Opinión: OPIN-06
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"La historia comienza"

El autor israelí Amos Oz se aplica en "La historia comienza" a estudiar la importancia del inicio de los textos literarios, donde se establece una especie de contrato entre escritor y lector, un pacto, una promesa, un anzuelo, una sentencia filosófica (como la célebre frase inicial de "Anna Karenina", de Tolstoi: "Todas las familias felices se parecen; cada familia infeliz lo es a su propia manera").

"Cierto es que hay diversas estrategias para abordar esta dificultad: hay escritores que nunca empiezan por el principio mismo, sino por un par de escenas fáciles de la parte central del relato, sólo para entrar en calor. (El problema es que hasta una escena fácil de la parte central del relato requiere una frase inicial). Unos, como el Grand de Camus en "La Peste', escriben y reescriben cien veces la primera frase de un libro y nunca pasan de ahí. Otros tiran la toalla Äpodemos imaginarÄ y deciden empezar como se les ocurra", escribe Oz, antes de abocarse a analizar los "contratos iniciales" de diez novelas o relatos: de "Effi Briest", de Theodor Fontane; de "En la flor de la vida", de S. Y. Agnón; de "La nariz", de Gogol; de "Un médico rural", de Kafka; de "El violín de Rothschild", de Chéjov; de "Preliminares", de S. Yizhar; de "La historia", de Elsa Morante; de "El otoño del patriarca", de Gabriel García Márquez; de "Nadie decía nada", de Raymond Carver, y de "Un leopardo particular y muy temible", de Yaakov Shabtai.

La lectura exige al lector Äconcluye OzÄ que "tome parte activa, que tomen parte su propia experiencia vital y su propia inocencia, así como prudencia y astucia. Los contratos iniciales son unas veces como el juego del escondite y otras se parecen más a una partida de ajedrez. O de póquer. O a un crucigrama. O a una travesura. O a una invitación a entrar en un laberinto. O a una invitación a bailar. O a un galanteo de mentira que promete pero no entrega, o entrega lo que no debía, o entrega lo que no había prometido, o entrega sólo una promesa". Publicaron

Siruela y Fondo de Cultura Económica.