Flavia Rossi
La suba de los precios de los alimentos es un problema que afecta a todo el mundo. Las agrupaciones de consumidores exigen soluciones inmediatas mientras que algunos gobiernos intentan implementar medidas que reviertan el problema de la escasez en el largo plazo. En medio de tanto conflicto, el problema argentino sigue sin resolverse.
Para abastecer las necesidades de alimentación de la población mundial se necesita una oferta creciente de proteínas animales. Por eso, el mercado de forrajes es tan importante. El maíz ocupa más del 60 por ciento de los granos utilizados para la alimentación animal, seguido por el trigo y la cebada, con el 14 por ciento promedio cada uno, y por el sorgo (cuatro por ciento). Otro producto muy utilizado como forraje es la harina de soja, que se dedica casi íntegramente para ese uso.
Mientras que los balances de los granos están ajustados, la disponibilidad de harina de soja está frenada por el conflicto interno que afecta a Argentina, principal exportador con más del 50 por ciento del comercio y con limitada capacidad por parte de los otros exportadores para cubrir el mercado no abastecido.
Estados Unidos produce 40 % del volumen mundial de maíz y exporta 60 % del total que se comercializa en el mundo. Es el principal exportador, seguido por Argentina (con el 15 % promedio) y de lejos por China y Brasil (5% promedio cada uno). La pérdida de confianza que sufrió nuestro país durante los últimos meses como proveedor de granos ha puesto nerviosos a muchos operadores, lo que acrecentará la demanda sobre el primer exportador del mundo.
Número acotados. La oferta de maíz será reducida este año. En Estados Unidos todavía no terminó la siembra y se anticipa una baja de tres millones de hectáreas. El ritmo de implantación viene muy lento y en algunas zonas se ha tenido que resembrar por daños, ante los excesos de frío y de humedad. En su primera estimación, el Gobierno de ese país estimó una caída anual de 24 millones de toneladas en producción, a la que ubicó en 308 millones de toneladas.
El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (Usda) anticipa que se consumirán unos 25 millones de toneladas adicionales para producir etanol en Estados Unidos, superando por primera vez las 100 millones de toneladas dedicadas a la bioenergía. Para permitir eso se deberán restringir unos 10 millones de toneladas las exportaciones y más de 21 millones de toneladas el consumo forrajero de ese país (llegando a 53 y 135 millones de toneladas respectivamente). En conjunto, la demanda se reduciría en algo más de seis millones de toneladas.
El balance será el más ajustado de los últimos 13 años. Semejante esfuerzo para racionar el consumo no será suficiente para evitar tensar aún más el balance. Los stocks finales caerán casi 16 millones de toneladas respecto al ciclo pasado llevando el ratio de escasez stock/consumo (s/c) de 11 a seis por ciento en el 08/09.
En este verano, los cultivos serán muy vulnerables y los rindes podrán ser más afectados si el clima se complica durante los próximos meses. Si esto sucede, aumentará la volatilidad, subirán los precios internacionales y se acentuará aún más el problema de escasez de alimentos.
Reconociendo este riesgo latente, el Gobierno de Estados Unidos hizo una apuesta muy fuerte: liberar el 70% del área protegida para no afectar la expansión de los biocombustibles. Si se asume el deterioro ecológico que esta decisión tendrá, el martes por la tarde se informó que se liberarán casi 10 millones de hectáreas de sus reservas para ser usadas como pasturas para el ganado bovino. Esta medida permitiría liberar entre 9 y 18 millones de toneladas de forrajes que podrán ser utilizadas para otros usos o para recomponer reservas. Si esas pasturas reemplazasen íntegramente al maíz se volvería al ratio s/c del ciclo pasado, pudiendo sostener al mismo tiempo la apuesta por la energía. Esta noticia logró descongestionar los precios del maíz durante los días siguientes de la medida, aunque la batalla por la escasez no parece estar resuelta.