desierto, explica Cabrera.

El desierto, dice, es el destierro: "No hay agua; cuando uno se da por vencido, se muere. Entonces, la selección del caballo peruano fue basada en una función sostenida; de no tenerla, morían tanto el `chalán' como el caballo.

"El caballo de paso vino con las primeras carabelas, con los primeros conquistadores, en el 1500, y se afincó en el Perú", reitera el criador, quien relata que, "cuando Colón llega a América, en 1492, ese mismo año los árabes fueron expulsados de España y se dio una nueva realidad que llegó acá imbuida por lo quijotesco".

La cultura criolla que se desarrolla en torno al caballo peruano tiene que ver con la España cervantina y se traduce en una inmensa parafernalia: fina artesanía en monturas y pellones, sombreros de ala ancha, vestimenta, gastronomía, música y pisco (aguardiente de uva peruano).

El Concurso Nacional del Caballo Peruano de Paso es por eso una romería de hordas vestidas de color blanco y botas camperas al más puro estilo andaluz, amenizada con música criolla y un sinfín de puestos de comida típica.

En Perú, existen 10.000 ejemplares y en el mundo hay 22 asociaciones repartidas en Centroamérica y en países como Bolivia, Colombia, Ecuador, Argentina, España e incluso Australia, que congregan a los aficionados al amblador peruano.

La creación de la asociación peruana permitió rescatar la raza, crear el formato ideal y un registro de sangre pura.

Pero el caballo de paso es, por encima de todo, "un apéndice del hombre que ama la naturaleza, el campo y el Perú", concluye Mariano Cabrera, uno de los más reconocidos estudiosos de tan peculiar corcel.

Amblador

El caballo amblador es aquel que en su marcha al paso mueve al mismo tiempo la pata y la mano del mismo lado, lo que le da ese balanceo característico y lo hace tan cómodo para andar. En la Argentina, al yeguarizo con esa condición se lo identifica como pazuco.

José Antonio

El papel que le cupo en nuestro país al Dr. Emilio Solanet en la recuperación del caballo criollo, con el caballo peruano de paso le tocó a José Antonio de Lavalle (1888-1957), en la década del 30 del siglo pasado. Apasionado por los caballos y preocupado por la paulatina desaparición de los ambladores, dedicó todos sus esfuerzos a su recuperación a partir de un padrillo de la raza, "Pancho Fierro", que era de su propiedad. De él descienden todos los ambladores de hoy. En homenaje a su ímproba tarea, la inolvidable Chabuca Granda le dedicó una canción que se llama precisamente "José Antonio" y dice en su estribillo: "Qué hermoso que es mi chalán/ cuán elegante y garboso/ sujeta la fina rienda de seda/ que es blanca y roja./ Qué dulce gobierna el freno/ con sólo cintas de seda/ al dar un quiebro gracioso/ a su criollo berebere".

Esther Rebollo (EFE)