Gastón Neffen (Enviado especial) - [email protected]
El plano general los impresionó a todos. Son las imágenes que mostró la televisión con los helicópteros y las fotos que tomaron los diarios desde los edificios. Es la postal histórica que estuvo en la tapa de todos los diarios, y que probablemente molestó más que los discursos de los dirigentes agropecuarios.
Pero el plano detalle es tan interesante como la foto macro, porque desarma el mosaico celeste y blanco para explicar cómo se sintieron los miles de productores que llenaron el parque que rodea al Monumento a la Bandera.
Lo primero que hay que decir es que sintieron emocionados. En Rosario había mucha gente, y cada uno se reconocía en la presencia del otro, a pesar de que venían de regiones tan distintas como Tucumán o La Pampa.
Mientras esperaban, charlaban entre ellos. "¿Cuántos kilómetros hiciste?", "¿A qué hora te levantaste"? "¿Dónde dormiste?". Compartían mate, bizcochos y facturas. Se sacaban fotos. Comentaban el diario.
A las diez de la mañana empezaron a comprar choripanes, chipá y tortas fritas (a cuatro pesos la docena). Es que ya tenían hambre porque casi todos se habían levantado muy temprano. En Villa Minetti y Tostado a las cuatro de la madrugada. En San Guillermo a las cinco. Y los que vinieron de más lejos, tuvieron que armar el viaje con escalas. Un grupo de tucumanos, por ejemplo, durmió en Santa Fe porque en Rosario no encontraron lugar.
En los carteles no había sólo frases irónicas y chicanas. También había reclamos urgentes. "Kristina: ¿qué hacemos con las vacas?", preguntaban los productores de Tostado, sitiados por una nueva sequía, con dos pancartas que en la punta tenían la calavera de una vaca.
En la luneta de una camioneta pegaron una frase de Arturo Jauretche: "La Argentina progresará con el campo, nunca sin el campo y jamás contra el campo". Es el mismo eslogan que recordó Eduardo Buzzi (Federación Agraria) cuando cerró el acto, porque resume la convicción que ahora tienen los productores.
En Rosario, la gente no habló sólo de las retenciones, aunque sean el reclamo central. En San Guillermo están desesperados porque cada vez pierden más tambos. En Bandera (Santiago del Estero) reclaman fondos para construir una red de agua potable. En Tucumán insisten en que se necesita una política agropecuaria de largo plazo. Y en Monte Buey (Córdoba) quieren modernizar la infraestructura vial y ferroviaria porque en los últimos treinta años triplicaron la producción.
"Hice 420 kilómetros para estar acá, le quiero decir a la presidenta que no somos golpistas ni extorsionadores. Estoy muy enojado", confiesa Gabriel Lione, un tambero de 52 años que vive en San Guillermo. Lione vino con su familia. Está tomando mate sentado en el césped, muy cerca de las placas que recuerdan a los caídos en la guerra de Malvinas. "Uno puede soportar cualquier cosa menos los insultos", insiste.
Este tambero tomó una decisión. "Con el tambo seguiremos hasta fin de año, lo hablamos con mi señora y mis hijos. Los 83 centavos que nos pagan no alcanzan. Si lo cierro me paso a la soja", admite.
San Guillermo es un pueblo que tiene más de 7.000 habitantes y forma parte de la cuenca lechera. Lione cuenta que en los dos meses de paros y protestas se vendieron sólo dos tractores.
"Una cosa más -agrega- Moreno va a pasar a la historia como el máximo responsable del genocidio de terneros holando argentino. No mentimos. Si los criamos, que es lo que queremos hacer, perdemos plata", asegura.
José Antonio Martínez es un agricultor tucumano que hizo 1.300 kilómetros para venir a Rosario. Tiene su campo a unos 40 kilómetros de San Miguel de Tucumán, suele hacer soja, maíz, sorgo "y cuando se puede trigo", aclara. Esta en la región de los granos, "en el resto de la provincia sobre todo se hace caña de azúcar", explica.
¿Por qué vino a Rosario? Los campos tucumanos no rinden como los de la zona núcleo. "Con las retenciones al 35% ya estábamos al límite, la campaña pasada zafamos porque los rindes superaron el promedio histórico (2.300 kilos por hectárea en soja)", agrega Maximiliano Alcocer, otro tucumano que lo acompaña.
"Estos dos meses de paros y protestas fueron muy duros. Se cortó la cadena de pagos y nadie compra nada", dice Martínez. "Esto ya es un problema social, no sólo de la rentabilidad del campo -opina Alcocer- Se necesita una política agropecuaria de largo plazo", concluye este productor, que es hijo y nieto de agricultores.
"Cuando para de llover en Bandera la actividad comercial baja muchísimo, imaginate como impactó lo que está pasando ahora", destaca Guillermo Novara, un joven odontólogo que no tiene campos pero que vino al acto porque "este es un problema político que ya excedió el bolsillo del chacarero", sostiene.
Novara cuenta que Bandera es un pueblito perdido. "Nunca había pasado que la gente participe en asambleas y se movilice. Lo que pasa es que el campo hizo la gran diferencia. Trajo gente, empleo y vida al pueblo", explica. Cree que lo positivo es que los debates y las asambleas al costado de la ruta "nos han permitido identificarnos y reconocernos entre nosotros mismos".
"Es un pensamiento común que va más allá de cualquier ideología", se entusiasma. Novara dice que la gente de Bandera también tiene sus tironeos con el gobierno provincial. "La mayor parte de la renta sale del sur de la provincia y vuelve muy poco. No tenemos agua potable, necesitamos asfalto y las escuelas trabajan en condiciones muy precarias", recuerda.
Alcides Resconi y Martín Svrola cuentan que los últimos seis meses fueron muy duros en Villa Minetti. La sequía y el tenso contexto político jaquearon a las 6.000 personas que viven en este pueblo del norte santafesino.
Svrola es productor ganadero. "La carne ahora no tiene precio. Nos pagan 2,70 el kilo de ternera. Lo mismo que nosotros pagamos un litro de gasoil. Con las exportaciones había pintado lindo, se abrían puertas. Pero después se cerró todo", se lamenta.
Resconi lo está ayudando a sostener una pancarta, y agrega: "Me indignaron las medidas que tomó el Gobierno nacional. Los números hasta ahora daban, pero al aumento de las retenciones hay que sumarle los incrementos de los insumos".
Este productor hace 52 años que vive en Villa Minetti. "Hay que reconocer que en los últimos años, con el aumento de la cotización de los granos, el pueblito cambió muchísimo. Pero ahora tenemos miedo de que todo vuelva para atrás".
Jorge Ferrari siembra y cosecha su soja en los fértiles campos de Monte Buey, en el sur de Córdoba. "Vinimos porque consideramos que es un reclamo justo y democrático. Nuestra zona es una de las que más aporta por retenciones", asegura.
Ferrari dice que las 7.000 personas que viven en su pueblo se plegaron a la protesta del campo. La duda es obvia: ¿En la zona núcleo los números cierran? "Muy ajustados -afirma-. El porcentaje es excesivo y además vuelve muy poco a las zonas productoras. Todo queda en el conourbano bonaerense a cambio de votos", opina.
Ferrari explica que necesitan fondos para modernizar las rutas, arreglar los caminos secundarios y poner en marcha la infraestructura ferroviaria. "La producción se triplicó en treinta años y la infraestructura es más o menos la misma", afirma.
Gustavo Ellena y Gustavo Tione viven en Maciel pero tienen campos en la zona de Clarke. Cuentan que son pequeños productores que necesitan alquilar campos para que el número final de la cosecha alcance para todo el año.
Ellena dice que la ecuación económica esta al límite. El arrendamiento se incrementó por la competencia con los pooles de siembra. A esta situación hay que sumar el incremento en el costo de los insumos y la vuelta de tuerca en las retenciones.
"Uno quiere pelear por lo que es de uno -aclara-. Lo interesante es que estamos todos unidos, lo estamos demostrando hoy -por le domingo-. Deberíamos haberlo hecho antes, las retenciones no deberían haber superado el 35%", afirma.
Tione recuerda que los productores se refugiaron en la soja porque las otras actividades enfrentan un complejo escenario. "Una trata de seguir con la ganadería, un poco por lo que aprendimos de nuestros padres y abuelos. Pero lo que pasa es muy injusto. Nos pagan 3 o 3,50 por cada kilo de carne, cuando la gente lo paga 18 o 20 pesos", concluye.