Región: REG-15
Todo un personaje de la colonia
La herencia musical de los valesanos
Celestino Serafín Biderbost vivió toda su vida en San Jerónimo Norte, Santa Fe. Siempre ligado al campo, evoca con cariño una niñez con carencias pero con afectos, y siempre con mucha música. La misma que hoy lo acompaña en cada jornada de trabajo.

Federico Aguer - [email protected]

Cuenta la historia que San Jerónimo Norte, que hoy festeja sus 150 años de vida, fue poblado por un grupo de colonos provenientes del Cantón de Valais, Suiza, quienes no llegaron a recibir un lote en Esperanza.

Aquel paraje que se inició en cuatro esquinas fue creciendo gracias al esfuerzo de esos gringos, que convirtieron a esta colonia en su lugar en el mundo.

"Fueron seis familias que se embarcaron desde el puerto de Génova (Italia) junto con un hombre soltero, provenientes del Cantón de Valais, Suiza. Llegaron a Buenos Aires en abril de 1858 y luego se trasladaron a Santa Fe. Pero luego sólo cinco familias marcharon en carreta hacia el oeste y ocuparon las esquinas del paraje conocido como Cuatro Montes, origen de la Colonia San Gerónimo. Los jefes de esas familias eran: Bartolomé Blatter, Ignacio Falchini, Pedro Perrig, Ignacio Heimo, y Luis Hug.

"El grupo fundador estaba conformado por 35 personas, todas de los pueblos de Glis, Brig, Ried-Brig y Ausserbin, del Alto Valais. El viaje desde Santa Fe hasta el lugar fijado por Foster, duró 2 días y se hizo en carretas contratadas a tal efecto. Marcharon por el camino de huella que existía hacia el oeste de esa ciudad, el cual conducía a la reducción de San Jerónimo del Sauce, fundada en 1825 por el general Estanislao López y habitada por los indios abipones y mocovíes a cuyo frente se encontraba el mayor Nicolás Denis, aborigen abipón. Así inmediatamente comenzaron la construcción de los ranchos de paja y terrón; bajo la dirección y mano de obra de los indios de Sauce a quienes secundaron diligentemente los recién llegados". (*)

El producto de ese sueño

Después de 150 años de ininterrumpido trabajo, San Jerónimo Norte simboliza hoy el típico pueblo de la colonia santafesina, en donde la huella de aquellos inmigrantes marcaron a fuego a sus habitantes de hoy.

"El Tino", como todos lo conocen, es segunda generación de argentinos, pero en su sangre fluye el espíritu de aquellos que lo precedieron. Nacido y criado en el campo, supo aprender a ordeñar a mano, a entrar al potrero a buscar las vacas con el campo blanco de escarcha y a disfrutar de las delicias de la vida rural de entonces.Pese a las enormes privaciones, su infancia estuvo impregnada por la música. Su padre supo matizarle la infancia con los acordes de polkas y valses suizos en las pausas cotidianas, en donde la "verdulera" alegraba la agobiante rutina.

Hoy, el "Tino" mantiene el legado musical de los valesanos mientras se dedica a lo que más le gusta: la confección de chacinados y salamines que ya son un referente del lugar. Es que el hombre tiene una receta infalible: nutrirse de alimento natural para los animales manteniendo la calidad del producto final.

La vida está plagada de personajes dignos de conocer. Como el "Tino", un valesano al que se le mojan los ojos cuando evoca a sus padres, mientras el viento se lleva por los caminos del campo los acordes de su acordeón.

(*) El Litoral- César Benítez. 20/05/2005.