Nobuo Tanaka es un japonés razonablemente ignorado por estas latitudes, pero por su condición de funcionario del área energética ha dicho algunas cosas que llegaron hasta aquí: "tarde o temprano tendrán que modificar sus políticas", advirtió a los países que -a diferencia del suyo- tienen petróleo y lo subsidian.
El señor Tanaka afronta en rigor un problema con sus amigos norteamericanos, aunque no lo puede decir. George Bush insiste con sus guerras imperiales y la devaluación del dólar, transfiere millones a sus socios armamentistas y petroleros, encarece la energía e inhibe las exportaciones de quienes se quedan con monedas sobrevaluadas, como el yen o el euro.
Claro que en Washington no se preocupan mucho por el déficit (cuentas públicas y balanza comercial) que tanto cuidan en los países del tercer mundo. Después de todo, si los trabajadores norteamericanos se quedan sin trabajo porque en China todo lo hacen más barato, eso no impide que las mismas corporaciones sigan ganando dinero en el mercado global.
Walter Graziano recuerda en "Nadie vio Matrix" que el imperio romano se quedó sin combustible -taló toda Europa- cuando extendió sus fronteras. Los saqueos a las tierras conquistadas se agotaron y sus monedas devaluadas por la aleación con metales ordinarios, fueron la antesala de su colapso histórico.
Cualquier gobierno capaz de producir energía y comida mucho más allá de su propia satisfacción, podría aprovechar semejante oportunidad histórica. A nadie se le ocurriría concebir que en tal circunstancia, un estadista se entretendría combatiendo a los propios, sólo en defensa una soberana personalidad.