Opinión: OPIN-02 Salidas transitorias: un debate necesario

En los últimos tiempos se han producido algunos cuestionamientos al programa de salidas transitorias que se lleva a cabo en los establecimientos penitenciarios de la provincia, fundamentalmente a partir de fracasos que se dieron con internos que no regresaron a su lugar de detención o cometieron delitos mientras gozaban de este régimen legal.

Esta situación hace necesario que, más allá de la difusión de estadísticas ampliamente favorables al mantenimiento y sostenimiento de este sistema, se esclarezca a la comunidad sobre su funcionamiento y cómo el mismo contribuye a la reinserción social de los condenados para que, si fuera necesario, el tema sea debatido desde las distintas posiciones que pudieran existir en el seno de la sociedad.

Conforme con lo expuesto se debe partir de la premisa criminológica de que la cárcel por sí misma no puede producir efectos útiles para la resocialización del condenado. Para ello debemos trabajar en base al concepto de reintegración social, asumiendo la apertura de la cárcel hacia la sociedad y, recíprocamente, la apertura de la sociedad a la cárcel.

Sabemos que uno de los elementos más negativos de las instituciones carcelarias lo representan el aislamiento que éstas tienen del resto de la comunidad. En ese sentido, estos programas de salidas colaboran en la búsqueda y difusión de una institución carcelaria en la cual no se den las características negativas conocidas como las de `subculturización' o `prisionización' que, al decir de Alessandro Baratta, aparecen cuando se asumen las actitudes, los modelos de comportamiento y los valores característicos del mundo carcelario, cuya interiorización es inversamente proporcional a las chances de reinserción en la vida libre.

Se sabe que si los establecimientos penitenciarios permanecen aislados, cerrados y como herramientas de castigo seguirán siendo causa de múltiples y continuos conflictos internos. Siguiendo a Hilda Marchiori, podemos decir que marcará, en muchos casos, la venganza como tarea principal del cumplimiento de la pena, llevando a los internos a la incomunicación con su núcleo familiar y social, cambiando totalmente su modo de vida y sus relaciones interpersonales, haciéndoles perder, incluso, la percepción existencial del transcurso del tiempo.

De allí el concepto de reintegración y la defensa del mismo. A los efectos de evolucionar en función de este concepto, se debe priorizar el trabajo de los equipos interdisciplinarios, técnicos y criminológicos, cubriendo las áreas requeridas por quienes cumplen penas de encierro, con la finalidad de evitar la pérdida de la identidad social del detenido.

Para ello se deben consolidar las relaciones del condenado con sus seres queridos y permitirle el ejercicio de aquellos derechos no afectados por la detención como, por ejemplo, el de ser adecuadamente recompensado por su trabajo, el de recibir y enviar cartas libremente, el de tener y expresar opinión política, el de peticionar a las autoridades, el de practicar una religión, el de manifestar libremente sus quejas o las de sus compañeros y el de tener un mayor contacto con el exterior.

Para el logro de los fines enunciados se deberán promover reinserciones asistidas, aceptando el desafío de lograr el concurso y el compromiso de organismos institucionales y comunitarios, a través de programas ambulatorios, trabajos externos y mayores regímenes abiertos, facilitando el difícil paso de la cárcel a la vida y a la asistencia postpenitenciaria.

También, y para cumplir con estos postulados, se deben modificar los criterios que hacen primar la disciplina y la seguridad por sobre los objetivos de esta reintegración.

Normalmente, y como consecuencia de estos "reclamos sociales", la disciplina y la seguridad pasan a ser la gran meta de las cárceles, privilegiando totalmente el mantener el orden interno. Sin dejar de reconocer la importancia del mismo, muchas veces esta concepción impide un cambio necesario en las prisiones, evitando que viren hacia instituciones más democráticas.

En definitiva, la tarea que debemos acometer es explicar que la cuestión carcelaria no se puede resolver permaneciendo sólo dentro de la misma, conservando e incrementando su concepción de institución cerrada.

Por el contrario, se debe participar del problema carcelario a toda la sociedad, derribando, aunque más no sea simbólicamente, los muros carcelarios, aquéllos que separan a la comunidad de una parte de sus propios problemas y conflictos: los que se encuentran segregados en la cárcel.

Alejandro Tizón - Juez de Ejecución Penal de Santa Fe.