La semana pasada, dijimos que existía una creciente sensación de que la parte más dolorosa de la crisis norteamericana había pasado. En el transcurso de los días parece confirmarse esta idea, ya que los mercados reaccionaron favorablemente, principalmente el de las acciones vinculadas con el sector financiero.
La Reserva Federal bajó otros 25 puntos básicos (0,25 %) la tasa de corto plazo y dejó entrever que quizás ésta es la última baja de tasas hasta setiembre próximo. Seguramente, el temor de que la inflación se mantenga alta es lo que ha movido a la FED a hacer este anuncio.
Otro dato muy importante es la recalificación de Brasil por parte de S&P (Standard and Poor) que elevó su calificación de riesgo a BBB, la más baja del Investment Grade (grado de inversión). Esto puede considerarse el primer escalón para una economía que, de continuar por la actual senda, seguramente mejorará en el mediano plazo, para acercarse más a las clasificaciones A (las más altas).
Ser calificado "grado de inversión" implica cosas muy buenas, como por ejemplo que los inversores pueden llevar sus recursos al país con más confianza, que el gobierno pueda obtener deudas en mejores condiciones de plazos y tasas, pero además esto también beneficia a las empresas de origen brasileño, ya que la calificación de riesgo soberano actúa como techo de la calificación corporativa.
Cuatro países latinoamericanos ya son de "grado de inversión": Chile y México -los más antiguos- y recientemente Perú y Brasil. Uruguay lo era, pero a partir del coletazo de nuestra crisis lo perdió, aunque no se descarta que sea el quinto en recibir esta condición.
Una forma de ver cómo funciona el riesgo soberano es observar el cuadro de los denominados Credit Default Swaps (CDS), que son instrumentos que se emiten con la intención de que el tenedor de deuda soberana se cubra del riesgo de default. México y Chile tienen sus CDS a un costo de 100 puntos básicos, o sea cuesta 1 % anual cubrir el riesgo de default en esos países. Argentina está en más del 3 % y Venezuela en 4 %. Queda claro qué lugar ocupa cada país en el mercado global de capitales.
Esta semana, los bonos ajustados en pesos subieron luego de haber caído por debajo de sus niveles mínimos históricos. Parecería que al gobierno nacional ya le empieza a preocupar esta situación, dado que el rendimiento de los bonos también es asimilable a la tasa de interés; es más, resulta una forma de tasa de interés posible.
Por lo tanto, el excesivo premio que se paga por sobre la "inflación Moreno" puede llegar a presionar la suba al resto de tasas de interés en pesos.
Ante esto, se ordenó que diversos bancos oficiales y el BCRA salieran a comprar bonos para mejorar su paridad y bajar su rendimiento.
Buen negocio para el Estado nacional, que puede llegar a comprar barata su propia deuda, pero, como contrapartida, mal negocio para quien confió en los instrumentos de deuda soberanos.
En un contexto de incertidumbre respecto del futuro de los bonos en pesos, las acciones pueden ser una interesante alternativa; pero seguramente deberemos tener que esperar hasta la próxima semana para poder establecer pautas más claras de inversión en renta variable.
Tengamos siempre presente que los cheques de pago diferido siguen siendo una interesante alternativa de inversión en pesos, de tipo conservador, dada la flexibilidad de plazos que se pueden obtener y las tasas que ofrecen que superan al plazo fijo de igual vencimiento.
Es necesario el asesoramiento de profesionales en el mercado de capitales en momentos de alta volatilidad como los que vivimos.
(*) De la Vera Cruz Sociedad de Bolsa SA