Haciendo alarde del gataflorimo nacional, el conflicto campo/gobierno gobierno /campo entró en un camino con prácticamente ninguna salida que pueda llegar a satisfacer al menos a alguna de las partes involucradas. Con las últimas medidas tomadas unilateralmente y anunciadas por el gobierno nacional, el enojo y disconformidad de los hombres de campo del interior aumentó notablemente.
Los más de ochenta días de conflicto hicieron desgastar las relaciones entre las entidades donde afloran circunstancia personales, posiciones empresariales, reclamos específicos de acuerdo al tamaño del bolsillo de cada hombre de campo. Y quizás esta metodología de dilación en las decisiones por parte del gobierno nacional, busque como uno de sus objetivos lograr exactamente esto: que los hombres de campo terminen separándose en los reclamos.
Cuando analizamos las últimas medidas vemos que las autoridades nacionales intentaron conformar un poco a cada uno, dándole la posibilidad a los monotributistas de poder cobrar las compensaciones en tiempo y forma vía las autorizaciones de las intendencias y gobernaciones, buscando así agilizar los burocráticos trámites actuales. De esta forma calma en cierta medida a entidades como Federación Agraria, representante de los más pequeños productores. Pero también modificó las tasas de los derechos de exportación cuando las cotizaciones de los granos lleguen a ciertos niveles de valor. Uno de las principales razones esgrimidas por el sector para luchar contra las retenciones móviles era que cuando los precios llegaban a ciertos niveles, el progresivo aumento era devorado por el alto nivel de las alícuotas generando un peligroso amesetamiento de los precios.
Pero al conocerse estas medidas, automáticamente los dirigentes del campo salieron a decir que no eran suficientes, a pesar de que son parte de los continuos reclamos realizados en su momento en las infinitas y extenuantes charlas con el gobierno. Y en definitiva, el discurso del jefe de gabinete y la tortuosa y complicada alocución del actual ministro de economía, fueron dirigidas al público en general y no al campo en particular. Porque se intentó una vez más desprestigiar al sector y dejarlos en evidencia que al final, le den lo que le den, nunca están conformes.
Lamentablemente, el tiempo continúa pasando, la situación económica y financiera de las empresas del interior se agrava cada vez más, llegando estos inconvenientes a las grandes ciudades, como ya se está sintiendo en Buenos Aires.
Si la intención era enfriar la economía nacional, estamos viviendo en el polo norte en pleno invierno. Y lo peor de todo, es que la inflación interna continúa su escalada, a pesar de la notable disminución del consumo.
Ya pasaron 80 días de un conflicto incomprensible, llegando la falta de dialogo al más notable de los absurdos. ¿Cuánto tiempo más puede durar esta situación? ¿Cuánto tiempo más podremos aguantar los argentinos?. Por allí dicen que no hay mal que dure cien años. ¿Están seguros?