Rogelio Alaniz
La prisión del general Paz duró casi diez años. En Santa Fe cumplió los primeros cinco. Después estuvo en Luján, y finalmente Rosas le permitió vivir en Buenos Aires. A mediados de 1840 se escapó con un grupo de proscriptos a Montevideo. Se dice que José Mármol se inspiró en esa escena para escribir el primer capítulo de la novela ""Amalia".
Paz fue detenido el 11 de mayo de 1831. A las cinco de la tarde. A la semana ya estaba en Santa Fe. Su celda era un cuarto de la Aduana. Ese sería su domicilio permanente. Allí iniciará la escritura de sus memorias. Las tediosas horas de prisión las consumirá construyendo jaulas. Al cielo de Santa Fe, Paz lo contemplaba desde la ventana de su cuarto. Las torres de la iglesia de Santo Domingo y, más allá, el río, constituían su paisaje cotidiano, su exclusivo contacto con el mundo.
En la Aduana se casará con su sobrina, Margarita Weild, veinte años menor que él. Se dice que Margarita siempre estuvo enamorada de su tío. El romance se sinceró cuando la madre de Paz pudo visitarlo en Santa Fe. Entonces la acompañaba Margarita. Se cuenta que la muchacha apenas lo vio al tío corrió llorando hacia sus brazos. El general sólo atinó a decir: "'Por favor, nada de lágrimas". No era la insensibilidad lo que dictaba sus palabras, sino la autoestima. Paz sabía que sus carceleros espiaban ese encuentro para regocijarse con el dolor de la familia.
En la Aduana de Santa Fe se inició el romance entre el tío y la sobrina. La iniciativa fue de Margarita. El militar austero se dejó querer. Tampoco en esta decisión se equivocó. Margarita fue la mujer que lo acompañó en las malas y en las buenas. En las horas del exilio y de la derrota. Margarita murió en 1848. Entonces tenía 33 años. Sus últimas palabras fueron para el hombre de su vida: "'Cuánto te he querido". Ese día el general Paz, el inteligente y generoso general Paz, también empezó a morirse. Los que lo conocieron aseguran que nunca pudo resignarse a la ausencia de la mujer que le dio hijos y amor, comprensión y ternura.
Paz se casó en Santa Fe. Un cura accedió a celebrar el matrimonio entre el tío y la sobrina. Su hogar será la celda. El primer hijo de la pareja será concebido en Santa Fe. Cuando su esposa se lamente por el niño a quien el destino le obliga a nacer en prisión, él responderá con una frase lacónica, ajustada: "'No tiene importancia donde nazca. Todo el país es una cárcel". No exageraba.
¿Porqué el brigadier Estanislao López le perdonó la vida? Las respuestas a este interrogante son siempre incompletas, pero desde el punto de vista político algunas suposiciones pueden permitirse. De López puede decirse que fue un caudillo astuto o un político inteligente. En todos los casos, amigos y adversarios le reconocen talento para maniobrar en el encrespado escenario de la política criolla de aquellos años. López era un hijo de su tiempo. No mataba por gusto, mataba por necesidad. Tampoco perdonaba la vida por razones humanistas, sino por cálculo político. No bien se enteró de que Paz había caído prisionero ordenó trasladarlo a Santa Fe. Paz era su prisionero, su carta de negociación con Rosas y el trofeo a exhibir para humillar a Quiroga. Con Rosas, López prevenía el futuro. Con Quiroga se daba un gusto.
La cárcel de Paz en Santa Fe no fue un martirio, pero estuvo muy lejos de ser un confortable hospedaje. La amenaza de que en cualquier momento lo fusilaban o lo pasaban a degüello siempre estuvo presente. En cinco años, Paz nunca salió de la Aduana. A Santa Fe la contempló siempre con ojos de presidiario. López conversó con él al día siguiente de ser detenido, pero después nunca más le dirigió la palabra. Patricio Cullen será su interlocutor. En sus Memorias, Paz no habla muy bien del principal colaborador de López. Le reprocha su aire burlón, su cinismo, sus modales groseros.
Pero las consideraciones más duras son contra López. No dice como Sarmiento "gaucho analfabeto, pardo y degollador", pero lo cuestiona por el trato que le da a los indios. Como curiosidad o profecía emplea por primera vez la palabra "desaparecedor". En la Aduana, Paz sabe del destino de los indios. De cómo son ejecutados y cómo aparecen sus cadáveres flotando en el río. Paz llega a decir que López es peor que Rosas, porque "por lo menos Rosas degüella y da la cara".
También impugna el estilo de gobierno. El culto a la brutalidad y la ignorancia. En sus escritos le atribuye una frase ejemplificadora. Cuando un colaborador le sugiere que promueva algunas reformas para mejorar la educación y las costumbres, López le responde que no hará nada por la provincia: "'Prostituta la he recibido, prostituta la voy a dejar". Lo que se dice, un detallado y ejemplar programa de gobierno de un caudillo nacional y popular.
En marzo de 1835 a Paz le ordenan que prepare sus valijas porque será trasladado. Su destino es Luján. Ahora el carcelero será Juan Manuel. ¿Por qué el cambio? En febrero de 1835 Facundo Quiroga es asesinado en Barranca Yaco. Rosas ha prometido un ejemplar castigo a sus asesinos. Todos los indicios apuntan a Santos Pérez y a los Reinafé. El problema es que detrás de los Reinafé está López. Paz no duda de que el autor intelectual del asesinato es el caudillo santafesino. En la Aduana todo el mundo sabe que los Reinafé estuvieron reunidos con López y que allí se programó el crimen. Paz entiende que los Reinafé nunca se hubieran animado a asesinar a Quiroga sin un respaldo mayor. Sin el asentimiento o el guiño cómplice de López.
La carta que López se reservó en 1831 hay que jugarla en 1835. Paz es entregado para calmar a las fieras. La represión contra los asesinos de Quiroga no tocará al brigadier santafesino. Sin embargo, Rosas a Paz le perdona la vida. ¿Qué ha pasado? Tampoco hay una respuesta terminante a esta pregunta. Paz, en 1835, no representa un peligro para la Santa Federación. Como dice Sarmiento, Rosas no asesina por pasión, lo hace por interés. Como Richelieu, podría decir que no tiene enemigos personales, sus enemigos son los enemigos de la patria.
Rosas sabe que Paz tiene tanto enemigos en el bando federal como en el bando unitario. Sabe que en Montevideo los exiliados aseguran que Paz se dejó tomar prisionero porque es un traidor. Sabe que nunca le perdonaron haber criticado la alianza con Francia. Tampoco estuvieron de acuerdo cuando en nombre de la Liga del Interior elaboró un programa político que renunciaba a reivindicar la causa unitaria. La carta que en aquellos días dirigió a López y Ferré enfurecieron a los tiesos doctores unitarios de Montevideo. "'Soy un provinciano como ustedes -les dice- y este título no debe hacerlos esperar de mí sino el deseo del bien que nuestros pueblos necesitan y reclaman". Los envejecidos funcionarios directoriales no olvidan que Paz fue el traidor que amotinó las tropas en Arequito para impedir que el Ejército del Norte se sumara a las guerras civiles. Conviene recordar que una desobediencia parecida había protagonizado San Martín en Rancagua.
En definitiva, Rosas supone que lo podrá seducir al Manco. "'Rosas cree que todos son como él", escribirá Paz en sus Memorias. Pero hay otra razón que puede explicar la piedad de Juan Manuel. Cuando en 1828 Lavalle derroca a Dorrego, hubo una orden de reprimir a los federales porteños. Entre ellos estaba el padre de Juan Manuel. Paz no sólo que no permitió que lo expulsaran de Buenos Aires, sino que ordenó su libertad. A veces, el Restaurador era agradecido.
Dos perlas para concluir. A las Memorias escritas por Paz le falta un tomo, el que habla de la guerra con el Brasil. La ausencia es muy sugestiva. El gaucho Francisco Zevallo, que boleó el caballo del Manco, fue fusilado en 1832. La orden fue dada por Reinafé. Lo acusó de "gaucho analfabeto y ladrón". Probablemente haya sido cierto.