Opinión: OPIN-05 Pobre animal, qué culpa tiene

El lunes arrancó por canal 13 otro ciclo del popular Showmatch conducido por Marcelo Tinelli. El contenido del programa es el mismo del año pasado y del antepasado, el conocidísimo "Bailando por un sueño", que lanza a la pista a algunos "famosos" que no tienen otra trayectoria en el espectáculo nacional más que haber sido la esposa de algún jugador de fútbol o tibios rumores de vinculación con alguna figura destacada. También hay modelos como Dolores Barreiro; todavía nadie puede explicar qué necesidad tenía esa chica de prestarse a dar semejante espectáculo -o de lo contrario que den a conocer la suma que la convenció-. A la fauna bailadora la nutre, por ejemplo, la Cicciolina, un espécimen incalificable importado desde Italia. También la "Tota" Santillán, que promete escándalo, ya que una de sus contrincantes es su ex esposa.

Este año el golpe bajo -típico del ciclo que intenta cumplir un sueño relacionado generalmente con la desgracia de alguna o varias personas- lo pegó un participante no vidente de origen español. Ahí se lo vio a Serafín entrar al show atrás de unos anteojos negros prendido de la correa de su perro lazarillo, un labrador dorado, adorable.

"Es muy dulce, es mis ojos para poder vivir con absoluta normalidad" se lo escuchó decir al amo mientras el animal lo contemplaba como si supiera que hablaba de él. El perro nunca se despegó de las piernas de Serafín hasta que él se lo ordenó porque tenía que bailar y sólo en ese momento accedió a caminar al lado del conductor del programa que lo llevó hasta un costado del escenario y al llegar al lugar, con actitud perruna, se desplomó a descansar.

Sin duda, la verdadera estrella del show fue el labrador, que nunca tendría que haberse mezclado con la otra especie, la humana, teóricamente superior y que mucho tiene que aprender del cuadrúpedo, teóricamente inferior.