Opinión: OPIN-05
Publicaciones
"Los mitos de la ciencia"

El mito de la Tierra Plana y el Diluvio Universal; el mito del Gran Océano y del Fuego Central; el mito de la Generación Espontánea; el mito de los Extraterrestres; el mito de la Brujería y la Caza de Brujas... "Tierras fantásticas y perdidas e inexistentes, que hicieron posible pensar en un planeta más grande y en nuestras naves que exploran ya el Sistema Solar revoloteando de Mercurio a Plutón y en grandes maquinarias que envían señales inteligentes al espacio.

"Retazos de un mundo eléctrico, pequeños cristales, copos de nieve celestes, azulados, ocres que reflejan las ondas de radio que transportan tu voz y la mía hasta que se encuentran.

"Pequeños dioses de metal que vagabundean en un cielo abandonado por los ángeles de otrora". Historias que la ciencia desplazó, y que alguna vez fueron la verdad. A esas historias se dedica Leonardo Moledo en "Los mitos de la ciencia", que acaba de publicar Planeta.

Figura allí el mito de las sustancias que nunca existieron, "ya no la ambrosía que bebían los dioses para hacerse inmortales o la piedra filosofal que prometían los alquimistas, o los embrujos líquidos que María la Judía propugnaba para conseguir la eterna juventud, ni la panacea, aquellos emplastos de hierbas mezclados con cuerno de unicornio molido que curaban a todas la enfermedades. No. Se trata de sustancias que fueron tomadas muy pero muy en serio por la ciencia y que dominaron épocas enteras: la materia, ese impalpable ente que nos rodea y contra la cual los científicos lucharon denodadamente, muchas veces se disfrazó y pareció ser lo que no era".

Moledo estudia también los patéticos casos que se dieron entre ciencia y política en el siglo XX, como un tal Lysenko, que reinó soberano durante décadas en la biología y agricultura soviéticas, y que provocó desastres, o la China de Mao, que creía que las plantas crecerían mejor si se las socializaba, arruinándose así cosechas y campos, o el maccartismo estadounidense, con su dedo apuntado contra científicos como Edward Uhler Condon.