Opinión: OPIN-01 Arturo Frondizi, hombre de Estado

Hace cincuenta años, Arturo Frondizi asumía como presidente de los argentinos. Lo hacía en uno de los momentos más difíciles de la política nacional. Los comicios se habían celebrado con la proscripción del peronismo, una decisión cuyas consecuencias se atenuaban por el acuerdo que en su momento firmaron Perón y Frigerio, pero que, como los hechos se encargarían de demostrar a los pocos meses, no alcanzaban para cicatrizar las heridas abiertas en los últimos años.

Por su lado, las Fuerzas Armadas se habían constituido en árbitros de la legalidad democrática. Su intervención política se expresaría en innumerables planteos militares que condicionaron y trabaron la gestión del gobierno hasta precipitar su caída en 1962. No terminaban allí los problemas. Los partidos políticos opositores tampoco aceptaban el veredicto de las urnas, e inmersos en lo que ya constituía una deplorable tradición facciosa a los pocos meses de iniciada la gestión ya estaban conspirando con diferentes sectores militares.

En ese contexto desfavorable, caracterizado por la inestabilidad institucional permanente, la gestión de Frondizi fue sin embargo una de las más interesantes desde el punto de vista de su concepción política y su estrategia de desarrollo económico. Como lo señala el historiador Carlos Altamirano, Frondizi ganó las elecciones porque a los dos grandes interrogantes políticos de la coyuntura él les respondió satisfactoriamente: ¿qué hacer con el capitalismo? y qué hacer con las masas?

Para el capitalismo argentino, Frondizi propuso la estrategia desarrollista. Si el sufragio universal había sido la gran conquista del yrigoyenismo y la justicia social la del peronismo, la nueva etapa debía estar signada por el desarrollo económico, la alternativa que debía sintetizar y fortalecer en un estadio histórico superior los logros de la democracia política y la justicia social.

En Frondizi se conjugaron las virtudes del político sagaz que se esfuerza por lidiar con las exigencias inmisericordes de la coyuntura con el estadista que ponía objetivos trascendentes a la Nación. Como diría Bergson: "Pensaba como un hombre de acción y actuaba como un hombre de pensamiento". En verdad, manejó con maestría ese difícil equilibrio entre el rigor de las ideas y las exigencias de la realidad.

Cincuenta años después, los aciertos estratégicos del desarrollismo son aceptados por una amplia mayoría. Incluso sectores que en su momento conspiraron contra el gobierno, hoy admiten que en lo fundamental Frondizi estuvo en lo cierto y que si algún error cometió fue el de haberse anticipado al tiempo o haber planteado problemas que la dirigencia de entonces no sabía o no estaba en condiciones de resolver.

Lo importante, lo que le otorga actualidad a este aniversario, es que los paradigmas centrales del pensamiento de Frondizi mantienen vigencia. La Argentina debe asumir el desafío de un desarrollo sostenido que compatibilice las demandas del crecimiento con los reclamos de la distribución, las funciones del Estado con las realidades del mercado, el ahorro nacional con las inversiones extranjeras y que afiance a la nación integrándola a la región y al mundo.