Mario Cáffaro
Rubén Lo Vuolo admitió que el actual modelo económico empieza a mostrar signos de complicación; calificó de grave la falta de estadísticas serias por haberse destruido el Indec así como la falta de planificación que tiene el país y advirtió sobre la ceguera del gobierno para hacer frente al problema inflacionario.
El cientista social volvió a su ciudad para abrir en el Paraninfo de la UNL el ciclo de conferencias que año a año realiza la casa de altos estudios y la fundación Osde que en esta ocasión lleva por título Pensamientos y Propuestas para una Sociedad Inclusiva'.
"Desde el punto de vista económico estamos empezando a observar los primeros síntomas complicados de los tres últimos años de arreglo macroeconómico. Este esquema económico requiere un tríptico virtuoso: tipo de cambio alto, superávit comercial y superávit fiscal. El tipo de cambio empieza a tener problemas por el lado de la inflación, y el tema fiscal se vuelve cada vez más imperioso para el gobierno".
Reconoció que "las cuentas están superavitarias, pero el modelo exige cada vez más superávit. Hemos demostrando que la forma en que se están contabilizando los intereses de la deuda pública en los últimos tres años es un modo muy discutible. Hay componentes de la deuda pública que ocultan un costo. Gran parte del superávit es por el excedente de Anses al que el Estado nacional le coloca deuda. Estamos entrando en una zona complicada".
A la hora de comparar este modelo con la convertibilidad de los '90, lo consideró desde lo personal más sólido pero advirtió que "las instituciones que hacen a la regulación de la economía social y que se instalaron en esa década siguen vigentes. Todas las privatizaciones siguen vigentes y las que no fueron entregadas a un amigo; también el régimen de previsión social, más allá de algunas reformas cosméticas que tuvieron un fin fiscal; así como el régimen del mercado laboral y la desigual distribución entre los extremos. El cambio de la política macroeconómica fue para salvar las instituciones del 90 y no para modificarlas. Como esas instituciones eran cuestionadas en el 2001 porque el modelo macroeconómico hizo agua, se cambió el modelo pero en política se sigue gobernando con decretos de necesidad y urgencia; el Consejo de la Magistratura está más subordinado que en los 90 y el Congreso está dibujado. Hay similitudes en lo institucional que me preocupan".
Lo Vuolo reconoció que en materia de distribución del ingreso en el 2006 empezaron a observarse mejores condiciones que en los '90 pero el manoseo al Indec del año pasado hace que ahora no haya números serios. "Si me manejo con las sospechas creo que estamos empezando a revertir la mejora. El problema sigue siendo grave y si el gobierno sigue apostando a que va a mejorar solamente por tasa de crecimiento está equivocado".
En este punto advirtió sobre problemas de dinámica de funcionamiento de la economía argentina y de falta de discusión sobre la distribución. "Si la distribución se hace de manera despareja; si vamos a volver a utilizar el sistema de previsión social para que algunos grupos tengan mejores jubilaciones que otros; si vamos a dar aumento de salarios para sectores más formalizados y no llegamos a los sectores más vulnerables; si no tenemos estrategia de distribución más sólida para sectores más vulnerables; si seguimos con la estructura tributaria regresiva y si esta tensión no encuentra un mecanismo alternativo de diluirla, podemos estar caminando a un nuevo ajuste ortodoxo. La falta de soluciones dentro de una estrategia heterodoxa está permitiendo el espacio para que las voces más ortodoxas empiecen a hablar de restricción monetaria, caída del tipo de cambio, es decir, políticas que no me parecen favorables pero ante el desconocimiento de problemas pueden ser soluciones que ganen terreno en el debate".
El economista advirtió que la Argentina -una vez más- puede perder un tiempo excepcional y una coyuntura económica muy favorable. "Se ha perdido porque no se han hecho las reformas estructurales para modificar una lógica de funcionamiento que en el fondo sigue siendo la misma. Una lógica de funcionamiento con un mercado laboral sumamente heterogéneo y que sigue siendo la fuente principal de la generación del ahorro que necesita la economía para funcionar; con un sistema tributario muy regresivo y poco razonable que continúa sin tener una estructura de distribución de impuestos federal acordada, normatizada, sino que sigue manejando de manera espasmódica y con criterios muy selectivos".
Hizo mucho hincapié en el manoseo del Indec que afecta la propia institucionalidad del país. "Lo que está pasando con el Indec no es un problema que atañe a una institución aislada dentro del sistema público sino que atañe a toda la investigación económica y social del país. Hoy en la Argentina no tenemos sistema estadístico nacional. Este tipo de cuestiones son para un cientista o analista social de tal gravedad que los argentinos, no acostumbrados a mirar el largo plazo, no lo percibimos. Son síntomas muy graves que en poco tiempo tendrán un afloramiento en el debate económico-social".
Lo Vuolo afirmó que no le gusta la división internacional del trabajo que se hace desde algunos lugares donde se dice que América Latina tiene que ser el granero del mundo.
"La Argentina pierde oportunidades porque tiene capacidades productivas que debería potenciar y no lo hace. Me gustaría que sea la quesería del mundo, la exportadora de leche en polvo del mundo y no granero. Me gusta una Argentina que haga de la renta agropecuaria la base de su diversificación productiva y para esto hace falta estrategia y políticas. La política no tiene que ver con el precio de referencia sino con electrificación rural; con escuelas técnicas; discusión de cómo se divide la renta entre productores, industriales y comerciantes; con caminos rurales".
Sobre este punto advirtió cómo la Argentina ha sido superada por Brasil en materia de carnes e hidrocarburos. "Esto es resultado de un país que más allá de sus defectos tiene una estrategia de largo plazo", explicó.
El alto costo de los alimentos dificulta el acceso a la comida de sectores vulnerables. El tema le fue planteado a Lo Vuolo.
"El hecho de que la gente coma o no coma tiene que ver con la cantidad de alimentos que hay. Este país es superavitario y no hay problema de cantidad sino de abastecimiento y de precios. Hay que garantizar que la gente tenga poder de compra y acá hay políticas que no se están discutiendo". Reclama cambiar la política redistributiva pero también una estrategia regularizadora del mercado.
"Todos podemos decir que la soja no es buena; pero, la política de retenciones más altas ¿es buena para incentivar otra producción? Aumentan las retenciones y traban la producción de carne, de leche y de maíz. Hay que tener política productiva, consistente y, en materia de regulación de precios, hay que ser más institucional. El país deber tener un organismo estable, con nivel jerárquico como lo es el Instituto Nacional de Vitivinicultura pero para actividades agropecuarias. Pero el secretario de Comercio se siente cómodo trabajando y discutiendo con los monopolios y oligopolios porque cuando menos gente tiene más fácil es amenazarlos. En los países serios, esto no funciona por amenaza, sino por competencia".
Considera que "el sistema comercial está distorsionado y tiene capacidad para transferir hacia atrás los costos tanto tributarios como de producción. No hay soluciones simples sino complejas donde hay muchos actores involucrados. Negociar como todos podemos articular políticas es la forma de hacer democracia, pero si la democracia se va a seguir resolviendo en calles, rutas, medios, en propaganda, estamos en problemas. Espero que prime la cordura porque existe solución técnica en un país superavitario en alimentos".
Inflación
En materia inflacionaria, para Lo Vuolo el problema es la ceguera del gobierno para enfrentar un problema incipiente. "Si ante ante un problema incipiente, pero no grave, el gobierno dice que no hay inflación permite que cualquiera diga cualquier cosa; genera expectativas y retroalimenta una bola. Dice que habrá prudencia con las finanzas públicas y anuncian el tren bala con emisión de deuda para financiarlo. La confianza de la economía se construye cotidianamente con medidas concretas. No están dadas las condiciones para una crisis, pero me preocupa cierta miopía o ceguera del gobierno en desconocer ciertos problemas que están empezando a emerger".
Acota que "el nivel de inflación empieza a tener un problema de expectativas. Cuanto se tiene una economía muy concentrada y se alimentan expectativas, los agentes económicos que tienen poder de mercado lo usan y esto está pasando ahora. El gran culpable es el gobierno que destruyó el Indec, desconoce la situación y maneja la situación de manera espantosa".
Para Rubén Lo Vuolo, más allá del tema retenciones, la protesta del campo "está cuestionando la ausencia de una estrategia económica del país para el campo en particular, pero inmersa en falta de una estrategia de desarrollo general".
Advirtió que "los que están encabezando esta movilización son los productores que constituyen el eslabón más débil de la cadena agropecuaria. No me llama la atención que el sector industrial y comercializador -más allá de algunos apoyos tibios- no la encabece. Esto demuestra que el sistema impositivo y productivo está afectando la rentabilidad de los productores, especialmente los de menor tamaño".
Sostuvo que "hay que levantar con más fuerza la idea de que el campo no debe verse como una unidad productiva a la que se le va a resolver la situación garantizándole rentabilidad con subsidios sino que hace a un entramado social que tiene que ver con una forma de funcionamiento del interior del país; con la articulación de una forma de vida que tiene el país, basada en sus recursos naturales que se ejemplifica con un país acostumbrado a extraer rentas pero poco acostumbrado a generar valor agregado y a entender cómo esa actividad se vincula con el desarrollo social".
"Es una oportunidad importante para discutir estos temas y ojalá ocurra en estas mesas de discusión que me hubiese gustado verlas antes de la crisis. En cualquier lugar del mundo que tenga una estructura productiva competitiva con la Argentina, las instituciones de regulación y debate de la política agropecuaria son permanentes y están insertas en el funcionamiento de la política pública. Estas entidades están anticipándose a la crisis, sosteniendo valores cuando hacen falta y discutiendo rentabilidad cuando hace falta. Lo que pasa hoy con el campo es un afloramiento de la práctica política del país donde todo se resuelve de manera personal, discrecional, selectiva y donde la institucionalidad tiene un lugar muy secundario".